Señor
Embajador, Señor Director, Davide Rondoni, amigos todos
Por segunda
vez tengo el agrado de compartir con Ustedes los versos de un poeta
italiano invitado en la Semana de la poesía, este año
los de Davide Rondoni, y tengo el honor de prestar mis palabras para
colaborar a crear ese clima especial que requiere la poesía para
producirse. Para reconectarnos con el evento anterior, a fin de establecer
una continuidad con el de hoy, quisiera recordar lo que Alessandro Ceni
nos enseñó el año pasado. Si bien es cierto que
los versos salen de la pluma del poeta, la voz que a través de
esos versos nos llega no pertenece al mismo. Lo propio del poeta es
abandonar cualquier defensa y obedecer a la voz que a través
de él habla. La que habló por medio de los versos de Alessandro
Ceni el año pasado, nos dijo cosas muy densas sobre nuestras
creencias acerca de la imposibilidad de penetrar la oscuridad. Para
recordar que quienes deambulan en un refugio para indigentes son nuestros
hermanos, nos dijo, tenemos que arrojar luz sobre nosotros y sobre ellos.
Cuando le preguntamos si era que con sus versos quisiese herir nuestras
sensibilidades, nos respondió que su escritura obedecía
a un dictado auténtico, genuino, verdadero. Nos enseñó
que la voz que se sirve de los versos del poeta respeta la libertad
de quien escucha, que puede silenciarla tan solo con proyectar sus tinieblas
sobre su prístino significado. Eso es, si el que participa al
evento poético se mantiene sordo, la voz no le llega, mas si
escucha recibe iluminación.
Esta noche la voz de la poesía se servirá de los versos
de Davide Rondoni: sus ritmos, sus sonoridades y sus evocaciones amplificarán
ese “algo más” que la palabra poética nos
dice con respecto a la palabra común y corriente. Sentir este
“algo más” con el cuerpo, no entenderlo razonando,
es lo que intentaremos hacer. Sentiremos las palabras hechas por el
poeta, sentiremos la voz que las utiliza, sentiremos que estamos compartiendo
todo eso. Compartir poesía es compartir las respuestas a las
preguntas que el individuo nunca supo y pudo hacer. De hecho el individuo,
en cuanto último elemento que queda de la fragmentación
de la familia humana, es el grado extremo de separación. Y quien
está separado ¿a quien pregunta? ¿Y de quien esperará
una respuesta? La poesía disuelve la separación y al recibirla
sentiremos unidad, que es lo que queda cuando se disuelve la separación.
Junto con la voz que se sirve de sus versos, el poeta y nosotros compartiremos
el instante en el cual se nos dará poesía.
Davide Rondoni ve lo cotidiano de un punto de vista cristiano católico
y eso le lleva a percibir de forma casi mística los objetos y
los evento que constituyen lo cotidiano. Aun así no siente haber
todavía alcanzado su sentido profundo. He ahí que hacer
versos es su manera de buscar sentido y parece ser, al mismo tiempo,
una forma de expiación, es decir su manera de poner orden en
sí mismo, de reconocer y aceptar el proyecto inmanente del cual
percibe la existencia. Pero vamos a ver brevemente como estas ideas
se articulan en unos poemas suyos que se pueden encuentran en su página
web.
La voz che nos llega del poema Océano, cocina, por ejemplo, dice
que nadie se salva solo: lo confirman las dudas que asaltan por la noche
a quien vive en un condominio, en cuanto se le aparezcan los rostros
de quienes le recuerdan que no siempre ha sido separado. Y al recordar
eso, uno vuelve a vivir en sus hijos, en sus hermanos, en su familia.
Pero ¿por qué aun así su identidad sigue inconsistente?
Porque todavía tiene el hábito del dolor y del temor,
porque piensa todavía estar sumido por el ego en un oscuro abismo.
Y hasta cuando ya ha comenzado la salida de ese abismo, tiene miedo
a la eternidad que se le ofrece, puesto que todavía cree que
le haga daño lo que en realidad le salvará junto con sus
hermanos. Es decir, la identidad de uno seguirá inconsistente
mientras que el ego consiga hacerle creer que su vida está vinculada
a su cuerpo físico y que se terminará con la enfermedad
y la muerte de éste; seguirá inconsistente mientras que
le sea difícil perdonar, olvidar y disolver los apegos.
A través del poema Conocer el respiro, exactamente la misma voz
nos dice cosas sobre el amor. Quien ama respira junto con el amado,
siendo el aire el alimento del alma. No solamente dice su amor compartiendo
respiración, sino que también conoce y reconoce la unidad
de la que forma parte: respirar junto con otro no es viaje sino contemplación.
Es estar, al mismo tiempo en lugares distintos, en el eterno presente,
que se convierte en oportunidad de renunciar al miedo de perder lo que
nunca se perderá: la vida. Y la naturaleza de la vida se entiende
completamente sólo acercándose a su fuente. Respirar juntos
cura porque ayuda a cambiar nuestra forma de pensar. Mas, como respirar
juntos es también compartir amor, además nos da perdón
y sanación.
Encontramos un bello ejemplo de la percepción mística
de lo cotidiano, a la que he aludido antes, en el poema Cuando la casa
de noche. De noche la casa se convierte en el espejo en el cual se refleja
el rostro cansado de la ciudad, cuyas luces artificiales no consiguen
enmendar sus propias oscuridades que la convierten en algo hostil, incomprensible
y angustiante. Compartiendo espejo con ese rostro urbano uno siente
la necesidad de despertar, es más, de renacer, volver a empezarlo
todo desde el principio. También en el poema La vida en los condominios,
la voz que nos llega estimula a tomar conciencia del precio que pagamos
par vivir en las ciudades deshumanizadas: nos conformamos con la separación.
Y vivir separados en las ciudades deshumanizadas es la forma más
concreta de alejarse del sentido de la vida. Nos damos cuenta de eso
cuando en el edificio los niños han salido, cuando llega el cartero,
cuando en el patio de luces se difunde el olor a sopa y las escaleras
se ven por lo que son: jirones infernales que se tragan los que todavía
no han despertado.
En el poema Hace falta paciencia en el amor la voz nos recuerda que
es fundamental tener en cuenta el saber de las plantas, la memoria de
los cristales, el alma antigua de nuestros niños, que nos enseñan
el amor que se ha ido estratificando en los siglos. Nos recuerda que
el amor, así como los milagros no reconoce grados de dificultad:
se da todo al mismo tiempo. Así como no existe un milagro grande,
pequeño o a medias, amor y milagros son o no son. De hecho el
amor es un milagro. La cotidianidad es una escuela y hasta cuando no
se aprenda la lección que nos imparte, tendremos otra oportunidad
porque será repetida una y otra vez, hasta que hayamos aprendido.
Quien aprende renuncia al miedo hacia el futuro, al dolor que reside
en el pasado, vive el presente sin rencor, descansa y detiene lo que
de otra forma sería el inexorable “morir de las cosas”.
En el poema Encontrar en la casa al regresar de madrugada se nos sugiere
hacia que dirección tiene que desarrollarse nuestra conciencia:
creemos que el tiempo exista de verdad y por eso nos apegamos a él,
sentimos angustia porque pensamos que se nos escapa, nos sentimos náufragos
porque el tiempo parece moverse como si fuera un océano. Pero
basta con aceptar el amor que nuestros hijos nos devuelven, por ejemplo,
para que las orillas de la eternidad se nos hagan al encuentro para
rescatarnos de nuestro naufragio.
A Battista, Batìs es un poema en el cual es el poeta quien escucha
y acepta la voz que llega a través de la obra de arte que es
la vida de otro. Aquí se celebra la espera y la llegada del otro,
que trae como regalo su punto de vista que ayuda en la difícil
tarea de deshacernos del rencor; que nos cura obligándonos a
torcer la mirada hacia la luz y a dejar de fijarnos en la oscuridad.
En Miran mis hijos como un evento son los hijos que juegan el papel
del otro, al obligar su padre a tomar conciencia de que no está
separado. Las preguntas de los hijos arrojan luz sobre lo que un padre
había olvidado saber: que está viviendo en la vida de
sus hijos, máxime cuando, percibido por ellos como un rey, les
brinda humildemente y amorosamente sus servicios.
En Suite por Irene la voz nos propone reflexionar sobre la muerte. La
soledad de quien cree que la vida ya no le concierne es grande y es
abismal el momento en el cual siente que ha llegado la hora de quitarse
del medio y dejar puesto a otro. Pero si alguien piensa y actúa
el suicidio, eso significa que el ego exige una expiación que
ya no es rectificación, sino castigo y sacrificio de la vida.
Entender eso ya de por si deshace el patrón por el cual nos hemos
guiado cuando nos dedicamos a juzgar a los demás y eso significa
que hemos renunciado a la mezquindad en favor de la grandeza.
Lo que hasta ahora he llamado genéricamente la voz de la poesía,
en el poema Blues esta noche del viento adquiere una inconfundible identidad
divina. Es la propia voz de Dios que en este poema se reconoce detrás
de aquella exhortación a abandonar cada creencia en el tiempo.
El cuerpo físico aprendiendo todo lo que pudo de la vida mundana,
ha trasladado exitosamente nuestro cuerpo espiritual hacia las puertas
de la eternidad, en donde Él nos está esperando para ayudarnos
a entrar. El miedo a morir que nos enseñó nuestro ego
se disolvería si sólo pensáramos que la muerte
del cuerpo físico poco tiene que ver con nuestra verdadera vida,
cuyo secreto es seguir sin necesitar de él. Entender eso sería
entender quien abrazará al Padre que desde siempre está
esperando por el momento en el cual su hijo le devuelva el abrazo; sería
entender como con el Padre cooperamos en su tarea creadora con cada
hora de nuestro trabajo. La voz de Dios Padre no viene sola: en el poema
Caminabas en la callejuela con el agua la que escuchamos es la voz de
una divinidad maternal. Su fulgurante visión se da en los destellos
de un cielo desgarrado por los rayos del sol después de una tormenta
y que se reflejan en un charco en el camino. Por ahí la visión
penetra los ojos de quien está dispuesto a celebrar la vida como
simultaneidad de seres vivos y mundos. Algo parecido pasa en el poema
Te veo te veo, donde se percibe la plenitud del poeta al reconocer que
forma parte de un proyecto trascendente y que en el mismo su identidad
está garantizada por la visión límpida de lo que
es la esencia de las cosas: una fuerza que todo lo mueve en nuestras
mentes en forma de amor y que sigue siendo la única alternativa
viable a la tiranía del tempo.
Gracias.
Caracas, 4 de octubre de 2005.