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MODIGLIANI
por Pedro Canache y Katiuska García
Los Primeros Años de Modigliani
Amedeo Clemente Modigliani nació en Livorno, Italia, en la costa
Toscana, el 12 de julio de 1884 como el menor de 4 hijos de una familia
judia. Su madre llamada Eugenia, nacida en la ciudad de Marsella, Francia,
fue quien impulsó a Amedeo a entrar en el mundo de las artes y
fue bajo su dirección que Amedeo recibió una educación
liberal literaria en francés e italiano. Su padre Flaminio había
nacido en Roma. La familia de su padre, antes del nacimiento de Amedeo,
había sido proveedora del Vaticano (a Modigliani le gustaba decir
que habían sido banqueros del Papa, aunque probablemente sólo
eran intermediarios en pequeñas transacciones).
Su abuelo paterno creyó que esa relación con la Iglesia
le serviría de ayuda para violar una antigua ley que establecía
que los judíos tenían prohibida la tenencia de tierras.
Así, queriendo dedicarse a la fabricación de vino, compró
unos terrenos en las afueras de Roma. Pero de nada le sirvió su
relación con el Vaticano: sus posesiones fueron expropiadas. La
familia decidió entonces alejarse. Se instalaron en Livorno, donde
había familiares y pudieron encontrar una tolerancia la cual era
inexistente en Roma.
El padre de Amedeo se dedicó a una profesión muy común
entre los judíos europeos: el préstamo, aunque no tenía
dotes de buen negociante. Prestaba dinero atendiendo más a las
necesidades que a las garantías de sus clientes, y muy pronto debió
recurrir él mismo a otros prestamistas.
Así como Flaminio Modigliani era benevolente con sus clientes,
sus acreedores fueron inflexibles con él, propiciándole
un embargo en el que todos sus bienes fueron secuestrados. Para el momento
en el que la justicia se presentó en la casa de los Modigliani,
Eugenia estaba embarazada de Amedeo. Esta vez, otra vieja ley italiana
sirvió para dar un respiro a la familia: todos los objetos que
estuvieran sobre la cama de una mujer embarazada eran intocables. Flaminio
y Eugenia acumularon en su cama de matrimonio todas las joyas y objetos
de algún valor que aún poseían. Esa pequeña
fortuna les sirvió para instalarse en una casa más modesta
y tratar de comenzar una nueva vida.
Con el objetivo de dedicarse a la minería, Flaminio se alejó
de Livorno. Eugenia abrió una escuela de lenguas para señoritas,
a la vez que se dedicaba a escribir cuentos y artículos literarios
para algunos periódicos. Además de ésto, criaba a
sus cuatro hijos.
Desde pequeño, Amedeo tuvo una salud delicada, contrayendo enfermedades
respiratorias, tifoidea, tuberculosis. Además, el estilo de vida
del artista ayudaría a su muerte a la temprana edad de 35 años,
debido al consumo en exceso de bebidas alcohólicas y drogas.
En 1898, a la edad de 14 años, Amedeo (Dedo, como lo llamaban en
su familia) entra en la Academia de Artes de Livorno bajo la tutela de
Guglielmo Micheli, un pupilo de Giovanni Fattori. Amedeo fue educado en
la tradición del Impresionismo de Macchiaioli (paisajes, retratos,
naturaleza muerta y estudio de desnudos), un grupo de pintores toscanos
que anticipan algunos aspectos del impresionismo y el nombre se genera
a partir de los ataques de algunos críticos que decían que
pintaban con manchas (macchie, en italiano). En esta Academia estudia
a Charles Baudelaire, Lautremont, Oscar Wilde, Henri Bergson, Gabriela
D’Annunzio y otros.
Poco después de comenzar sus estudios de pintura, Modigliani enfermó
de fiebre tifoidea y luego de varias semanas próximo a la muerte,
pasó casi un mes con episodios alucinatorios y delirantes. Con
dificultad se recuperó, aunque su salud quedó debilitada
para siempre. Dos años después, los médicos diagnosticaron
tuberculosis, la enfermedad que lo mataría.
Amedeo creció en un ambiente donde la filosofía, la literatura
y la política eran los temas de discusión diaria. Isaac
Garsin, su abuelo materno, fue su mejor amigo de la infancia y la adolescencia.
Hombre de una gran cultura clásica, orgulloso de su origen judío,
inculcó en Amedeo el amor por la filosofía y el gusto por
las tradiciones judías. Amedeo admiró a Nietzsche, aprendió
de memoria largos fragmentos de Dante, reverenció a Shelley (que
había vivido en Livorno) y se convirtió en un fanático
de Baudelaire. Más tarde, ya radicado en París, descubriría
otros dos poetas: François Villon (el primero de los malditos)
y el montevideano Lautréamont, cuyo único libro, Los cantos
de Maldoror, se convertiría en su obra predilecta, que llevó
en el bolsillo hasta el día de su muerte. Su tía Laura le
dió a conocer la obra del anarquista Kropotkin
Un académico estadounidense había contratado a Eugenia para
que escribiera ensayos sobre literatura italiana, que luego él
firmaba y publicaba (lo que le permitió hacerse un buen nombre
como erudito en su país). Su hermano mayor, Emmanuele, un abogado
y militante socialista, fue encarcelado por motivos políticos.
Los Modigliani siempre sufrieron persecuciones: los abuelos por judíos,
los padres por deudas, los hijos por socialistas. En medio de este ambiente
agitado por las circunstancias, Amedeo definió sus objetivos y
sus enemigos ideológicos (los burgueses) desde muy joven.
En 1898 le escribió a su amigo, el pintor Oscar Ghiglia: "Quisiera
que mi vida sea un torrente fértil que recorra la tierra con alegría.
Soy rico, estoy lleno de ideas, y sólo necesito trabajar. [...]
Un burgués me dijo, hoy (con la intención de insultarme)
que mi cerebro estaba siendo desperdiciado. Me hizo mucho bien. Todos
deberíamos recibir un recordatorio como ese cada día."
El 7 de mayo de 1902 se inscribe en la “Scuola Libera di Nudo”
en Florencia bajo la tutela de Giovanni Fattori.
En 1903,
Modigliani se convierte en estudiante del “Reale Istituto di Belle
Art di Venezia”, donde observa el arte del Simbolismo, el Impresionismo
Francés, trabajos del escultor Augusto Rodin y reproducciones del
trabajo de Henri de Toulose-Lautrec lo cual lo anima a dejar Venecia y
partir a Paris.
Otros piensan que su recorrido por Florencia, Roma, y una estadía
relativamente prolongada en Venecia (donde inicia el consumo de haschish
y prácticas de ocultismo en salidas festivas con muchachas protegidas
por un cierto Barón Croccolo) lo convencieron de que los burgueses
dominaban la cultura italiana, por lo cual había que irse al centro
del mundo: París.
Su vida en París
En 1906, a la edad de 22 años, llega a Paris y se instala en Montmartre.
Su círculo de allegados incluye a Paul Alexander, Pablo Picasso,
Guillaume Apollinaire, Andre Derain y Diego Rivera. Justo después
de su llegada se inscribe en la Academia Colarossi donde estudia a Dante,
Lautremont y trabajos literarios de fin de siglo. Modigliani escribió
algunos poemas, de los cuales 4 están extintos.
Tal vez por el ambiente antisemita de aquel París, Modigliani desarrolló
una actitud agresiva cada vez que se insinuaba una crítica a algún
judío. Muchas de sus peleas en los cafés (y pese a su corta
estatura, fue temido protagonista de famosas trifulcas) tuvieron origen
en la defensa de su origen judío.
Llegó a París con algo de dinero, que gastó en muy
poco tiempo. Poco previsor, se instaló en un hotel bastante caro,
y comenzó a frecuentar los cafés, donde rápidamente
se hizo conocer entre los artistas. En esos años, Montmartre comenzaba
a resultar caro, debido en parte a la fascinación que su leyenda
ejercía entre los adinerados turistas americanos, pero aún
albergaba a la principal comunidad artística parisina. Cuando se
le terminó el dinero, Amedeo alquiló un estudio destartalado
en la zona baja de la colina, y se dedicó a la escultura y al estudio
de pintura y dibujo en la academia Colarossi, un instituto muy famoso
al que concurrían centenares de estudiantes.
Algunos relatos
aislados dan una idea de la impresión que rápidamente causó
el joven italiano. Picasso dijo una vez: "Hay un solo tipo en París
que sabe vestirse: Modigliani". Un espectacular traje de pana ocre
brillante, camisa amarilla, faja y bufanda rojas, y un sombrero negro
de ala ancha, todo esto usado por un joven de una belleza sobrenatural,
que se movía con gracia aristocrática, que hablaba el francés
sin acento y recitaba de memoria largos pasajes de La divina comedia,
hacían que su presencia se notara de inmediato cuando aparecía
en la puerta de un café o en una sesión de estudio en la
Academia Colarossi.
Modigliani
(conocido entre sus allegados como Modi) se convierte en miembro de la
Sociedad de Artistas Independientes en 1907 y exhibe pinturas en el estudio
de su amigo escultor Amedeo de Souza Cardoso. En el Salon de Otoño
del mismo año fue representado con 6 pinturas entre las cuales
figuraba, Retrato de L.M. En esta misma exposición se presentaba
una retrospectiva de Paul Cezanne, quien había muerto en 1906 y
de cuyo trabajo Modigliani quedó impresionado. En esta etapa su
mayor preocupación son los retratos y los desnudos.
Aunque el
artista italiano se convierte pronto en un personaje característico
de la bohemia artística de la ciudad, siempre se mantendrá
al margen de cualquier movimiento más o menos organizado. En 1907
conoce al que será su primer mentor en París, Paul Alexandre,
médico que había creado una suerte de refugio de gran número
de artistas en un edificio ocupado de la calle Delta. Persuadido por éste,
Modigliani presenta en el Salón de los Independientes del año
1908 seis obras en las que se distingue la huella de Cezanne, la de Toulouse-Lautrec,
Gauguin y el Picasso de la época azul, las cuales marcarán
la obra de Modigliani hasta el final de la primera década del siglo.
En esta exposición Modigliani muestra las pinturas “The Jewess”
y “El Idolo”, dos mujeres desnudas, un boceto y un dibujo.
En 1909 Modigliani viaja a Livorno y regresa a Paris, quedándose
en Montparnasse y trabajando en la urbanización de artistas de
la “Cité Falguiere”. Luego de Paul Alexandre, otro
personaje fundamental en la carrera de Modigliani es el escultor rumano
Constantin Brancusi, vecino suyo en la Cité Falguiere. Animado
por Brancusi, Modigliani, que nunca había renunciado a su vocación
de escultor, decide en 1909 consagrarse a esta actividad. Las obras de
este período, que se prolonga hasta 1914, están realizadas
en talla directa y son fruto de un proceso de estilización que
le debe mucho al arte negro, pero también a las estatuarias egipcias
y griega arcaica.
En el verano
de 1912, Modigliani realiza su último viaje a Italia impulsado
por sus amigos, quienes realizan una colecta para ayudar a pagar su viaje,
con la esperanza de que en el entorno familiar moderara sus hábitos
ante el deplorable aspecto que el pintor ofrecía. En Livorno encuentra
un taller y reanuda la escultura. Según una leyenda (sólo
documentada en parte), las críticas de sus amigos livorneses harán
que, en un ataque de despecho, el artista arroje sus esculturas al Canal
de los Holandeses de la ciudad toscana, desapareciendo para siempre. Esta
decepción, unida al alto costo de los materiales y la dificultad
de conseguirlos debido al inicio de la Primera Guerra Mundial, la necesidad
de disponer de un taller adecuado para la talla de la piedra y los problemas
de salud que el polvo ocasionaba a sus débiles pulmones, forzarán
a Modigliani a abandonar esta disciplina. Sin embargo el intenso ejercicio
de síntesis que caracteriza a esta etapa dejaría una huella
profunda en su producción posterior.
A partir
de 1914, Modigliani, que cuando estalla la guerra intenta alistarse, pero
su mala salud se lo impide, retorna con nuevo ímpetu a la pintura.
En sus primeros trabajos el color era aplicado de forma suave entrecortada,
volviéndose un evocador del Puntillismo. Esta técnica fue
seguida por el estilo angular influenciado por el Futurismo y el Cubismo
y prestando atención a la tradición de esculturas primitivas.
El tema de casi todos sus trabajos fue el retrato. Modigliani usaba como
modelos a amigos, conocidos y personas que el conocía en cafés.
Además de pinturas de óleo, Modigliani también se
concentraba en dibujos. De hecho, el artista vendía sus dibujos
en bares y cafés y de esta forma pagaba sus comidas.
Había
un ambiente bastante peculiar. Hay un episodio de la guerra que pinta
elocuentemente esa cualidad surreal de la vida en París. Para el
contraataque del Marne, el general Gallieni, comandante de la región
de París, disponía de tropas, pero no de transporte. Tuvo
una idea: contrató a los 600 taxis de París para llevar
a los soldados a la batalla. Ese tipo de gestos era muy del gusto de Modigliani.
El entorno
de Modigliani
En aquella
época existían dos grupos en pugna en la comunidad de los
artistas: la banda de Picasso y los seguidores de Matisse. Muy pocos quedaban
fuera de la influencia de estas dos personalidades fuertes y acaparadoras.
Hubo tres artistas que compartieron el rechazo a las comanditas, la marginalidad
y una vida trágica: Maurice Utrillo, Chaim Soutine y Amedeo Modigliani.
Los tres fueron grandes amigos, pese a las enormes diferencias de personalidad,
ideas artísticas y formación. Fueron ellos tres los llamados
malditos, pero Amedeo recibió el título, porque el apócope
de su apellido lo hacía fácil: Modigliani, maudit, maldito.
Amedeo Modigliani
era muy sociable. Su rechazo a la banda de Picasso, que finalmente derrotó
a los partidarios de Matisse (el fauve, la fiera en francés, terminó
frecuentando el bateau-lavoir, un antiguo y destartalado lavadero que
era el taller de Picasso), no le impidió recibir el respeto del
español, del que sin embargo, nunca sería íntimo.
Entre sus compañeros frecuentes en cafés, talleres y fiestas
se encuentran:
1. Los escultores
Lipschitz, Epstein, Archipenko y Brancusi;
2. Los pintores Kisling, Ortiz de Zárate, Vlaminck, Van Dongen,
Utrillo y su madre Suzanne Valladon;
3. Los escritores Salmon, Jacob, Cocteau, Cendrars y Ehrenburg.
De la mayoría
de ellos Modigliani realizó retratos, algunas de las más
bellas pinturas del siglo XX.
Amedeo era
considerado un marginal aunque se relacionaba cordialmente con casi todos
los miembros de la colonia internacional de artistas establecida en París.
Era la época en que los manifiestos comenzaban a circular. El primero
de todos, producido por los futuristas italianos, le fue ofrecido para
que estampara su firma, lo que pone en evidencia que los promotores de
algunos movimientos de vanguardia no se preocupaban tanto por las ideas
de los firmantes, sino por la abundancia de firmas. De otra forma no se
explica que los futuristas hicieran el pedido a un artista como Modigliani,
que insistía mucho más en el intento de recuperar una línea
de expresión que venía desapareciendo, que en una ruptura
absoluta. Modigliani no se suscribió a nada, y sin embargo fue
probablemente uno de los artistas más revolucionarios de su siglo.
Un ejemplo
de su sensibilidad descolocada en su tiempo, adelantando los años
que vendrían, es su devoción por Los cantos de Maldoror,
que sólo sería "descubierto" por la crítica
y los surrealistas dos décadas después que Modigliani.
En 1916 Modigliani conoció a Leopoldo Zborowski quien remplaza
a Paul Guillaume como su negociador de arte. Zborowski encontró
un estudio para Modigliani y contribuyó para su manutención
diaria. En los siguientes años, Modigliani hizo varios retratos
de él y su esposa.
La última compañera de Modigliani fue Jeanne Hébuterne,
nacida en París el 6 de abril de 1898. En 1917, cuando era estudiante
de pintura en la academia Colarossi, Jeanne conoció a Amedeo. Se
conservan unos pocos trabajos suyos: dibujos a lápiz, de líneas
fluidas, uno de ellos un retrato de Modigliani, y una pintura que representa
el patio de la casa de apartamentos donde vivieron el último año
de sus vidas.
Algunas de las características que se conocen de Jeanne es que
casi no hablaba y nadie la vio reir. Las tres fotos que se conservan de
ella dan la impresión de que no se trataba de una belleza. Hija
de una familia de pequeños burgueses, su relación con Modigliani
produjo una ruptura violenta con su padre, aunque su madre llegó
a convivir varios meses con la pareja, en su estadía en Cagnes.
El 29 de noviembre de 1918, Jeanne dio a luz una hija de Amedeo en Niza.
Su hija Jeanne fue entregada a una institución para asegurarle
unos cuidados que la pareja no podía ofrecerle, aunque no fue dada
en adopción. A mediados de 1919, Jeanne Hébuterne quedó
embarazada de nuevo.
A finales de 1917, la Galeria Berthe Weill en Paris presenta la primera
exhibición individual de Modigliani, para la cual Zborowski preparó
algunas treinta pinturas y dibujos. La exhibición de desnudos causó
una protesta pública, por lo cual fue cerrada por la policía
poco después de su apertura y fue un fracaso financiero.
La tuberculosis
avanzada de Modigliani y la agitada atmósfera parisina durante
la guerra, forzaron a Modigliani a mudarse a la Costa Azul cerca de Niza
y Cannes en 1918. En el sur de Francia los trabajos de Modigliani se tornan
más luminosos y sus figuras obtienen caras más largas y
cuellos más finos. Modigliani abandona el hasta ahora aceptado
canon de pintar sólo retratos de medio cuerpo a favor de tres cuartos
de longitud y retratos de tamaño natural de niños y adolescentes
del área local. En diciembre Paul Guillaume organiza otra exhibición
con el trabajo de Modigliani en el Faubourg Saint Honoré en Paris.
En 1919
se realiza una exhibición llamada Arte Moderno Francés en
la Galería Mansard en Heale, en la cual participa Modigliani. También
se presentan 10 trabajos del artista en la Galería Hill de Londres
y otras en el Salón de Otoño en Paris.
La enfermedad que Modigliani arrastraba desde la adolescencia se agravó
durante 1919, y para el invierno la situación era insostenible.
Incapaz de recorrer los cafés para realizar retratos, las entradas
de la pareja se reducían a los adelantos que el agente de Modigliani,
el poeta polaco Leopold Zborowski, dificultosamente podía darles.
El 22 de enero de 1920, Ortiz de Zárate, el pintor chileno que
fue su primer amigo en París, llevó a Modigliani al hospital,
inconsciente, con la ayuda de Moïse Kisling y Zborowski. Lunia Czechowska,
una amiga secretamente enamorada de Modigliani, se encargó de Jeanne,
cuyo embarazo había pasado ya el noveno mes. Sin haber recuperado
la conciencia, Amedeo murió a las 20:50 horas del sábado
24 de enero.
Jeanne fue llevada al hospital para ver por última vez a su esposo.
En algún momento de la madrugada de ese mismo día Jeanne
fue llevada a la casa de sus padres. A las cuatro de la mañana
del domingo, mientras sus padres y su hermano André discutían
en otra habitación acerca del futuro de la muchacha y sus dos hijos
ilegítimos, Jeanne abrió la ventana de su antiguo dormitorio
y se arrojó a la calle.
El 27 de
enero, mientras toda la comunidad de artistas formaba un impresionante
cortejo fúnebre por las calles de París, acompañando
el cuerpo de Modigliani al cementerio del Père Lachaise, los padres
de Jeanne llevaron su cadáver en secreto al cementerio de Bagneux.
En 1930, luego de diez años de súplicas, Emannuele Modigliani,
el hermano mayor del pintor, convenció a los ofuscados Hébuterne
para que permitieran el traslado de los restos de Jeanne a una tumba junto
a la de Amedeo.
La leyenda de Modigliani
Las primeras
noticias de una enfermedad final que aquejaba a Modigliani produjeron
un alza en los precios de sus cuadros, cosa que casi pudo disfrutar el
artista, ya que vendió tres cuadros en una exposición en
Londres, pocos meses antes de morir. Los rumores eran tan difundidos que
el propio Modigliani llegó a escuchar noticias de su muerte. Cuando
finalmente murió, pocos meses después de la exposición,
los galeristas, que no le habían dado espacio en vida, se encontraron
con un paquete muy atractivo: un personaje mítico, bohemio y por
el que lloraban las más bellas mujeres de París, con una
obra relativamente reducida.
Modigliani sin leyenda, título de la biografía que Jeanne
Modigliani escribió de su padre, probablemente no hubiese sido
bien vendida; quizá habría pasado a la historia como otro
Kisling, otro Ortiz, otro cualquiera de los muy personales artistas de
aquellos años. Modigliani estaba solo. Creía que la calidad
de su obra bastaría para producir el éxito. Estaba equivocado:
era necesario afiliarse a un movimiento o morir.
Muchos de sus contemporáneos lo describieron como un borracho,
dependiente del haschish, camorrista y exhibicionista, y numerosos testimonios
hablan de su permanente estado de enajenación. Si dejó pocas
obras, no fue porque pintara poco, sino porque su carrera artística
duró sólo una década. Su enfermedad pulmonar lo obligó
a alejarse del trabajo en muchas ocasiones. Si a eso agregáramos
un estado permanente de borrachera, como pretenden algunos, resultaría
inexplicable su tasa de producción, la calidad y firme evolución
de su obra.
Tal vez la mala fama proviene de su personalidad anárquica. Su
marginalidad era menos peligrosa para algunos movimientos de su época
si obedecía a una debilidad de carácter, que si se debía
a una profunda convicción sobre el rol del artista. Para el espíritu
conspirativo de los movimientos de entonces, nada era más amenazante
que un individuo genial e ingobernable, que además no tenía
aspiraciones de liderazgo.
La obra de Modigliani le servía al sistema de producción
y comercialización artística si se trataba del producto
de la enfermedad y la droga: esa visión tiene la ventaja de aceptar
su valor y a la vez lo coloca como indeseable. Su negativa a la ruptura
con la tradición y a la organización de grupos de asalto
artístico iba en contra del espíritu de la época.
Modigliani fue un rebelde tanto para los burgueses como para los vanguardistas.
Las mujeres
en la vida de Modigliani
Desde su
adolescencia, Modigliani fue literalmente adorado por las mujeres. Todos
quienes lo conocieron, cuando hablaban del pintor, comienzan por referirse
a su extraordinaria belleza. Durante sus primeros años en París,
Modigliani intentaba convertirse en escultor, y trabajaba muy poco con
modelos. Sus amantes eran dependientas de lavanderías, modelos
de la Academia Colarossi, artistas y poetas que conocía en los
cafés y en las reuniones que se realizaban en los talleres de sus
amigos. Cuando definió su carrera como pintor, su tema fue siempre
y solamente el retrato. Pintó, en toda su vida, sólo cuatro
cuadros cuyo tema no es el cuerpo humano: un paisaje de Toscana, en su
época de estudiante en Italia, dos paisajes del sur de Francia,
cuando durante la guerra vivió dos años en Cagnes-sur-Mer,
donde le resultaba difícil encontrar modelos y una naturaleza muerta
en un cuadro a dos manos con su amigo Moïse Kisling.
Algunas artistas
se dedicaban a posar por dinero, para pagar sus estudios de pintura o
simplemente para comprar los materiales imprescindibles para pintar. Tal
es el caso de Suzanne Valladon, la madre de Maurice Utrillo, que había
sido modelo de Renoir y en la época de Modigliani ya era una pintora
reconocida. Modigliani retrató a muchas modelos profesionales,
con quienes seguramente tuvo relaciones íntimas, pero también
fue solicitado por mujeres fascinadas por el ambiente artístico
parisino, compradoras de arte o acompañantes de coleccionistas.
Amedeo tuvo
unos cuantos problemas con maridos celosos. Su aventura con Gaby, una
famosa modelo no muy joven pero extraordinariamente hermosa, tuvo su conclusión
en un episodio relatado por Douglas Goldring en su libro Artist Quarter.
El amante de Gaby, un hombre adinerado que mantenía a la mujer
más que nada como un imprescindible rasgo chic, tuvo un encuentro
con Modigliani, a través de un amigo común. La relación
de Gaby con el pintor se había hecho demasiado conocida en la ciudad,
y el hombre, que toleraba algunos caprichos de su amante, deseaba al menos
cierta discreción.
Pero la entrevista
fue una muestra de la capacidad de seducción de Modigliani. Los
reclamos del hombre terminaron disueltos en un brindis de ambos por la
belleza de Gaby, y su amistad sellada luego de una noche de vino, haschish
e incluso la venta de uno de los desnudos que Modigliani había
hecho de la mujer que compartían.
Entre algunas
de las mujeres cuyos nombres quedaron asociados al de Modigliani se encuentran
la actriz Elvira, la modelo negra Aicha, la poeta rusa Anna Akhmatova,
la periodista inglesa Beatrice Hastings y la artista canadiense Simone
Thiroux. Muchas otras se autoproclamaron viudas cuando el pintor murió.
La valoración
de la obra de Modigliani
Existe una
especie de incapacidad crítica para evaluar el trabajo de los artistas
que no funcionan dentro de una corriente clara y explícitamente
definida. Hay una notable escasez de trabajos críticos acerca de
Modigliani. Esa falla del sistema evaluatorio de los mediadores limita
la posibilidad de recepción de una gran cantidad de obras de arte
por parte del público no especializado.
Entre las
pocas críticas que existen del artista se encuentran:
1. Durante la vida del pintor, sólo se publicó una nota
crítica sobre su obra. La firmó Francis Carco, y apareció
en el Éventail de Ginebra ("Modigliani",15 de julio de
1919), luego de una exposición colectiva en la Galería Dada
de Zurich donde Modigliani fue invitado a participar.
2. André Salmon había escrito una nota antes de la muerte
del pintor, que se publicó, con casi nula difusión, en un
número de 1920 de Art Vivant.
3. Hasta la publicación, en 1926, de Modigliani, sa vie et son
oeuvre, una monografía de Salmon basada en la nota del punto anterior,
sólo es posible encontrar un artículo sobre el pintor: una
horrible diatriba de Francesco Sapori (Arte mondiale alla XIII Esposizione
a Venezia, Bérgamo, 1922), a partir de la participación
de doce obras de Modigliani en la Bienal de Venecia de 1922.
4. La leyenda de Modigliani se disparó con la monografía
de Salmon; pero la buena opinión de la crítica, que comienza
a formarse en esos años, se debe a trabajos de Fry, Einstein, Warnold,
Reynal y Carco, publicados todos a partir de 1926.
5. Salmon escribió una novela (La vie passionée de Modigliani,
1957) que contribuyó a difundir una idea fantasiosa del artista.
6. En 1958, Jeanne Modigliani publicó su Modigliani senza leggenda,
un intento de despojar la imagen de su padre del aura romántica
que lo endiosaba a la vez que estigmatizaba.
7. Lionello Venturi, el gran crítico italiano, contribuyó
(en medio de una disputa famosa con un erudito fascista) a cambiar la
visión que los italianos tenían del pintor emigrado, a partir
de la difusión de artículos en su revista Arte a partir
de 1930.
8. Más recientemente, desde una posición privilegiada, el
francés Christian Parisot (que dirige los Archives Modigliani,
institución radicada en París que reúne toda la documentación
familiar del pintor e intenta la realización de un catálogo
riguroso de su producción) ha publicado algunos artículos
de interés.
Pero la obra
de Modigliani es un reto para la crítica. Como no pertenece a ninguna
escuela, los trabajos basados en el concepto sociológico e histórico
de estilo (iniciado por Wölfflin y elogiado por Hauser) no se detienen
en ella. Las enciclopedias de arte moderno no hacen más que colocarle
a Modigliani la etiqueta de "pintor de la escuela de París".
Sin embargo, más allá de las dificultades para expresar
los motivos, hay unanimidad en otorgarle un enorme valor. Modigliani levanta
con su obra, una especie de encantamiento que ha dejado mudos a los especialistas.
No hay mediación posible; no hay posibilidad de valoración
erudita; sólo cabe el contacto directo con su arte.
Se puede
decir que Amedeo Modigliani no fue un maestro ya que no dejó discípulos
y su obra no tuvo continuadores, tal vez porque es demasiado personal
y única. En una época en que los artistas producían
abundantes declaraciones de principios, manifiestos, definiciones absolutas,
y formaban grupos desafiantes y aguerridos, Modigliani pintó y
esculpió fuera de cualquier programa. En medio de la resaca de
la producción de aquellos años, su obra emerge con una pureza
y una fuerza que el tiempo no hace sino resaltar con brillo cada vez más
nítido.
REFERENCIAS
• http://www.whoismodi.com/html/exhibition/port2.html
• http://www.sau.org.uy/teatro/amedeopicasso.htm
• http://www.mystudios.com/art/modern/modigliani/modigliani-landscape-tuscany.html
• http://www.abcgallery.com/M/modigliani/modigliani34.html
• http://www.mystudios.com/gallery/modigliani/gallery_wall.html
• http://www.artchive.com/artchive/M/modigliani.html
• http://www.ocaiw.com/catalog/index.php?lang=en&catalog=pitt&author=544&page=1
• http://www.mcs.csuhayward.edu/~malek/Modigliani.html
• http://en.wikipedia.org/wiki/Amedeo_Modigliani
• http://www.modigliani-amedeo.com/Artist1ENG.htm
• http://www.dozenlilacs.com/modigliani.htm
• http://www.masterliness.com/a/Amedeo.Modigliani.htm
• http://www.absoluteastronomy.com/encyclopedia/A/Am/Amedeo_Modigliani.htm
• http://www.artcyclopedia.com/artists/modigliani_amedeo.html
• Anesa, Noguer, Rizzoli, “Maestros de la Pintura, Modigliani”,
Editorial Noguer S.A., Nro.64 (1973).
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