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Pier Paolo Pasolini
por
Mary E. Agoglitta B.

Pier Paolo Pasolini, es una de las figuras públicas más destacadas de Italia en las décadas de 1960-1970, y es más reconocido por su actividad cinematográfica (aunque también era escritor). Este enigmático personaje, es de esas personas cuya vida y obra no pueden entenderse por separadas, y por ende, en el presente trabajo pretendo comentarles los aspectos más trascendentales de la vida de este afamado director cinematográfico, a la vez de enfatizar su carácter, y señalar las obras que realizara en vida.
Mi motivación en la selección de este personaje para la presentación final, se basó en el hecho de la controversial y escandalosa vida del mismo, quien ante una vida signada por la tragedia, tuvo la habilidad para triunfar (con un toque de desafío y trágica rebeldía), permaneciendo así a lo largo del tiempo como: "un espectáculo destinado a durar"; con una muerte tan espectacular como lo fue su vida.

SU VIDA

Pier Paolo Pasolini nace en Bolonia el 5 de marzo de 1922. Es el primogénito de Carlo Alberto Pasolini, teniente de infantería, y de Susanna Colussi, maestra de educación básica, con quien su padre -heredero de una antigua familia de Rávena cuyo patrimonio ha malgastado- se casa en diciembre de 1921 en Casarsa, para luego trasladarse a Bolonia.
"He nacido en una familia típicamente representativa de la sociedad italiana, un auténtico producto del cruce… Un producto de la Unidad de Italia. Mi padre procedía de una antigua familia noble de la Romagna; mi madre, en cambio, viene de una familia de campesinos friulanos que con el tiempo, poquito a poco, han subido a la categoría pequeño burguesa. Por parte de mi abuelo paterno eran del ramo de la destilería. La madre de mi madre era piamontesa, lo cual no le impidió en absoluto tener lazos con Sicilia y con la región de Roma"
Durante su infancia y adolescencia vivieron en distintas ciudades de la Italia del norte, siguiendo los continuos traslados de su padre (permanecen poco tiempo en Bolonia, luego se mudan a Parma, a Conegliano, a Belluno, a Sacile, Adria, a Cremona, otra vez a Bolonia, y otras ciudades). "Me han convertido en un nómada. Pasaba de un campamento a otro, no tenía un hogar estable". Dados los frecuentes desplazamientos, el único punto de referencia de la familia Pasolini es Casarsa. Pier Paolo vive una relación simbiótica con su madre, al tiempo que se acentúan los contrastes con su padre.

Aunque su infancia fue feliz, estuvo siempre marcada por las desavenencias de sus padres. En sus diarios de adolescente, Los cuadernos rojos, escribe: "Mi padre estaba locamente enamorado de mi madre, pero de un modo equivocado. Bebía y se volvía agresivo".

Sin embargo, Pasolini pudo encontrar una buena afinidad con su madre, de la cual se refería en la siguiente manera: "Me contaba historias, cuentos, me los leía. Mi madre era como Sócrates para mí. Tenía, y tiene, una visión del mundo sin duda idealista e idealizada. Ella cree de verdad en el heroísmo, en la caridad, en la piedad, en la generosidad".

En 1925 nace, en Belluno, el segundogénito, Guido. Dados los frecuentes desplazamientos, el único punto de referencia de la familia Pasolini es Casarsa. Con su hermano Guido vive una relación de amistad, y aquél le venera, ya que Pier Paolo es muy bueno tanto en los estudios como en los juegos con los otros muchachos. Tal admiración seguirá viva en Guido hasta el día de su muerte.
Los primeros años de escuela tienen lugar entre innumerables traslados, los cuales, sin embargo, no perjudican el rendimiento escolar de Pier Paolo. Éste comienza la escuela con un año de antelación. En 1928 tiene lugar su debut poético, anotando en un cuadernito una serie de poemas acompañados de dibujos. Dicho cuaderno, al que le siguieron otros, se pierde durante la guerra.
Consigue el aprobado para pasar de la escuela básica a la siguiente fase, que tiene lugar en Conegliano. Es de aquellos años el pasaje, conocido como Teta veleta, que más tarde Pasolini explicará de la siguiente manera:
"Sucedió en Belluno, yo tenía poco más de tres años. Lo que más me chocaba de los chicos que jugaban en los jardines públicos en frente de mi casa, eran sus piernas, sobre todo la parte convexa del interior de las rodillas, donde al doblarse en la carrera los nervios se tensan en un gesto elegante y violento. En aquellos nervios yo veía un símbolo de la vida que aún debía alcanzar; en aquel gesto de jovencito corriendo representaban para mí el ser mayor. Ahora sé que se trataba de un agudo sentimiento sexual. Si lo recuerdo siento perfectamente, en mis vísceras, la ternura, la ansiedad y la violencia del deseo. Era el sentido de lo inalcanzable, de lo carnal -un sentido para el que aún no ha sido inventado un nombre-. Yo lo inventé entonces y fue "teta veleta". Al ver aquellas piernas dobladas en la furia del juego me dije a mí mismo que sentía "teta veleta", algo parecido a un cosquilleo, una seducción, una humillación".
El propio Pasolini precisa: "Mi infancia se acaba a los 13 años. Como todos: 13 años es la vejez de la infancia, por tanto un momento de gran sabiduría. Era un momento feliz de mi vida. En el colegio había sido el mejor. Empezaba el verano del 34. Se terminaba una época de mi vida, concluía una experiencia y yo ya estaba listo para comenzar otra. Esos días precedentes al verano del 34 fueron los más bellos y gloriosos de mi vida".

Pier Paolo termina los estudios de bachillerato superior con 17 años y se matricula en la facultad de Letras de la Universidad de Bolonia. Durante los años de bachillerato superior funda -junto con Luciano Serra, Franco Farolfi, Ermes Parini (de quien Guido Pasolini tomará el nombre durante su militancia entre los partisanos de la Osoppo) y Fabio Mauri- un grupo literario para la critica de poesías. Colabora con el periódico del GIL de Bolonia "Il Setaccio". En este periodo Pasolini escribe, en friulano y en italiano, los poemas de su primer volumen, Poesie a Casarsa.

"El fascismo no toleraba los dialectos, signos / de la irracional unidad de este país en el que he nacido / inadmisibles y descaradas realidades en el corazón de los nacionalistas / (…)"

El uso del dialecto representa también un intento de privar a la Iglesia de su hegemonía cultural sobre las masas subdesarrolladas. Así, mientras que la izquierda prefiere el uso del italiano (que, exceptuando algunos esporádicos casos del jacobinismo, era una prerrogativa clerical), Pasolini intenta justamente llevar a la izquierda a una profundización de la cultura a través del dialecto.

Así pues, a los 22 años, luego de haber publicado su primer libro de poesías, y de haber finalizado la guerra, Pier Paolo Pasolini se ha convertido en un personaje público, querido y respetado.

Durante los años de universidad, el regreso a Casarsa representa para Pasolini el regreso a un lugar feliz.
La segunda Guerra Mundial representa para Pasolini un periodo extremadamente difícil. Su estado de ánimo se intuye por el tono de sus cartas: "En cuanto a mi salud, no está mal, es más, bien. También en cuanto a moral, cuando todo está tranquilo, o sea raramente. Por lo demás, mucho miedo. Miedo de perder la vida, ¿entiendes, Rico? Y no sólo la mía, sino la de los demás. Estamos todos tan expuestos al destino, pobres hombres desnudos"
"No sé si volveremos a vernos, todo huele a muerte, a final, a fusilamiento… Todo huele a disparos, todo da náuseas si uno piensa que sobre esta tierra cagan esos tipos. Quisiera escupir sobre la tierra, esta tonta, que sigue echando hierbitas verdes y flores amarillas y celestes, y brotes en los árboles…"
Pasolini recibe la llamada del ejército y se incorpora en Livorno en 1943. El 8 de septiembre desobedece a la orden de entregar sus armas a los alemanes y huye. Tras varios desplazamientos por Italia regresa a Casarsa. La familia Pasolini decide dirigirse a Versutta, un lugar menos expuesto a los bombardeos aliados y a los sitios alemanes. Aquí enseña a chicos de bachillerato inferior.
Sin embargo, el acontecimiento que marca aquellos años es la muerte de su hermano Guido. Guido no acepta seguir escondido en Versutta. Pier Paolo le acompaña a la estación, donde compra un billete para Bolonia para desviar las sospechas. Guido viaja a Spilimbergo, y de allí a Pielungo para reunirse con la división partesana de Osoppo, donde adopta el apodo de Ermes, el nombre de Parini, un amigo de Pier Paolo desaparecido en la campaña de Rusia.
Entre los distintos grupos de la resistencia antifascista friulana nacen conflictos intestinos. Los comunistas de las brigadas garibaldinas quieren la anexión de Friuli a la Yogoslavia de Tito, mientras que la brigada de Osoppo defiende la italianidad de Friuli. Guido escribe sobre ello a Pier Paolo, para que en sus artículos se comprometa a defender la postura de la Osoppo. Pasolini nunca escribirá esos artículos.
En febrero de 1945 Guido es asesinado junto con el vértice de la división osavana. Los hechos tienen lugar en la dehesa de Porzus: un centenar de garibaldinos se acercan fingiéndose perdidos, capturan a los de la Osoppo y los fusilan. Guido, a pesar de estar herido, consigue escapar y encontrar refugio en casa de una campesina. Pero los garibaldinos le encuentran, le arrastran fuera de la casa y le asesinan. De ello la familia no se entera hasta el final de la guerra.

Así lo cuenta Pasolini en el periódico comunista "Vie nuove" del 15/09/1971, en respuesta a un lector que le pedía aclaraciones sobre la muerte de Guido:
"El asunto se puede contar en dos palabras: desde Bolonia mi madre, mi hermano y yo nos habíamos refugiado en el Friuli, en Casarsa. Mi hermano seguía estudiando en Pordenone: cursaba el bachillerato científico, tenía diecinueve años. En seguida entró en la Resistencia. Yo, un poco mayor que él, le había inculcado el más encendido antifascismo con la pasión de los catecúmenos, pues yo mismo era un chico y hacía sólo dos años que había descubierto que el mundo en el que había crecido sin ninguna perspectiva era un mundo ridículo y absurdo. Unos amigos comunistas de Pordenone (yo aún no había leído a Marx, y era liberal, con tendencia al partido de acción) llevaron a Guido a la idea de lucha activa. Tras unos meses éste partió hacia el monte, donde se combatía. Un edicto de Graziani, llamándole a filas, fue el pretexto de su partida, la excusa ante mi madre. Yo le acompañé al tren, con su maletita donde, escondida en un libro de poemas, llevaba una pistola. Nos abrazamos: fue la última vez que le vi.
En los montes entre el Friuli y Yugoslavia Guido combatió valientemente durante varios meses: se había enrolado en la división Osoppo, que actuaba en la zona de la Venezia Giulia junto con la división Garibaldi. Fueron días terribles: mi madre sentía claramente que Guido no iba a regresar nunca más. Él habría podido caer cien veces en combate contra los fascistas y los alemanes, porque era un chico con una generosidad que no admitía ninguna debilidad, ni compromiso alguno. En cambio, su destino fue morir de una manera aún más trágica. Usted sabe que la Venezia Giulia se encuentra en la frontera entre Italia y Yugoslavia; por tanto, en aquella época Yugoslavia trataba de anexionarse todo aquel territorio, y no sólo el que en realidad le correspondía. A pesar de estar inscrito en el partido de acción, a pesar de ser íntimamente socialista (no hay duda de que hoy estaría a mi lado), mi hermano no podía aceptar que un territorio italiano, como es el Friuli, pudiera estar en las miras del nacionalismo yugoslavo. Se opuso, y luchó. En los últimos meses, la situación en los montes de la Venezia Giulia era desesperada, ya que cada uno se encontraba entre dos fuegos. Como sabrá, la Resistencia yugoslava era aún más comunista que la italiana, así que de pronto Guido tuvo como enemigos a los hombres de Tito, entre los cuales había italianos, con quienes compartía el fondo de sus ideas, pero sin poder compartir su política inmediata, de carácter nacionalista. Murió de una manera que cuento con el corazón partido: aquel día hubiera incluso podido salvarse, pues murió por acudir en ayuda de su comandante y de sus compañeros. Creo que ningún comunista puede criticar la conducta del partesano Guido Pasolini. Yo me siento orgulloso de él, y es el recuerdo de él, de su generosidad, de su pasión, el que me obliga a seguir por el camino que sigo. El hecho de que su muerte haya llegado así, en una situación compleja y aparentemente tan difícil de juzgar, no me induce a ninguna duda. Tan sólo confirma mi convicción de que nada es sencillo, que nada acontece sin complicaciones o sufrimientos, y que lo que cuenta, sobre todo, es la lucidez crítica, que destruye las palabras y las convenciones, y va hasta el fondo de las cosas, dentro de sus secretas e inalienables verdades".

En 1948 Pier Paolo Pasolini se incorpora al Partido Comunista Italiano (PCI) y se convierte en maestro de escuela. Su vida durante la posguerra transcurre sin colmarse sus ansias de poeta, y con un único motivo de felicidad: los jóvenes del pueblo.

En 1949, cuando los carabineros de Casarsa le denunciaron por corrupción de menores y actos obscenos en lugares públicos, Pasolini pierde su puesto en la enseñanza, y fue expulsado del partido comunista, mientras que también ganaba el rencor de un pueblo que lo había querido muchísimo, y ahora se rebelaba trastornado y furioso contra él.

Por ese motivo, en enero de 1950 parte del Friul hacia Roma con su madre, en busca de trabajo y un futuro más prometedor. Durante esos años empieza a practicar encuentros sexuales fortuitos con los jóvenes de los barrios bajos de Roma.
Si los años treinta y cuarenta fueron para Pasolini el descubrimiento del mundo campesino con toda su inocencia y finalmente su hostilidad, en los cincuenta encontrará lo mismo en los suburbios romanos de los que ya no se separará. Se siente atraído por su forma de vida, brutal pero vital, por esos destinos implacables, por esa incultura resabida y malhechora. Con una violenta descarga de vitalidad, nace en él la nueva vocación narrativa que sustituye el habla romanesca del centro por las jergas de la periferia romana; los jóvenes campesinos por los chivos barriobajeros.

Esa inquietud literaria y personal culminará en la novela Chicos del arroyo, que el ministro del interior, por entonces Fernando Tambronu, denunciará ante la magistratura milanesa por su "carácter pornográfico". Comienza así el segundo de los 33 procedimientos judiciales contra Pasolini por este libro. A partir de aquí cada obra suya (novelas, poesía, artículos, guiones) llevará implícita la polémica.

No será únicamente la prensa fascista, católica, bienpensante y académica quien le lleve a juicio; también los críticos de la prensa comunista se convertirán en enemigos suyos. Pese a todas las críticas que continuamente ponen en entredicho su obra, en sus escritos personales, este hombre polémico es absolutamente coherente, nada en él es banal, sus reflexiones son profundas, lúcidas y honestas, quizás en exceso, porque siempre una posición sincera es escandalosa.

A chicos del arroyo le sucederán cinco novelas, la colaboración como argumentista y guionista en 17 filmes, y 20 películas como director.
Las dos novelas que escribió en la década de 1950-1960, "Ragazzi di vita" (1955) y "Una vita violenta" (1959), están pobladas de ladrones, buscones y chaperos, extraídos de sus experiencias personales. Estas obras le hacen famoso, pero también produjeron escándalo y fue acusado de obscenidad. Igualmente publica varios libros de poesía como "Las cenizas de Gramsci" (1957), "La religión de mi tiempo" (1961) y "Poesía in forma di rosa" (1964).
En Roma conoce a quienes serán sus mejores amigos de por vida: los escritores Alberto Moravia, Elsa Morante, Atilio Bertolucci, Dancia Mariani... y los cineastas Fellini, Antonioni o Rosellini, quienes le introdujeron en el mundo del cine, primero como guionista y después como director de películas.
Convencido de que el cine era el medio del futuro, Pasolini comenzó a hacer películas en los años sesenta. Su primera película "Accattone" (1961) y la siguiente, "Mamma Roma" (1962) recorren el mismo mundo de pobreza urbana de sus novelas. "El evangelio según Mateo" (1964) le vale el respeto como cineasta y le excluye de la marginación a la que estaba sometido. "Pajarracos y pajaricos" (1966) es concebida como oposición a la cultura de masas. Después dirige "Edipo rey" (1967) y "Medea" (1969), ambas recreaciones de los clásicos griegos. "Teorema" (1968) es una de sus películas más interesantes, en la cual se ven los estragos que provoca en una apacible familia la llegada de un fascinante extraño.
A principios de los años setenta viajó a Irán, Yemen y Nepal para filmar su ambiciosa Trilogía de la vida, compuesta por "El Decamerón" (1971), "Los cuentos de Canterbury" (1972) y "Los cuentos de las mil y una noches" (1973). Todas ellas reflejan la pasión de Pasolini por la vida y el sexo.
Pero al terminarlas, Pasolini las repudió como respuesta contra la manipulación que la sociedad de consumo había realizado sobre ellas, en su reflexión titulada "Abjuración de la Trilogía de la Vida".
De esta forma, con su siguiente película, "Saló o los 120 días de Sodoma" (1975) ofrece una visión angustiosa e inflexible del fascismo y el poder.
A continuación se presenta una descripción más precisa de las obras cinematográficas más importantes de este afamado y característico productor de cine:

SUS OBRAS CINEMATOGRÁFICAS

Accattone (Accattone, 1961) es la primera película dirigida por Pier Paolo Pasolini. Accattone está basada en uno de sus temas novelísticos favoritos: los jóvenes que viven en los barrios obreros y marginales de las grandes ciudades.
El protagonista de la película es un caradura de poca monta, que malvive en un barrio marginal de Roma. Tiene sus amigotes, con los que toma copas, hace bromas y en general, no pega un palo al agua. Un día se enamora de una muchacha y no sabe si - para que ella pueda mantenerle - debe empujarla a la prostitución o no. Entonces decide hacerse ladrón, y evitar de esta forma tener remordimientos de conciencia. Pero los obstáculos puestos por la familia de la joven acaban por desencadenar la tragedia.

El propio Pasolini confesó que no tenía ni idea de la técnica cinematográfica o los elementos de la narrativa en imágenes. Con la cámara al hombro, una fotografía contrastada, y el montaje discontinuo de las secuencias, Pasolini logró una película fresca y llena de vida.

Pajarracos y pajaricos(Uccellacci e Uccellini, 1966) es una alegoría política, social y cultural sobre la situación italiana en dicha época. La película mezcla secuencias de San Francisco intentando comunicarse con los animales, y el paseo de un padre y su hijo hasta una casa en las afueras, con el fin de cobrar la renta a los inquilinos.
Durante el viaje hablan con un cuervo, que constantemente les está predicando consignas intelectuales marxistas, hasta que hartos de escucharlo, se lo comen. También aparecen unas imágenes del entierro multitudinario de Palmiro Togliatti. De esta manera Pasolini advierte de la desaparición de una fase histórica, la de la esperanza, ya que ahora los cambios económicos y sociales estaban generando egoísmo y confusión.
Con momentos cómicos, un gran trabajo de los intérpretes y una realización sencilla, Pasolini va conduciendo al espectador, con tino e intuición, hacia la desesperanza.

Con la realización de Teorema (Teorema, 1968), Pier Paolo Pasolini se adelantó a la invasión de entes desestabilizadores que llenarían con su inquietante magnetismo las pantallas del decenio de los setenta.
Su metafórico ángel de la muerte interpretado por Terence Stamp llegaba a una familia para dinamitarla desde dentro. Se le conoce únicamente como Visitante, pero todos, sean del sexo que sean, se sienten atraídos por esa presencia ajena.
Con él llega a la familia un nuevo orden que rompe todos los esquemas y rutinas anteriores; pero su marcha, lejos de facilitar el regreso a la antigua estabilidad, significa la decadencia definitiva de esa familia. La película realiza el estudio de un mundo que, tras haber dejado entrar en casa a un desconocido con valores nuevos, ya no puede volver a ser igual. Aunque tampoco necesariamente mejor.

Medea (Medea, 1969) es la segunda aproximación de Pasolini a la tragedia griega. Con el referente claroscuro de Caravaggio, el cineasta opone dos mundos: la armonía clásica de Occidente (representada por Jasón) y la fuerza del instinto y los sentimientos orientales (representados por Medea).
Ese enfrentamiento entre dos polos opuestos tiene consecuencias trágicas (Medea castiga a Jasón matando a los hijos que ha tenido con él), y visualmente se caracteriza por un ritmo pausado y la preponderancia de crepusculares tonos dorados.
En Medea - la única película que protagonizó -, María Callas se muestra en todo su esplendor, entre otras cosas porque Pasolini puso la película a su servicio.

Saló o los 120 días de Sodoma (Salò o le 120 Giornate di Sodoma, 1975) había sido concebida por Pier Paolo Pasolini como respuesta contra la manipulación de la sociedad hacia su Trilogía de la Vida. Todo ello a través de la dura historia de sexo, violencia y sometimiento sádico que se cuenta en la película.
La acción está situada históricamente en el corto periodo de la República de Saló en Italia, tras la liberación de Mussolini realizada por parte de los alemanes. Pasolini toma el libro del marqués de Sade, escoge lo que él cree fundamental, y conserva la estructura fundamental de la narración. En la película, los personajes que llevan a cabo la acción son altos cargos fascistas. Estos se encierran en una villa, con unos cuantos guardianes y una serie de jóvenes y sirvientes, que serán el objeto de sus humillaciones en tres fases diferentes: "el círculo de las pasiones", que se refiere al sexo en todas sus variantes; "el círculo de la mierda", que atañe a la coprofagia y sus derivados y "el círculo de la sangre", que contiene la tortura y el asesinato como fuentes de placer.
El desarrollo narrativo de Saló o los 120 días de Dodoma está lleno de imágenes duras y provocativas, aunque bastante alejadas de las descripciones más extremas del libro, lo cual no significa que el film posea menos violencia o dureza.


CARACTER
Pasolini fue una de las figuras públicas más destacadas de Italia en las décadas de 1960 y 1970. Es por la actividad cinematográfica por la que Pasolini es más conocido, cuando no hay que olvidar que ante todo fue un poeta; y tampoco se deben olvidar sus ensayos, libros de viajes, y artículos políticos en los que están presentes sus ideas sobre la religión, el marxismo, su defensa de Tercer Mundo, la decadencia de la sociedad burguesa, y la homosexualidad.
Tres son las batallas fundamentales de Pasolini en aquellos años, tres los terrenos de enfrentamiento:
· El rechazo de la "mutación antropológica italiana" y la denuncia de la conversión de la histórica oposición entre fascismo y antifascismo hacia el "común valor del consumo y de la consiguiente tolerancia modernística de tipo americano"
· La postura a favor de la vida que lo oponía al amplio frente progresista comprometido, por toda Italia, en defensa de la ley de reglamentación del aborto. En esta ocasión, denunció la libertad heterosexual brindada por el nuevo fascismo/consumismo, portadora de una intolerancia aún más agresiva hacia las desviaciones sexuales e invitaba a los Italianos para que discutieran sobre las diferentes formas de copular antes que sobre las consecuencias de las prácticas sexuales
· La polémica contra la clase dirigente de aquel período- la Democracia Cristiana- culpable de haber traicionado la cultura y el humanismo de un país. Un país donde había una vez "las luciérnagas y en donde ahora las luciérnagas han desaparecido", donde la civilización campesina y paleoindustrial ha sido sustituida por una civilización que unifica el país a través de idioma, gustos y consumos, pero lo degrada culturalmente y lo traumatiza".
En una de sus intervenciones orales explicaba que su intención era aclarar la diferencia entre progreso y desarrollo para poder tomar conciencia de esta disociación y para que ambos términos coincidieran. Esa escisión le hizo adoptar la prensa como púlpito y hablar contra el aborto que era un inicio o un punto de llegada hacia la indiferencia de la vida humana, gestada en un momento de inconsciencia de la libertad sexual. Por eso también se le escuchó imprecar contra los actos terroristas que apostrofaba como actos criminales, y contra el partido democristiano que entonces gobernaba Italia en un artículo titulado "El vacío del poder en Italia" en el que señalaba que ese gobierno había logrado aquello que no había alcanzado el fascismo- período en el que el comportamiento estaba disociado de la conciencia-, porque ahora la conciencia está deformada por los bienes superfluos, que se transformaron en un hecho de corrupción.
Estos artículos lo llevaron al aislamiento y su indómito coraje de presentar batalla, el deseo de sacudir, de golpear sobre aquellos puntos que le parecían evidencias de un cambio horrendo y radical del modo de pensar o de vivir del pueblo italiano, encontraron sólo el silencio, o peor aún la indiferencia. También la desilusión le llegó por la insensibilidad de las nuevas generaciones, la de los proletarios, de los marginados que habían asumido como modelos a los hijos de la burguesía acomodada. Habló luego de la criminalidad en Italia.
Su desesperación, el lamento por la muerte de una sociedad decrépita fue mostrada en Saló o 120 jornadas de Sodoma, en la que ya no se podía distinguir la víctimas de los victimarios ni la pureza de la vulgaridad, un film que mostraba, que denunciaba al hombre convertido en calidad de cosa.
A distancia de veintinueve años, la figura de Pier Paolo Pasolini, es aún provocatoria y sigue suscitando discusiones conservando la capacidad de escandalizarnos. Pasolini ha sido el incómodo testigo del paso de una Italia campesina a una Italia capitalista. Nostálgico y apasionado defensor de la Italia de los mil dialectos y de las mil culturas, de la Italia del campo, de la vida parroquial, de los partidos de balompié improvisados por doquiera, él observaba con lúcida inteligencia las contradicciones de un bienestar explosivo que, como un rodillo aprisionador, iba aplastando toda diversidad, nivelando toda distinción, "homologando", como solía repetir, toda individualidad cultural. Por eso eligió un lenguaje que distorsionara la lengua común, y se expresó con formas profanadoras, agresivas, escandalosas.
Cada salida editorial de Pasolini lograba encender polémicas y debates que se alimentaban, además, por las denuncias por ofensa a la moral pública. La muerte brutal detuvo uno de sus momentos de más intensa actividad, cuando acariciaba la idea de otro film. Por cierto que en aquella fría alba de noviembre no moría solamente un poeta, un escritor, un director, sino que se obligaba al silencio a una de las voces más límpidas, plenas de coraje y discutidas de la Italia contemporánea, una voz contradictoria, polémica hasta la exasperación, con sus inevitables errores de valoración pero al mismo tiempo una presencia viva, estimulante, inteligente. Con Pasolini desaparecía uno de los últimos descendientes de una clase intelectual deseosa de medirse con la realidad político-social de ese momento animado como estaba por una recóndita, y antigua responsabilidad.
Pasolini fue el poeta de la calle de la noche, el poeta de los caminos tortuosos, inventor de un lenguaje de ambigüedades y mistificaciones y por ello cantó a la muerte: "Vengo de tí y vuelvo a tí/sentimiento nacido con la luz, con el calor/ bautizado cuando el vagido era alegría/......tú me aislas/ me das la certeza de la vida/ sólo en la hoguera juego la carta del fuego............".
El fenómeno expresivo de Pasolini es absolutamente nuevo en la cultura occidental: su itinerario pansemiológico a través de su muerte buscada, organizada y profetizada, es un lenguaje mudo de acción. No en vano había escrito: "Libertad. Después de pensarlo he comprendido que esta palabra no significa en el fondo más que la libertad de elegir la muerte, pues la muerte verdadera reside en no poder comunicar; la muerte es no ser comprendidos."
Llegamos al acmé de la tragedia en el momento en que la muerte llega a consentir la catarsis colectiva para todo el mundo intelectual italiano quien, a través del luto, paga el sentido de culpa de haber percibido a Pasolini, de todas maneras y en más de un sentido, como a un diferente.


Su muerte
En la mañana del 2 de noviembre de 1975, en un solar de Ostia, a las afueras de Roma, fue hallado el cadáver de Pasolini. Le habían golpeado hasta matarle, y después lo habían atropellado con su propio Alfa-Romeo. Fue acusado de su asesinato Giuseppe Pelosi, después de que la policía lo detuviera por conducir el coche de Pasolini a excesiva velocidad. Se justificó diciendo que había actuado en legítima defensa: "quería tener relaciones sexuales conmigo pero yo no quería".
En los últimos años de su vida, Pasolini se había convertido en martillo de la Democracia Cristiana italiana, a la que fustigaba con dureza a través de sus artículos periódicos en el principal diario italiano, Il Corriere della Sera. En aquellos años de plomo, salpicados de atentados brutales, secuestros y extorsiones, se empeñó en alzar la voz contra las "fuerzas oscuras", atrayendo sobre sí una peligrosa atención. Su muerte violenta, a manos de un grupo de chicos de la vida de los que Pasolini gustaba frecuentar, no podía quedar fuera del círculo de sospechas que envolvía los acontecimientos de entonces. Pero la suya fue, sobre todo, como ha recordado su principal enemigo literario, Angelo Guglielmi, "una muerte espectacular, como lo fue su vida. Y el espectáculo Pasolini está destinado a durar".
A distancia de veinte años, sus textos literarios aparecen densos de razonamientos más muy avaros de imágenes. En cambio su figura de intelectual no deja de aparecer emblemática. En una Italia en donde el periodismo se uniforma cada día más sobre temas genéricos y aburridos, una Italia donde los intelectuales vuelven a encerrarse en el jardín de la literatura, la desesperada vitalidad de Pasolini hace falta.

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