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Italia
era un país tradicionalmente agrícola que se industrializó
de manera acelerada a partir de 1945. Las principales industrias son las
manufacturas y la ingeniería. Hoy en día sólo el
7% de la población activa se dedica a la agricultura.
La mayoría de los agricultores vive en el sur, que es más
pobre que el norte. Los principales cultivos de Italia son: remolachas
(para la producción de azúcar), trigo, maíz, tomates
y uvas. Italia exporta también manufacturas industriales sobre
todo maquinaria industrial, automóviles, productos químicos,
electrónicos y textiles. El turismo ocupa también un lugar
preponderante dentro de la economía. El sector de servicios, sobre
todo financieros y de comunicaciones tiene un papel cada vez más
importante. Los resultados económicos de Italia son impresionantes
ya que hay que tener en cuenta la escasez de materias primas. Todo el
petróleo y la mayor parte de materias primas son importados. En
los sectores de servicios y de manufacturas, las grandes empresas estatales
han sido muy importantes y han permitido el crecimiento económico
del país, sin embargo hoy en día estas empresas son menos
útiles y se impone una privatización. El principal problema
económico de Italia es el gran déficit del sector público
que los gobiernos han tratado de controlar disminuyendo el gasto público.
Este problema es bastante grave sobre todo dentro de la UE, la entrada
en la unión monetaria estuvo bastante comprometida ya que Italia
no cumplía con los criterios de convergencia en cuanto al déficit
público. A pesar de esto Italia estuvo entre los países
fundadores de a Zona Euro en 1999. Los principales socios comerciales
de Italia son los países de la Unión Europea, los países
de América Latina, Estados Unidos, Canadá, Arabia Saudi
y Libia.
Crisis
económica y política en Italia
Italia se sumerge en la decadencia económica y la parálisis
políticaEl mundo experimenta el mayor nivel de expansión
de los últimos 30 años. Todas las regiones, y prácticamente
todos los países, crecen al mismo tiempo. Italia no crece. El PBI
italiano aumentó 0.0% en 2005, después de derrumbarse más
de 1 punto tras el leve auge de 1.1% en 2004. El total estancamiento de
la economía italiana no hace otra cosa que retomar el 0.0% del
2003. En los últimos 5 años, el PBI industrial de la península
cayó 6.1%. Sólo 12% del total de las exportaciones italianas
son productos de alta tecnología, la mitad del promedio europeo;
Italia, consecuentemente, gasta en investigación y desarrollo (I&D)
1.1% del PBI, mientras la media del continente es 2%; es 3.2% en Japón
y en EEUU casi 5%.
En estas condiciones, el crecimiento de la productividad de la economía
italiana es nulo o negativo, mientras aumentan los costos de la producción.
El resultado es que Italia pierde posiciones en el comercio internacional
y caen sus exportaciones en términos absolutos. Alemania es su
principal mercado y está en depresión estructural desde
hace más de 10 años. Asia, y en primer lugar China, compite
abrumadoramente con sus exportaciones industriales en sectores que antes
fueron prácticamente su exclusividad: textiles, calzados y muebles.
En los últimos 15 años, Italia ha sido el país de
menor crecimiento de Europa, incluso por atrás de Alemania. La
tasa de natalidad es una de las más bajas de Europa Occidental:
1.3 niños por mujer. Italia pierde población en términos
absolutos, mientras aumenta el nivel de envejecimiento de su población.
La tasa de actividad laboral es la más baja de Europa Occidental;
sólo 57% de los italianos de entre 15 y 64 años de edad
están empleados (la de Alemania es 66% y 73% en Gran Bretaña).
Italia enfrenta, como toda Europa, pero de manera cada vez más
paradigmática, las nuevas reglas de la competitividad internacional.
Su nulo aumento de la productividad cae frente al salto estructural de
la productividad norteamericana y sus exportaciones industriales se ven
crecientemente desafiadas por las chinas, que tienen el mismo grado de
perfección en el diseño (a veces el mismo), pero con costos
10 veces inferiores. Las crisis económicas que han sacudido a Italia
en los últimos años han golpeado al gran capital y por sobre
todo a los bancos. La puja de los grandes bancos europeos por entrar en
el mercado italiano puso en evidencia la debilidad de los bancos de ese
país y la necesidad de una “protección” por
parte de las autoridades centrales. Mientras en los últimos años
los precios de los productos industriales subieron un 15%, los costos
de los servicios bancarios lo hicieron en un 42%. Este “impuesto”
sobre el ahorro, y los costos que representa para las empresas, desataron
polémicas por parte de los industriales que son muchas veces rehenes
de esos bancos y que no verían mal una concentración del
sector para que sus créditos sean menos caros y con menos extorsiones.
Ya las quiebras de los gigantes alimentarios Cirio y Parmalat (detrás
de las cuales estuvo presente Fazio) habían demostrado cómo
los bancos “apretaban” a los dueños para quedarse con
la propiedad de estas empresas, exigiendo los créditos sin fondos
que les otorgaban sin parar, hasta ponerlos en “custodia”
de los mismos bancos. El estancamiento económico italiano tiene
su correlato en la parálisis de su sistema político. La
crisis ahora afecta a la Segunda República, el régimen surgido
tras el colapso de la Primera en 1992. El fin de la Primera República
(1946-1992) fue el resultado directo de la terminación de la Guerra
Fría y la implosión de la Unión Soviética
(agosto-diciembre de 1991). Fue cuando las 3 repúblicas eslavas
(Rusia, Ucrania y Bielorrusia) dieron por terminada la URSS; y menos de
tres meses después, en febrero de 1992, la Justicia de Milán
descubrió el sistema de financiamiento de la estructura política
italiana vigente y conocido desde la década del 50 (operación
“Mani Pulite”). Así concluyó la Primera Republica,
un régimen estable, encuadrado por el Mercado Común Europeo
y la OTAN, en el que se desplegó el “milagro económico”
italiano posterior a la Segunda Guerra Mundial; y en la que la Italia
destruida por la guerra dio paso a un crecimiento que fue superior en
varios años al 10% del PBI anual. El “milagro económico”
italiano fue resultado de la convergencia de los bajos costos laborales
y el extraordinario aumento de la productividad que produjo el traslado
masivo de la mano de obra del campo (Sur) a las ciudades (Norte). El “milagro”
concluyó en la década del 90, junto con la Primera República.
La Segunda, surgida en 1992, es un sistema bipolar, formado por dos grandes
coaliciones de centro-derecha (La Casa de las Libertades) y centro-izquierda
(Polo del Olivo), que concentran el 75% de las bancas del parlamento en
Roma. El resultado es que los terceros partidos son irrelevantes; pero
las pequeñas agrupaciones que integran las dos grandes coaliciones
(4 de centro-derecha y 9 de centro-izquierda) tienen un peso decisivo,
con derecho de veto sobre las decisiones políticas fundamentales.
Por eso, las coaliciones italianas son amplias y relativamente estables,
pero los gobiernos que forman son débiles e incapaces de gobernar.
La OCDE estima que, en los últimos 15 años, la capacidad
de crecimiento potencial de largo plazo del PBI italiano ha caído
1.5%. La PTF es negativa; como consecuencia, los salarios reales no aumentan,
mientras que los costos laborales crecen significativamente. El resultado
es que Italia pierde competitividad dentro del área Euro y más
todavía contra los países fuera del área. Así,
la participación italiana en los mercados mundiales es cada vez
menor y sus exportaciones caen año por año, incluso en volumen.
Italia experimenta una larga decadencia demográfica, económica
y política. Una de las grandes civilizaciones del mundo se hunde,
todavía lentamente, en una creciente irrelevancia. La historia
de la península indica que Italia no cambia endógenamente.
Requiere una crisis y la presión externa. La crisis se aproxima
y “Cina e vicina” (China se acerca).
Dumping
El
dumping es el término técnico usado en el comercio internacional,
para calificar la venta de un producto en moneda extranjera, a precios
más bajos que el mismo costo de producción, o por lo menos
inferior a aquel a que es vendido dentro del mercado interno del país
de origen. Esta práctica introducía un elemento de competencia
desleal en los mercados internacionales, por lo que muchos países
adoptaron leyes autorizando la imposición de gravámenes
especiales "antidumping".
China viste a Europa
Desde la liberalización del mercado mundial del textil, la entrada
masiva en Europa de piezas de ropa elaboradas en China hace tambalear
a la industria textil europea.
Entre enero y junio de 2005, la entrada en Europa de algunas mercancías
textiles procedentes de China aumentó en un 534%, según
datos de la Comisión Europea. Las protestas de Euratex, la asociación
que agrupa a los principales productores textiles europeos, y de países
como Italia, Francia o España no tardaron en llegar. Para contrarrestar
las quejas, la UE llegó a un acuerdo de limitación de las
importaciones chinas de diez productos sensibles hasta 2008. Pero el conflicto
del textil entre la UE y el país asiático se retomaba en
agosto, cuando 80 millones de piezas de ropa elaboradas en China eran
retenidas en puertos y fronteras de la UE por haber superado las cuotas
establecidas. Después de un mes de negociaciones, Pequín
y Bruselas llegaban a una solución: el contingente de ropa entraría
en Europa y el excedente de stock se descontaría de las cuotas
de 2006.
¿Quién se viste y quién queda desnudo con la ropa
china?
Durante el año 2004, la UE vendió a China el equivalente
a 514 millones de euros en productos textiles mientras que esta exportó
a Europa una cantidad de ropa valorada en 16 billones de euros. El contraste
es abismal y tiene más de una lectura. La entrada de productos
textiles chinos no se puede considerar únicamente como exportación.
Del contingente bloqueado el pasado verano, una gran parte eran encargos
que las grandes cadenas de distribución europeas (Zara, H&M,
Marks & Spencer...) habían hecho a China. Elaborar parte de
su producción en países asiáticos para abaratar costes
es una práctica que las convierte en uno de los pocos sectores
del textil no afectados por el alud de mercancías chinas.
A otro nivel, sin embargo, la situación no es tan positiva. Las
pequeñas y medianas empresas del sector de la confección
de países como Italia, Francia, España, Grecia y Portugal,
viven malos momentos. La crisis no es nueva, ya hace años que viven
un claro retroceso, pero los efectos de la liberalización han agudizado
su situación. En estos países, las estimaciones de pérdida
de puestos de trabajo son escalofriantes: Francia podrá perder
7.000, España 70.000 e Italia, 200.000.
El textil y la confección, uno de los pilares de la economía
italiana, sufre una grave crisis acentuada por la liberalización
del sector y la existencia del “Made in Chinitaly”: los productos
que los propios chinos inmigrados fabrican en el país de la bota.
Ahora, la lucha de Italia se concentra en el etiquetaje y la mención
del origen geográfico de las piezas de ropa, un requisito que la
Federazione SMI-ATI (Sistema Moda Italia y Associazione Tessile Italiana)
considera indispensable para ofrecer una mayor transparencia.
Francia, que tiene la segunda industria textil de Europa, suministra el
75% de su producción a países de la UE. El efecto de la
entrada de productos chinos es evidente: pérdida de cuota de mercado
con la consecuente desaparición de puestos de trabajo. En los últimos
años ha habido una reducción anual del 10% de puestos de
trabajo y este año se calcula que será del 12%.
La producción textil española, también sufre los
estragos de esta crisis. Formada principalmente por pequeñas y
medianas empresas, ha visto en los últimos años cómo
cerraban muchas de ellas y desaparecían profesiones vinculadas
a la confección de piezas de ropa. Una de las causas que han provocado
la erosión del sector es la deslocalización que algunos
gigantes europeos de la confección, como el grupo Inditex, que
agrupa a Zara y Massimo Dutti entre otras marcas, vienen haciendo desde
hace décadas. La estrategia de Inditex, que importa un 30% de sus
productos de Asia, es una buena manera, según declaraba Víctor
Fabregat, director de Centro Información Textil y de la Confección,
a Expansión, de hacer frente a una crisis anunciada.
¿Amenaza
china?
China
es un inmenso mercado con unas peculiaridades que lo convierten en un
competidor difícil. Lo que algunos ven como una oportunidad de
negocio, otros lo perciben como una gran amenaza. Lo cierto es que el
volumen de la producción china tiene el poder de desestabilizar
los mercados en los que entra.
Muchos son los que ven el fin del mercado textil europeo si no se producen
cambios inmediatos. Sin embargo, la realidad es que esta es una crisis
anunciada. Desde hace una década estaba prevista la liberalización
de este mercado. Observando el dinamismo económico chino, era previsible
que se produjera un alud de productos textiles. De esta manera, podríamos
pensar que las empresas europeas del sector no se han preparado lo suficiente
para el nuevo escenario internacional.
En Italia, buena parte de las fábricas está cerrando de
importaciones ilegales, provenientes de los países del lejano oriente
en general, pero principalmente de China. Por otro lado, no hay que dejar
de atribuir cierto grado de culpa a los propios fabricantes locales, que
se resisten a producir calzados menos costosos, porque estaban acostumbrados
a ganancias muy fuertes. No es lo mismo perder plata que ganar menos.
El problema radica en que el costo de una suela, en Italia o en cualquier
parte del mundo, equivale a un producto terminado que viene de China.
Panorama
futuro
El
Parlamento Europeo advirtió que la actual crisis textil con China
por la avalancha de importaciones podría extenderse pronto al calzado,
bicicletas, coches, piezas de maquinaria y siderurgia, y reclamó
que se debería elaborar urgentemente una estrategia a largo plazo
para que la industria europea pueda hacer frente a los desafíos
planteados por la fuerza de la economía china.
En un informe aprobado por la comisión de Comercio Exterior de
la Eurocámara, los parlamentarios piden a los países de
la UE que reconozcan que los desafíos con los que se encuentran
actualmente el sector textil y de la confección y el sector del
calzado, y que afectarán a continuación a otros sectores
como el de las bicicletas, los automóviles, las piezas de maquinaria
y la siderurgia tienen un carácter estructural.
Por ello, reclaman que se elabore urgentemente una estrategia a largo
plazo para la industria de la UE, de manera que la política comercial
comunitaria pueda responder los desequilibrios que experimentan con China.
Los eurodiputados expresan también su preocupación sobre
el impacto social y medioambiental de la expansión económica
de China. En particular, recuerdan que China se ha convertido en el segundo
país del mundo por consumo de energía y materias primas,
pero también en el segundo emisor de gases de efecto invernadero.
Por ello, solicitan a la Comisión que "reflexione sobre la
manera más eficaz de negociar la introducción de normas
sociales y medioambientales mínimas en los acuerdos comerciales,
y se asegure de su puesta en práctica".
¿Qué hacer ante el dragón amarillo?
Las
estrategias que ha adoptado la industria textil europea se han unificado
mayoritariamente en una línea: potenciar el valor añadido
de los productos, es decir, la calidad de los tejidos y el diseño.
Quien no ha optado por deslocalizar o abrir mercados en Asia, no tiene
otra alternativa que esforzarse por ofrecer un producto diferente y de
calidad que esté por encima de la comparativa de precios y que
pueda competir con la masificación de mercancías confeccionadas.
En esta línea, se destaca la necesidad de desarrollar la investigación
en los sectores textiles y proteger la propiedad intelectual de los productos
textiles.
Y es que es necesario emprender estrategias porque las previsiones de
futuro no son demasiado alentadoras: según el Banco Mundial, China
podría controlar en pocos años la mitad del comercio mundial
del vestido. |