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La vida y la obra de Dante Alighieri por
Mario Petito
Dante nació entre mayo y junio de 1265 en Florencia. Su juventud
estuvo dedicada al estudio de la gramática y de la filosofía,
tal vez en el estudio franciscano de Santa Croce, y después al
de la retórica. Soldado entre los feritori a caballo, tomó
parte en la batalla de Campaldino, en 1289.
De su experiencia poético amorosa hay que resaltar la figura de
Beatriz, que casi con toda seguridad fue un personaje real, una tal Bice
di Folco Portinari, que fue esposa de Simone de Bardi, muerta el 8 de
junio de 1290. Aparece, lo veremos más adelante, como la segura
guía hacia Dios en la Vida Nueva.
Toda la lírica juvenil ofrece de él la imagen de un joven
gentilhombre refinado, ajeno a las pasiones políticas y a las cargas
administrativas. Pero sin duda nunca se apartó de las vicisitudes
de Florencia, y tuvo una vida familiar de lo más corriente: casó
muy joven con Gemma di Manetto Donatti, pariente de Corso Donati, el jefe
del partido güelfo negro, y tuvo tres hijos.
El propio Dante nos habló de un primer período de extravío
del que sale con un deseo de implicarse personalmente en la política
de Florencia, militando en el partido de los blancos. Tuvo varios cargos
políticos, perteneció al consejo de los Ciento y tomó
posiciones contra las maniobras de Bonifacio VIII y de los príncipes
franceses. Para encontrar una vía de conciliación con el
Papa, fue enviado como embajador a Roma, y allí Bonifacio lo entretuvo
durante varios meses, juzgándole menos peligroso en Roma que en
su patria. Mientras, el partido de los negros tomó el timón
de Florencia y Dante se encontraba de regreso cuando le alcanzó
la noticia de su condena por malversación. Tras dos meses, fue
condenado al exilio.
Durante algún tiempo permaneció en la vecindad de Florencia,
participando en las tentativas de los proscritos blancos y de los gibelinos
para volver a la patria. Pero después se apartó. Estuvo
en Verona, en Lucca, en Lunigniana y volvió a Verona.
Lo que parece cierto es que Dante, a pesar de los inconvenientes del exilio,
debió sentirse libre, tal vez más libre que durante sus
últimos años florentinos tan mediatizados por la política,
para dedicarse a su pasión de escritor. No se dio sólo a
la redacción de El Convite o La Lengua Vulgar sino que también
escribió algunas de sus más conocidas rimas, una de las
cuales, el soneto en respuesta a Cino, nos demuestra que seguía
siendo un hombre apasionado en amor. Cino se había dirigido a él
preguntándole si son posibles los cambios en el amor, dado que
la facultad de amar es siempre una y la misma. Dante le contestó
en una carta, la III, en la que en lenguaje ciertamente filosófico
le dice que las potencias sensitivas, si permanece el órgano, no
terminan por la cesación de un solo acto y son naturalmente conservadas
para otro, lo cual ilustra con el siguiente soneto:
Yo he estado
con Amor desde la hora
en que el sol completó mi hora novena,
y sé cómo espolea y cómo frena
y cómo, en su poder, se ríe y llora.
Quién razón o virtud contra él perora
es como aquel que en la tormenta suena
creyendo hacer que en el lugar que truena
calle el vapor su guerra atronadora.
Pero donde se riñe su palestra
el libre arbitrio nunca ha sido franco,
y el buen consejo en vano allí se muestra.
Bien puede herir con nueva espuela el flanco,
que si un nuevo placer mi alma secuestra
lo he de seguir, si a otro placer desbanco.
Este Dante
que casi llega a negar el libre albedrío en lances de amor, no
parece el proscrito siempre amargado que la leyenda ha querido mostrarnos.
Ocupado por los estudios y el amor, debía sentir que se estaba
realizando como escritor, y ello no podía por menos de darle fuerzas
y hasta producirle optimismo.
De alrededor de 1309 son quizás la idea y el comienzo de la Divina
Comedia, a la cual se dedicó luego hasta sus últimos años.
Pero antes de que el poema tomase una forma definitiva, Dante había
ya elaborado una doctrina política que expresó en el tratado
Monarquía: la monarquía universal es necesaria para la consecución
de la felicidad humana; el pueblo romano fue el escogido por Dios para
fundar el imperio; la autoridad imperial deriva directamente de Dios,
y no a través del Papa; la Iglesia no debe gobernar en los asuntos
temporales.(El tema de los poderes temporal y espiritual inspirará
algunas páginas de la Comedia).
El poeta, no obstante, esperó siempre poder regresar a su patria,
pero rechazó con desdén las humillantes condiciones que
el gobierno florentino exigía de aquellos que decidieran regresar;
y en 1315 es de nuevo condenado a muerte junto a sus hijos. Permanece
aún algunos años en Verona, y después, 1318, acepta
la hospitalidad de Guido Novello en Rávena, pero volviendo de vez
en cuando a Verona. Y fue tal vez a la vuelta de uno de esos viajes cuando
fue atacado por la malaria. Poco después murió en Rávena
(1321).
LA JUVENTUD
POÉTICA DE DANTE
Según
Giorgio Petrocchi y Luis Martínez de Merlo, en su edición
sobre la Divina Comedia(Madrid, Cátedra, Letras Universales;1998),
la lectura de las rimas juveniles, ya sea de las incluidas en la Vida
Nueva, ya sea de las precedentes o contemporáneas, restituye la
imagen de un joven refinado y culto, de espíritu aristocrático
y de finísima sensibilidad, pero no ocupado más que en crear
una maravillosa pero abstracta historia de amor. "Dante acepta todos
los fundamentos filosóficos y culturales del stilnovismo: el concepto
del amor hacia la mujer como preparación y tránsito del
espíritu humano desde la vivencia terrena a la sublimidad de la
contemplación de Dios; el gusto por una forma poética agradable
y limpia; la idea de la poesía como sutil razonamiento sobre el
amor".
Resulta interesante en este aspecto las reflexiones que Antonio Colinas
realiza en la introducción a su Antología esencial de la
poesía italiana (Madrid, Austral, Espasa Calpe, 1999). Según
su criterio, en algunos versos de la Comedia Dante había fijado
una clara distinción entre los poetas sicilianos (il Notaro, Da
Lentini) y los toscanos (D'Arezzo y Bonagiunta). Los autores del llamado
dolce stil novo (Gunizzelli, Cavalcanti, Pistoia, Gianni, Frescobaldi),
van en sus verso más allá del sentir y el pensar del amor
cortés. Lo asumen y espiritualizan en su interior de tal manera
que la amada se convierte en una especie de ángel que se sitúa
entre dos mundos: el de la realidad y el de lo divino. El amor es siempre
sentido por estos poetas como algo trascendente que, en modo alguno, se
debe ver empañado por los deseos de las pasiones mundanas. La amada
se convierte en una especie de espejo que refleja las virtudes del amador
y que le sirven a éste para superar su condición humana.
La honestidad, la nobleza, la cortesía, la gallardía, son
virtudes que complementan el sentimiento amoroso, que es el que primordialmente
inspira la poesía de este grupo. También la belleza física.
Esta doble idea de verdad y belleza lo fija Dante, de manera maravillosa,
en la conocida rima XXXII:
¡Oh dulces rimas que nos vais hablando
de la dama gentil que a otras honora,
si aún no ha llegado llegará a vosotras
un soneto, y diréis: "De nuestro hermano".
Mas yo os ruego que no lo escuchéis
por el Señor que a damas enamora,
ya que en sus palabras nada hay
que sea amigo de cuanto es verdad.
Y si con sus palabras os moviese
a venir al encuentro de la dama,
no os detengáis, y a verla acercaros.
Decidle: "Oh, Señora, hemos venido
para recomendaros al que pena
y decir: "¿Dónde se halla mi deseo?".
Según
Ángel Crespo, en Dante y su obra ( Barcelona, Acantilado,1999),
Guinizelli fue considerado como el fundador de la escuela de los fieles
del Amor y su aportación fundamental a la nueva poesía fue
la de la mujer angelical, una criatura que une a su belleza física
la pureza de un espíritu celestial. En torno al estudio de su estilo
se fue formando entre los rimadores toscanos y emilianos la escuela de
los fieles de Amor, que formó la base de la gran poesía
itálica. Dante llamó al de estos poetas dulce estilo nuevo
y lo llevó a sus últimas consecuencias.
Los fieles de Amor, como intelectuales pertenecientes a una sociedad en
desarrollo que trata de ser dominada y orientada por la Iglesia, mediatizadora
y en cierto modo enemiga de las nuevas libertades, eran inconformistas
y coincidían sobre una serie de puntos fundamentales, entre los
que se contaba su denuncia de la corrupción eclesiástica,
su aspiración a una religiosidad más espiritual en la teoría
y en la práctica que la predicada por Roma, basada sobre todo en
la caridad, y en la expectación de una sociedad nueva y justa.
Hay cierto esoterismo en el lenguaje de los fieles de Amor, pero se trata,
al parecer, de un esoterismo poético y cultural. Expresiones tales
como "dama", "corazón gentil" y "Amor"
no tenían para ellos el mismo sentido que pudieran imaginar los
no iniciados en los secretos de su poesía; y los fieles de Amor
gustaban de emplearlas para entenderse entre sí.
El amor cortés de los trovadores respondía al esquema de
la organización social y política de su época; la
dama recibía el homenaje del poeta de manera semejante a como el
señor feudal recibía el de sus vasallos. Era una forma de
subordinación y de pacto, de una pacto que podía romperse
libremente en casos como los de existencia de felonía o deslealtad,
pero que suponía una serie de derechos y obligaciones de ambas
partes. El trovador sentía la lógica de esta situación
de vasallaje frente a su señor pero, en cambio, el fiel de Amor
no se habría sentido a su gusto reproduciendo una situación
que no respondía a la organización de los municipios en
que se desarrollaba su existencia civil. Su aspiración era la libertad
y la dama no podía ser elegida ateniéndose a un esquema
de subordinación política: de ahí que lo que contase
fuesen sus cualidades físicas y morales y que la relación
entre ella y el poeta no respondiese a esquemas rígidos.
Dante se convierte pues en un auténtico fiel del Amor y escribe
sonetos como este, de tono plenamente guinizelliano:
Fiel corazón
y Amor son igual cosa,
tal como dice el sabio en su canción,
y el uno sin el otro ser no osa,
como alma racional sin la razón.
Toma natura a Amor, si es amorosa,
por dueño; y gentileza, por mansión,
y en su interior durmiendo ella reposa
por tiempo breve o más larga estación.
Si beldad cuerda dama manifiesta,
la vista halaga, y quiere con ardor
el corazón la cosa complaciente,
y tanto dura en él, que a veces ésta
le despierta el espíritu de Amor.
E igual hace en la dama hombre excelente.
Pero si en
un primer momento estuvo adherido a esta filosofía, en La Vida
Nueva supera el concepto de la relación amorosa que había
recibido de los fieles del Amor.
Antes de continuar, quisiéramos traer a colación un estudio
que Italo Calvino elaboró a propósito de la poesía
italiana. Italo Calvino va a establecer dos vías en los orígenes
de la literatura italiana a partir del concepto de levedad. La primera
tendería a hacer del lenguaje un elemento sin peso que flotaría
sobre las cosas como una nube. Dicha línea estaría encabezada
por el poeta Cavalcanti. La segunda postura tendería a comunicar
al lenguaje el peso, lo concreto de las cosas, de los cuerpos. Dante sería
el mayor exponente en esta ocasión.
Para justificar dicha teoría, Calvino nos remite a dos obras clásicas
del mundo latino: De rerum natura, de Lucrecio y Metamorfosis, de Ovidio.
Lucrecio tenía pensado escribir el poema de la materia. Pero desde
el comienzo advierte que la realidad de la materia consiste en pequeños
corpúsculos invisibles.En el momento de establecer las leyes mecánicas
que determinas todo el acaecer siente la necesidad de dejar que los átomos
puedan desviarse de la línea recta con la intención de garantizar
la libertad de la materia y de los seres humanos. "Esa poesía
de lo invisible, de potencialidades imprevisibles, nace de un poeta que
no tiene dudas sobre la fisicidad del mundo".
En Metamorfosis Ovidio admite que todo puede mutar, que todo puede transformarse,
metamorfosearse en nuevas formas.
El mundo de Lucrecio está formado por átomos inalterables.
El de Ovidio está hecho de atributos, de formas que definen la
diversidad de cada cosa, planta, animal o persona. Esas formas son envolturas
de una sustancia común que puede transformarse en algo diferente.
"Tanto en Lucrecio como en Ovidio la levedad es una manera de ver
el mundo fundada en la filosofía y en la ciencia: las doctrinas
de Epicuro para Lucrecio y las doctrinas de Pitágoras para Ovidio".
Como habíamos dicho, Cavalcanti sería el poeta de la levedad.
En los poemas los personajes, más que seres humanos, parecen imágenes
ópticas o impulsos o mensajes inmateriales llamados por él
mismo "espíritus". Uno de los sonetos de Cavalcanti se
inicia con una enumeración de imágenes de la belleza, destinadas
a ser superadas por la belleza de la mujer amada: "Beldad que tenga
corazón sapiente,/ señores de armas sin perder el tino,/
garlar las aves y de amor la gente,/zafadas naos por mar a todo lino,//
aire sereno en el calor de oriente,/ sin viento alguno de manso nevar
fino/ ribera de agua y prado floreciente,/ preseas de oro y plata y en
turquino."
El verso "y blanca nieve que cae sin viento"(traducción
literal) lo toma Dante, con pocas variantes, en el Infierno: "como
nieve en los Alpes, si no hay viento". Expresan dos concepciones
distintas. La nieve sin viento indica un movimiento leve
pausado y en silencio. El verso de Dante está dominado por la especificación
del lugar que remite a un marco montañoso. Sin embargo, Cavalcanti
consigue abstraer el espacio mediante el adjetivo "blanca" unido
al verbo "bajar", que borran el paisaje. La escena Dantesca
es metafórica ( introducida por el adverbio "como" ).
Mediante la imagen de la nieve ilustra el dramático paisaje del
infierno bajo una lluvia de fuego. Todo adquiere consistencia y estabilidad.
En otro verso muy similar observamos la pesadez de un cuerpo que se hunde
en el agua: "como en agua profunda cosa grave" ( Paraíso
III,123).
Nos ha parecido interesante citarlo ya que con anterioridad también
hemos hablado de la figura de Cavalcanti.
DE CAMINO HACIA LA COMEDIA. DE CAMINO HACIA LA DIVINA BEATRIZ.
Dante encuentra
por primera vez a Beatriz cuando ambos cuentan con unos nueve años
e inmediatamente se enamora de ella. Nueve años más tarde
la encuentra por segunda vez y cuando se retira y se halla entregado a
sus pensamientos, tiene una visión. En adelante, la mayor dicha
del poeta será recibir el saludo de Beatriz y su mayor cuidado
ocultar, fingiendo amar a otra dama, que ella sea el objeto de su indisimulable
pasión. Un saludo que suele describirse en la mayoría de
los casos como una mirada, como la luz de unos ojos. Lo veremos más
adelante.
Pero un día Beatriz, a la que han llegado noticias de la otra dama,
le niega su saludo. Poco después se le presenta por segunda vez
el Amor y pronuncia unas palabras que Dante no comprende y que son una
profecía de la muerte de Beatriz. Dante no tarda en encontrar a
un grupo de damas, a las que declara que si el fin de su amor había
sido antes el saludo de su dama, su felicidad residía ahora en
las palabras que alaban a su señora. A partir de entonces, Dante
se propone hablar siempre de Beatriz en su poesía y le parece que
la empresa es demasiado alta para él, de manera que no se decide
a comenzarla. Pero acabará escribiendo:
Lleva a Amor
en los ojos mi señora,
Conque ennoblece a todo cuanto mira;
todos se vuelven al pasar, e inspira
Temor al que saluda, y le enamora;
pues, bajando los ojos, en tal hora
por sus defectos, pálido, suspira:
Huyen delante de ella orgullo e ira.
A honrarla, damas, ayudadme ahora.
Todo dulzor y humilde pensamiento
nace en el corazón que hablar la siente,
y quien la ve primero es alabado.
Decir o recordar es vano intento
qué parece al mostrarse sonriente,
pues milagro es gentil e inusitado.
Poco después
muere el padre de Beatriz y, pasados no muchos días, Dante sufre
una dolorosa enfermedad, en el transcurso de la cual tiene una pesadilla
provocada por el pensamiento de que Beatriz ha de morir necesariamente.
En la pesadilla hay terremotos, se oscurecen las estrellas y los pájaros
que volaban caen muertos a tierra... Los signos de la muerte de Beatriz
son muy semejantes a los que se produjeron con motivo de la de Cristo.
Beatriz muere y tras llorarla, Dante observa un día que una dama
le mira desde una ventana como compadeciéndose de sus dolor, y
piensa que puede habérsele aparecido por deseo del Amor, para que
su vida se repose. Podemos ver lo que decíamos más adelante.
Cuanto más nos acerquemos a la Comedia, la mirada tiene mayor fuerza
redentora.
Sin embargo el poeta se resiste a la nueva pasión naciente y a
la hora nona de un feliz día imagina que Beatriz se le presenta
vestida de rojo, y le parece que bajo la misma figura que cuando la vio
por vez primera.
La obra termina con la noticia de que Dante tuvo una nueva visión
admirable de la que no da cuenta a sus lectores.
Precisemos algunos aspectos determinantes. Los trovadores no supieron
hacer compatible el amor de la mujer con el amor a Dios. El amor a la
domina, a la dama, era por su propia naturaleza una desviación
del camino que lleva al cielo. Al final, el poeta reconoce que este amor
es una especie de error juvenil y, como es el caso, real o legendario,
pero muy significativo, que gran número de trovadores termina por
hacer penitencia, llegando en ocasiones a terminar sus días en
un convento. Los fieles de Amor, al considerar a la dama angelical como
una muestra del esplendor celestial, no habían resuelto el problema
de la incompatibilidad entre el amor carnal y el amor cristiano y ello
fue la causa de la visión un tanto catastrófica del amor.
La superación en Dante es significativa. Hace ver, mediante la
exposición del significado y de las circunstancias que concurrieron
a la composición de los poemas, que el amor por una mujer puede
ser no sólo compatible con el amor a Dios sino también un
camino para elevarse a Él. Si Dios envía a una mujer privilegiada
al mundo para que sea reflejo de su gloria, su amante no se sentirá
detenido por ella en su vía ascendente hacia el cielo, sino que
este amor será prenda segura de salvación. Si Beatriz puede
ser un milagro, la actitud del poeta sabrá encontrar el camino
hacia Dios amándola cada vez más y de manera más
espiritual. Dante cantará los efectos de su pasión, de la
belleza y las actitudes de la amada en él. Pero una novedad importante
se producirá cuando Beatriz le niegue el saludo: a partir de entonces,
el poeta se limitará a cantar a la amada, a describir objetivamente
sus excelencias, independientemente de sus propios sentimientos personales.
Y cuando ésta muere, no dará por desaparecido su amor, pues
Beatriz, al entrar en el reino de los cielos, se habrá convertido
en la garantía de salvación del poeta mientras su amor por
ella sea una realidad. Nos vamos acercando cada vez más a la Comedia.
Para ello, no podemos dejar pasar por alto las aportaciones que hace en
otros lugares.
En El Convite, tratado segundo, Dante toca la cuestión, fundamental
para la comprensión de la Comedia, de las interpretaciones literal
y alegórica de los escritos y dice que éstos se pueden y
deben exponer principalmente según cuatro sentidos. Según
el literal, no se entiende más allá de las palabras ficticias
de los poetas, mientras el alegórico es aquel que se oculta bajo
el manto de la fabulación, y es una verdad escondida bajo una bella
mentira. El tercer sentido se llama moral y es el que los lectores deben
andar atentamente acechando para tener utilidad de su lectura; el cuarto,
llamado anagógico, se obtiene al exponer espiritualmente un escrito
el cual, aunque sea verdadero en el sentido literal, por medio de las
cosas significadas trata de las cosas sublimes de la eternal gloria. Nosotros
trataremos de dar una visión más pormenorizada a través
de las opiniones de Várvaro, Auerbach y Crespo.
Entraremos a continuación en el estudio de la Divina Comedia. Somos
conscientes de que con este trabajo no abarcaremos el estudio completo
de semejante obra. Por eso, nos centraremos en los aspectos que nos parecen
más significativos. Podemos situarla dentro del mundo cristiano
entendido según la tradición escolástica de entonces.
Partiendo de este punto, nos ha de parecer lógico que el mundo
que propone Dante no pueda expresarse tan sólo poéticamente,
sino que es necesario acudir a la tradición clásica. Por
ejemplo, podemos citar la apelación a las musas, la llamada a Apolo
en el Paraíso, etc. Pero es que el poeta no se queda ahí,
en su obra mantiene un esfuerzo constante por encontrar ejemplos y figuras
de la Antigüedad con las que reforzar todas las imágenes bíblicas.
El mundo clásico adquiere una gran importancia tanto en la Alta
como en la Baja Edad Media, recibiendo un impulso decisivo durante el
Humanismo. Sin la autoridad clásica con había forma de elaborar
un poema sacro con finalidad doctrinal, según decía Santo
Tomás de Aquino. No se admitía que un texto poético
pudiera ser texto alegórico para una glosa de aleccionamiento cristiano,
pues ésta era una función reservada a los textos bíblicos.
Por otro lado hay que recordar que sólo podía ser texto
poético un texto latino, es decir, pagano. Dante haría un
enorme poema teológico basado en numerosos presupuestos bíblicos,
texto que autoriza de la única manera literalmente válida:
incorporando la Antigüedad, centrada en Virgilio.
Para explicar la concepción del mundo dantesco tomaremos la autoridad
de Jorge Luis Borges y sus Nueve ensayos dantescos. La astronomía
ptolomaica y la teología cristiana describen el universo de Dante.
La tierra es una esfera inmóvil: en el centro del hemisferio boreal
está la montaña de Sión; a 90º de la montaña,
al oriente, desemboca el río Ganges; al poniente nace el Ebro.
El hemisferio austral es de agua, no de tierra, y ha sido vedado a los
hombres; en el centro hay un monte antípoda de Sión, la
montaña del Purgatorio. Los dos ríos y las dos montañas
equidistantes inscriben en la esfera una cruz. Bajo la montaña
de Sión se abre hasta el centro de la tierra un cono invertido,
el Infierno, dividido en círculos decrecientes. Los círculos
son nueve: los cinco primeros forman el Alto Infierno, los cuatro últimos,
el Inferior. Una grieta que abrieron en la roca las aguas del Leteo comunica
el fondo del Infierno con la base del Purgatorio. Esta montaña
es una isla y tiene una puerta. En su ladera se escalonan terrazas que
significan los pecados mortales; el jardín del Edén florece
en la cumbre. Giran en torno de la tierra nueve esferas concéntricas:
siete cielos planetarios; la octava, el cielo de las estrellas fijas;
la novena, el cielo cristalino o Primer Móvil. A éste lo
rodea el Empíreo, donde la rosa de los justos se abre alrededor
de un punto, que es Dios. Según Borges, el mundo dantesco está
supeditado a los prestigios del uno y del tres y del círculo. En
el Demiurgo se juzgó que el movimiento más perfecto era
la rotación y el cuerpo más perfecto, la esfera. Dante no
se propuso establecer la verdadera topografía del otro mundo. Escribió
en su famosa epístola a Casagrande que el sujeto de su comedia
es el estado de las almas después de la muerte y, alegóricamente,
el hombre, en cuanto por sus méritos o deméritos, se hace
acreedor a los castigos o a las recompensas divinas.
Ha surgido la cuestión numérica. A lo largo de las tres
partes que conforman el libro( Infierno, Purgatorio, Paraíso ),
encontramos referencias a números mágicos con un significado
especial. Todo va organizado en números mágicos, grupos
de santos o de autores clásicos, de siete en siete; la misma Beatriz,
a la que algunos críticos llaman "doña Nueve",
es reflejo de lo dicho. Pero sin duda lo más destacable es la unidad
pitagórica de las formas métricas del poema: pueden verse
tres partes, cada cual con treinta y tres cantos, la primera con uno más
de entrada, completándose así el centenar, otro número
mágico, perfecto. La obra está escrita en tercetos encadenados
hasta cerrar cada canto en un cuarteto. Lo único que queda relativamente
libre es el número de endecasílabos de cada canto, unos
ciento cuarenta y dos. Pero si sumamos cada uno de los dígitos
de la misma, veremos que da siete, de nuevo un número simbólico.
"ese
uno y dos y tres que siempre vive
y reina siempre en tres y en dos y en uno,
no circunscrito, y todo circunscribe,
tres veces era cantado por cada uno". (Paraíso, XIV, 28-31)
Son tres las personas de la Santísima Trinidad, y conforman una.
Dante nos ofrece un libro dividido en tres partes, de esa forma refleja
la concepción cristiana, convierte esos números en símbolos,
signaturas. Son siete los pecados capitales según el cristianismo
e igualmente siete son las P que con su espada traza un ángel en
la frente de Dante cuando está visitando el Purgatorio. No olvidemos
que siete son los sellos de los que se nos habla en el Apocalipsis, siete
son las plagas, siete las copas de la ira de Dios.
Dante tenía la mágica edad de nueve años cuando se
enamoró de una niña que iba a cumplir ese mismo número
de años. A la niña se la conoce como Beatriz, dadora de
bienaventuranzas. Recordemos que son nueve las Bienaventuranzas y nueve
son los círculos angélicos en el Paraíso, y nueve
los círculos infernales.
Unas líneas más arriba hemos hecho mención al término
signatura. ¿Qué significa? Veamos algunos ejemplos:
"Existe
un orden entre todas
las cosas, y esto es causa de que sea
a Dios el universo semejante" ( Paraíso I, 103-105 )
"y el cielo al que embellecen tantas luces,
de la mente profunda que lo mueve
toma la imagen y la imprime en ellas."
( Paraíso, II. 129-132)
"mostrando
que cualquier naturaleza
menor, es sólo un corto receptáculo
del bien que no se acaba y no se mide" ( Paraíso, XIX, 49-51
)
"y siguió:
un grato y lejano deseo,
tomado de leer el gran volumen
del cual el blanco y negro no se mudan"
( Paraíso, XV, 49-51 )
Al hacer
una lectura de estos cuatro fragmentos que hemos tomado como posibles
ejemplos aclaratorios va a cobrar un protagonismo absoluto la pareja Semejanza
/ Signatura característica de todos los textos medievales. Pero
no sólo la dicha pareja sino también la idea de Libro como
libro sagrado o Libro de Dios.
Hasta finales del siglo XVI, y siguiendo los presupuestos de Foucault,
la semejanza desempeña "un papel constructivo en el saber
de la cultura occidental", guía la interpretación de
los textos. La tierra, por ejemplo, era una repetición del cielo,
los rostros se reflejaban en los astros, etc. La semejanza era la forma
invisible de lo que en el fondo del mundo hacía que las cosas fueran
visibles. Juan Carlos Rodríguez en Teoría e historia de
la producción ideológica , introduce el término de
Sustancia. Para entender esta teoría tenemos que remontarnos a
la metáfora del Cuerpo. El cuerpo va a aparecer desde el punto
de vista exterior. Es un organismo jerarquizado en el que cada miembro
tiene una misión y es de existencia unitaria. Por tanto, el concepto
fundamental sería el de Orden. Todo está basado en la idea
de un mundo estático. Pues bien, en este concepto de cuerpo no
hay vida interior. Lo realmente importante es la Exterioridad. Por ejemplo,
en la Edad Media se negaba que la sangre corriese por las venas. No se
trata, por tanto, de vida interior sino de unidad jerárquica exterior.
El interior de las cosas es Inmutable porque encierra la voluntad divina.
Es lo que se conoce como Sustancia, esencia donde está la voluntad
divina. Sustancia sería una esencia interior del signo.
Para que esta forma saliese a la luz era necesaria una figura visible
que la sacase de su invisibilidad, es decir, era necesaria una signatura,
una marca (signo) . Todas las semejanzas exigen, pues, una signatura debido
a que ninguna de ellas podría ser notada si no estuviera marcada
de manera legible. El mundo está cubierto de signos que es necesario
descifra. Conocer será interpretar.
En los ejemplos expuestos anteriormente aparece la imagen del "gran
volumen". Si Dios ha depositado sobre la faz de la tierra unas marcas
visibles, también las ha depositado en la Escritura. ¿ Por
qué es tan importante el concepto de Interpretación? Cuando
se está en presencia del Señor uno puede conocer directamente
su voluntad. Pero si temimos en cuenta que la cultura medieval es una
cultura de la distancia, debido a la idea de destierro, se hace evidente
la necesidad de búsqueda. Hay que interpretar las huellas que ha
dejado el Señor. En consecuencia, si el hombre vive en la distancia
necesita de mensajeros que favorezcan esa comunicación entre señor
y siervo. En los textos tenemos el ejemplo de los arcángeles de
los poemas épicos.
Para esta mentalidad la Escritura posee un papel crucial, debido al carácter
de ideología sacralizada. El orden de las palabras será
la consecuencia de la voluntad divina. En este sentido la idea del libro
será fundamental pues la imagen de Dios está encerrada en
esa Libro de Dios, en la Biblia. Cuando se hable de Mundo, se hablará
de mundo de la Naturaleza, reflejo degradado del Libro de Dios. Es todo
un juego de espejos. Así, la tierra se concibe como reflejo de
la jerarquía divina. En el cielo hay un Señor, unos Ángeles
que se dividen en varias categorías como Arcángeles, Tronos
y Dominaciones, y Santos. En el orden social se establece un paralelismo:
Rey, la Nobleza, dividida a su vez en Marqueses, Condes y Duques, y Siervos.
Las Escrituras son, pues, sustancias aparenciales que reenvían
a una estructura superior que las desvela, la voz de Dios.
Henri de
Lubac, uno de los más serios y documentados estudiosos de los métodos
exegéticos medievales se hace eco del deseo de Dante de asimilar
su obra, en la medida de los posible, y en cuanto a su intención
simbólica, a la propia Biblia.
En la Carta XIII, dirigida a Cangrande della Scala leemos: "...el
sentido de esta obra no es único, sino que puede llamársela
polisémica, es decir, de muchos sentidos; en efecto, el primer
sentido es el que procede de la letra, el otro es el que se obtiene del
significado a través de la letra. El primero es llamado literal,
y el segundo alegórico o moral o anagógico.[...] En efecto,
alegoría viene del griego alleon, que en latín se dice alienum
o diversum."
Estas líneas indican que Dante deseaba una lectura alegórica
de la Comedia. Es lo que hicieron sus comentaristas medievales. Con el
tiempo se fue perdiendo el gusto por la alegoría y los primeros
dantistas modernos o bien prescindieron de ella o dieron a la interpretación
simbólico-alegórica de los escritos de Dante un sentido
esotérico que parece ajeno a sus propósitos.
Sobre la alegoría, Várvaro dice que "de ninguna manera
es un procedimiento creado por el cristianismo. El procedimiento se remonta
a épocas anteriores, de las que los cristianos la heredaron. En
tiempos remotos la poesía perdió su contenido mágico,
pero no dejó de ser considerada útil; para ser útil
tenía que ser verdadera. Esta es la concepción de Hesíodo.
Pero cuando en el VII antes de Cristo el pensamiento "racionalista"
vino a sustituir formas más arcaicas se presentó la necesidad
de encontrar una nueva interpretación para los mitos religiosos
y poéticos, especialmente para los cantados por Homero. Esta nueva
interpretación es sin duda una lectura alegórica capaz de
desvelar en los textos del ayer la verdad del presente.[...] La adopción
del método pro los cristianos se halla presente ya en San Pablo.
La exégesis alegórica no sólo multiplicaba los sentidos
de un texto, sino que daba amplio despliegue a sus ecos y conexiones.
Dice Beda: los textos no se estudiaban únicamente como testigos
del pasado, como documentos muertos. Había la constante preocupación
de alcanzar una meta práctica: la formación del cristiano.
Tomar en consideración un texto es sumergirlo en un tejido de problemas
contemporáneos para que proponga soluciones útiles para
éstos".
Várvaro coincide con Auerbach y con Crespo en torno a la denominación
de figura o interpretación figural. Los medievales leían
el Antiguo Testamento como un conjunto de figuras, especialmente del Nuevo.
Todos y cada uno de los personajes que aparecen en la Comedia son citados,
no por el conjunto de sus vidas, sino por un acto o circunstancia que
los convierte en figura de algo o de alguien, sobre todo de alguien. La
Divina Comedia es un texto que imita la realidad, dentro de la cual tienen
cabida todos los campos imaginables de lo real.
Imitación de la realidad es imitación de la experiencia
sensible en la vida terrestre, de cuyas características parecen
formar parte la historicidad, el cambio y el desarrollo.
Dante lleva consigo al más allá la historicidad terrenal.
La existencia terrena se conserva porque sirve de fundamento al juicio
divino y a la situación eterna en que el alma se encuentra.
Por interpretación figural o figura se entiende un método
que permite hallar conexiones íntimas entre el Antiguo y el Nuevo
Testamento, es decir, cada acaecer el Antiguo Testamento es concebido
como figura, que logra realidad plena por las apariciones y acaeceres
de la encarnación de Cristo. Se da, pues, una íntima compenetración
de hechos que se corresponden desde dos extremos temporales.
Es Ángel Crespo quien logra distinguir de manera clara entre el
concepto de alegoría y el de figura. La figura, dice el crítico,
"es una forma de alegoría, pero notablemente distinta de la
que podríamos llamar típica, entre otras cosas porque los
personajes de ésta son invenciones de los poetas, mientras las
figuras son personajes reales, histórica o literariamente, en los
que el poeta descubre la característica que les permite serlo.
Digamos que mientras la alegoría típica es una invención
pagana, la figura es una creación puramente cristiana y , para
Dante, que fue su máximo perfeccionador, relativamente moderna."
Enlazamos de esta manera con lo dicho por Várvaro sobre la alegoría.
La estructura de la obra es tripartita, representa los tres estados que
la ideología medieval supone en la existencia del alma. En primer
lugar, el estrato de lo meramente terreno, sensible o natural del alma(Infierno).
En segundo lugar, el estrato en que la ratio intenta imponerse a lo terreno
luchando contra él y venciéndolo por medio de expiaciones(Purgatorio).
Por último, el estrato en que el espíritu se libera de la
carne y aparece como espíritu puro, lo que corresponde a la esfera
celeste, al último círculo.
Dante plasma lo que es la propia base de la epistemología feudal,
la relación directa entre vida celeste y vida terrestre. Tres estratos
del alma en esta vida que partiendo de lo natural deben luchar hasta hacerse
espiritual y que se corresponden con los tres estratos del alma en el
más allá, que sólo a Dante le es permitido atravesar.
La vida terrena es idéntica a la vida tras la muerte. Sólo
hay una diferencia. La muerte significa inmovilidad. Las almas condenadas
no pueden salir de sus esferas.
También Curtius hace alguna aproximación sobre esto: "la
obra se mueve dentro de lo trascendental, pero sin embargo podemos percibir
el aliento de la historia, la pasión del presente. La temporalidad
y la intemporalidad se funden y se superponen."
Por tanto, y después de lo dicho, podemos afirmar que la aparición
de personajes como Beatriz o Virgilio es una consumación de su
aparición terrestre. Se establecen conexiones entre los personajes
y sus realidades históricas pasadas. Beatriz y Virgilio no son
alegorías de algo sino figuras, personas históricas que
realizan en el poema algo que se dio figuradamente en sus vidas.
Aún así hay críticos que afirman que Beatriz tiene
algo de alegoría de la sabiduría teológica y es figura
del alma bienaventurada que Dante aspira a ser; y es precisamente esta
última característica la que nos induce a considerar en
ella un carácter realista dentro de las coordenadas de la Comedia.
Porque, como afirma Etienne Gilson, no hay obstáculo en considerar
que la Beatriz histórica sea la sabia que le conduce a través
de las esferas celestes, puesto que desde el punto de vista católico
un bienaventurado puede, por concesión especial de Dios, entrar
en contacto con los vivos para instruirlos o amonestarlos. Por ello, no
estamos de acuerdo con la opinión de Ángeles Cardena que
afirma que hay que hablar de la Beatriz de Dante no como amor del poeta
sino por lo que simbólicamente representa, la peregrinación
del poeta.
Hablemos sobre Beatriz, a nuestro entender, núcleo alrededor del
cual se mueve toda la obra. La mujer ha inspirado miles de versos, cientos
de obras, en todas las épocas y en todos los lugares. La cuestión
es cómo se ha expresado eso en el transcurso de los siglos. La
maravilla a la que asistimos no es otra que la de la atracción
hacia una dama, todo adornado y enmarcado a través de un poema
teológico. Es curioso que una de las palabras que más se
repiten a lo largo de la obra sea "ojos", unos ojos que ven,
que buscan, que encuentran y que pierden. Unos ojos ansiosos de una visión.
Beatriz funciona como gran teóloga, sobre todo en el Paraíso.
Expone gran parte de la teoría de Tomás de Aquino y de San
Agustín. Es curioso el papel que adopta una mujer, siempre subestimada
en la tradición católica. ¿Por qué entonces
es una mujer la que guía y por la que se mueve el protagonista?
Beatriz es el ideal de belleza. Encontramos continuas referencias a sus
ojos y a su sonrisa. Cuando alude a ella, Dante la llama "mi dulce
guía", "mi dama", "el sol de mis ojos"
y la alba diciéndole "sus santos ojos", "los ojos
hermosos", "su dulce sonrisa". Los ojos y la sonrisa de
Beatriz están omnipresentes en toda la obra. Su figura es un elemento
crucial en todo el libro: es la Luz. En la obra se identifica la vida
eterna, la verdadera vida, con la Luz. Cada intervención de Beatriz
en el Paraíso está encabezada o clausurada por su sonrisa
o por su mirada: siempre sonríe y luego comienza a hablar. En cuanto
a su belleza, sus ojos irán haciéndose más bellos
a medida que suba de esfera en esfera, esto es, cuanto más se vaya
acercando a la gloria. En el séptimo cielo ya no ríe, y
explica el poeta el por qué: si riese a esa altura de gloria, le
dejaría fulminado, quemado. En el noveno cielo la belleza de Beatriz
llega a su cúlmen.
A partir del siglo VI las visiones del otro mundo aumentaron extraordinariamente,
llegando a constituir un género literario. Gómez Trueba
afirma que lugar destacado entre los antecedentes del sueño literario
es el de Dante, quien sembró de sueños y visiones infernales
la última Edad Media. Se suele nombrar como modelo de la Comedia
el Sueño de Escipión. Por otro lado se ha dicho que Dante
había caído en un profundo y verdadero sueño místico,
donde se le apareció entera la visión del mundo del más
allá. Fue la voluntad de querer salvar al autor de la acusación
de herejía la que hizo que esta interpretación fuera sustituida
por otra de tipo alegórico. Se narran varios sueños de carácter
profético, pero lo cierto es que el conjunto de la obra no se presenta
como un sueño del narrador, sino como una visión. Sin embargo
algunos versos confirman la identificación del viaje al otro mundo
con el sueño físico. Casi al final, Dante compara su visión
con un sueño:
"Como
aquel que en el sueño ha visto algo,
que tras el sueño la pasión impresa
permanece, y el resto no recuerda,
así estoy yo, que casi se ha extinguido
mi visión, mas destila todavía
en mi pecho el dulzor que nace de ella"(Paraíso, XXXIII, 58-63).
Nosotros
vamos a partir de un verso: Tanto era mi sueño en aquel instante(Infierno,
I, 11). Leamos atentamente los doce primeros versos de la Comedia. Dante
se ha extraviado en una selva salvaje. Lo extraño del relato no
es que el poeta se hubiera perdido en un bosque oscuro, sino que aparece
directamente en él, no sabe cómo ha llegado allí.
Pero si seguimos leyendo, en el verso 11 el propio Dante afirma que se
encontraba dormido, dice textualmente: "tanto era mi sueño
en aquel instante"(tant era pieno di sonno a quel punto). El problema
estaría en aclarar el significado de sonno. Sueño como cansancio,
que evoca el acto del descanso o del dormir, o sueño como realidad
inconscientemente consciente. Si se trata del primer caso, toda la estructura
evocativa de la Comedia no tendría ningún sentido. No sería
necesaria toda la recreación tanto del Infierno como de las restantes
partes.
Por tanto, partimos de la base de que Dante tiene un sueño en el
que se sitúa al comienzo de una selva oscura. Más adelante
escribe que la loba que le cierra el camino hace que muchos vivan tristes.
Lo sabe como sabemos las cosas en los sueños.
El sonno, dice Borges, "sugiere el indefinido comienzo del acto de
soñar". En este acto de soñar todo tiene cabida, desde
el miedo hasta la obsesión, desde la presencia hasta la ausencia.
Y es aquí donde aparece la figura de Beatriz, es decir, a presencia
de una voz y una sonrisa que él sabe perdidas. Si todo es posible
en los sueños, también lo es encontrarse con la persona
deseada.
Pero el hecho decisivo y clave en este momento es la ruptura de los límites
entre realidad y sueño, ambas se entremezclan. Porque, igual que
en la realidad, Beatriz desaparece. Pero con un pequeño matiz.
Si el concepto de amor se estructura a partir de la vista, si Dante se
enamoró de Beatriz sin ser correspondido con su mirada(ver página
7), aquí sus anhelos alcanzan el cenit, pues no sólo la
mirada de la dama se comunica con los ojos de Dante, sino que, antes de
su desaparición, le regala la última sonrisa.
"Así recé; y aquélla, tan lejana
Como la vi, me sonrió mirándome;
luego volvió hacia la fuente incesante"(Paraíso, XXXI,
91-93)
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