ORIGEN
Y EVOLUCIÓN DE
LA LENGUA ITALIANA
por
Alejandra Sánchez |
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INTRODUCCIÓN
El
estudio de las lenguas no puede desligarse del estudio de la historia:
este trabajo investigativo y analítico de las lenguas habladas
en la península italiana a través de su historia es una
demostración más de lo profundamente ligadas que se encuentran
las manifestaciones culturales de un país con los fenómenos
históricos a los que se ven sometidas.
Para
la recopilación de este trabajo se utilizó un concepto fundamental
asociado al estudio de la cultura: toda manifestación cultural
desaparecerá cuando caiga en desuso; esto es muy importante porque
permite comprender que una lengua que no se utiliza es una lengua muerta
y que las lenguas solo existen mientras existan personas que la utilicen,
la fomenten y la enseñen a otros. Las lenguas en realidad són
un concepto abstracto que solo tiene sentido cuando las personas le dan
forma y vida.
De la realización de este trabajo me quedó una enseñanza
muy importante: la tendencia natural del hombre es a interactuar y a crear
nuevas manifestaciones culturales a través de la convivencia, es
por ello que en cuanto se trata de cultura nada es estático porque
es constantemente modificado con la vivencia, el aprendizaje y la comunicación
que es uno de los procesos humanos más importantes y maravillosos
y lo que nos ha llevado a configurar civilizaciones. Uno de mis objetivos
es brindar con este trabajo herramientas para la reflexión sobre
la premisa de que compartir nuestra cultura nos hace crecer, y que con
eso presente nos atrevamos a interactuar con otros seres humanos diferentes
a nosotros, lo más probable es que ese alguien aprenda algo de
ti y que a ti te quede una enseñanza.
El
estudio de las lenguas es una rama muy importante del conocimiento humano,
aunque no soy una experta en la materia utilizaré algunos conceptos
muy sencillos de lingüística que nos permitirán enmarcar
a la lengua italiana dentro de ese contexto y así relacionarla
con otras lenguas hermanas, esto permitirá encontrar características
comunes e indagar sobre las razones que originaron su definitiva separación.
Basándonos
en ese concepto evolutivo de las manifestaciones culturales y por ende
de las lenguas, haremos un recorrido por la historia de las lenguas en
la península italiana, estudiaremos como a partir de una madre
lengua latín a se fue gestando en ese país una de las lenguas
más modernas de la actualidad: el italiano. Ya para cerrar, te
invito a que junto conmigo comprendas el proceso de formación de
una lengua y reflexiones acerca de la realidad de las lenguas en la actualidad
a nivel mundial y con ello saques tus propias conclusiones.
UBICACIÓN
HISTORICO - LINGÜÍSTICA DE LA LENGUA ITALIANA
El
italiano es, al igual que el español y el francés, una lengua
romance, su lengua madre es el latín el cual pertenece a la rama
itálica de la amplia familia indoeuropea conformada por 140 lenguas
habladas hoy día por 2500 millones de personas en el mundo.
Se
dice que el origen de esta numerosa familia lingüística ocurrió
alrededor del 4000 a.C. cuando un grupo de pobladores de Eurasia se fue
dispersando por Europa estableciendo una serie de dialectos que conformaron
la lengua madre de la actual familia indoeuropea. Esa lengua primitiva
se fue diversificando y diferenciando en cada zona geográfica configurando
grupos lingüísticos diversos, se estima que las 11 ramas de
la familia indoeuropea actual se separaron de su lengua madre en el siguiente
orden cronológico:
Segundo milenio antes de Cristo: Anatolia, Indo-irania, Helénica.
Primer milenio antes de Cristo: Itálica, Céltica
Primer milenio después de Cristo: Germánica, Armenia, Tocaria,
Báltica, Eslava, Albanesa.
Una vez que los dialectos se diferenciaron lo suficiente para ser lenguas
separadas, hacia el 2.500 a.C. en la mayoría de los casos, cada
uno siguió su propio camino y las similitudes en sus desarrollos
se deben a los préstamos a través de las fronteras lingüísticas
y culturales.
LAS PRIMERAS LENGUAS HABLADAS EN LA PENÍNSULA ITALIANA.
Al comenzar la historia lingüística de Italia es preciso hacer
una separación de dichas lenguas de acuerdo a su filiación
con otras lenguas y entre si. En Italia, de acuerdo a la filiación
linguistica existieron tres tipos de lenguas: primeramente lenguas no
indoeuropeas (etrusco, ligur, raetico), lenguas indoeuropeas no itálicas
(venetico, mesapico) y finalmente las lenguas indoeuropeas de la rama
italica (osco, umbro, falisco, piceno, volsco y latín).
La lengua contemporánea al latín mas importante en la peninsula
italiana y que ejercio una influencia incalculable sobre la evolución
lingüística de la peninsula fue el etrusco, lengua no indoeuropea
atestiguada por más de 10.000 inscripciones y algunos textos cortos.
Las ciudades estado de la Liga Etrusca, limitadas por los Apeninos, el
Tíber, el Arno y el mar, fueron los vecinos septentrionales de
Roma durante la segunda mitad del primer milenio a.C. Los etruscos aparecen
en la historia hacia el 900 a.C. y su periodo de grandeza política,
económica e ideológica tuvo lugar entre los siglos VIII
al VI a.C. Tras esa etapa se produce un declive de su influencia aunque
las ciudades-estado no fueron absorbidas por el Imperio Romano hasta el
siglo I a.C., se desconoce la fecha hasta la que pervivió como
lengua viva pero se cree que podría haber desaparecido en los albores
de la era cristiana, aunque algunos (Bonfante, 1983: 47) han sugerido
una continuidad "en la lectura y en el uso por los sacerdotes como
lengua sagrada" hasta quizás principios del siglo V.
Uno de los aspectos mas interesantes del etrusco es que se han realizado
repetidos esfuerzos para conectar la lengua etrusca con las indoeuropeas,
o con las de tipo urálico o con las caucásicas, pero no
se ha encontrado relación definida entre el etrusco y ninguna otra
lengua, es por esa razón que es clasificada por los lingüistas
como una lengua aislada. Sin embargo esta lengua dejo un legado a la riqueza
lingüística de la península italiana no solo a través
de su influencia directa sobre el latín : existe un grupo de palabras
latín as de origen etrusco, tales como atrium 'entrada de una casa',
histrio 'actor', o stilus 'instrumento de escritura' y el nombre mismo
de Roma probablemente derivado del gentilicio etrusco Ruma; sino sobre
las otras lenguas tempranas italianas como el osco, umbro, piceno, veneto,
volsco y retico los cuales en su mayoria utilizaron para la escritura
variantes del alfabeto etrusco.
Se piensa que también el ligur, una lengua atestiguada al norte
de los etruscos en unas pocas glosas y nombres locales, fue no indoeuropea,
aunque fuertemente influida por los celtas. Hasta la invasión céltica
(siglo VI a.C.) los ligures habitaban un territorio muy amplio que iba
más o menos del Ródano al Arno y comprendía una parte
del Piamonte, de Provenza, de Lombardía y de Emilia, y especialmente
la región que todavía se llama Liguria, a más de
Córcega, pasada luego a los etruscos. La lengua ligur era hablada
en el siglo III a.C. en la región que hoy corresponde a la Liguria
actual, entre los ríos Rórdano y Arno. Su filiación
genética no está clara pues el material disponible es muy
escaso.
En los Alpes orientales estaba el raético o retico, de difícil
clasificación en parte por la escasa (200 inscripciones encontradas
en Bolzano, Trento, Verona, Vicenza, Padua y Treviso, en el norte de Italia,
en el Tirol austríaco, el cantón suizo de los Grisones y
en Eslovenia) cantidad de material disponible. Las inscripciones proceden
del siglo V al año 15 a.C., fecha en la que los romanos conquistaron
los Alpes. Las huellas de la lengua se encuentran casi exclusivamente
en la toponimia, pero ni en este campo són identificables con precisión.
Se sabe que los retios eran un conglomerado de tribus bastante diversas,
fueron parte de los pueblos alpinos sometidos por Augusto, Druso y Tiberio.
Esta evidencia ha hecho pensar que se trata de otra lengua no indoeuropea
al poseer elementos distintivamente no indoeuropeos.
Entre las lenguas de la familia indoeuropea no itálicas presentes
en Italia no se pueden dejar de mencionar al venetico y al raetico. El
venetico fue hablado en lo que corresponde a la actual región de
Venecia al nordeste. Fue la lengua de la cultura oriental de la Edad del
Hierro en la península italiana, su relación con el indoeuropeo
parece estar fuera de duda al tener similitudes con las lenguas germánicas
e itálicas. Hay más de 200 inscripciones cortas que fueron
escritas desde el siglo VI a.C. hasta el I a.C. El declive de esta lengua
se produce con la romanización de la zona a partir del siglo II
a.C.
La lengua mesapica, por su parte, fue hablada al su de Italia durante
los siglos III al I a.C. A causa de la escasez de material disponible
es muy poco lo que se conoce de la lengua, de hecho se puede afirmar que
es indoeuropea pero no se ha podido clasificar dentro de ninguna rama
de la misma, esta lengua utilizo un alfabeto derivado del griego.
Las lenguas itálicas principales fueron: osco, umbro, piceno, volsco,
falisco, siculo y por supuesto el latín.
El osco era el principal lenguaje de Italia central después del
etrusco, también hubo colonias de habla osca esparcidas por lugares
de la Italia meridional y de Sicilia. Básicamente el osco era la
lengua de las tribus samnitas, quienes fueron poderosos antagonistas de
los romanos, los cuales necesitaron años para someterlos. La lengua
se conoce por algunos cientos de inscripciones que se sitúan entre
el 400 a.C. y el siglo I d.C. muchas de las cuales fueron halladas en
Pompeya. Se hablaba en el Samnio y en Campania, en parte de Lucania y
del Brutio, así como por los mamertinos en la colonia sicilaina
de Messana (Mesina).
El umbro se habló en la región que corresponde a la actual
Umbría, pero cuando fueron sometidos por los romanos comenzó
un proceso de declive de su lengua que produjo su desaparición.
De todos los dialectos itálicos es el que mejor conocemos, gracias
sobre todo a las tablas Iguvinas.
La lengua volsca es una lengua itálica que fue hablada al sur del
Latium, en las ciudades de Velitrae, Tarracina, Sora y Arpinum.
La lengua falisca se hablaba al norte de Roma, siendo su principal ciudad
Falerii Veteres, destruida por Roma en el 241 a.C, esta tan estrechamente
ligada a la latín a que en ocasiones se le ha considerado un dialecto
latín o.
La lengua picena fue hablada en la península italiana cerca de
la costa Adriática, entre los ríos Chienti y Sangro.
El nombre de Sicilia procede del pueblo sículo, que habitó
en esta isla durante la etapa pre-clásica, aunque hay autores antiguos
que afirman que también ocuparon la Italia continental. El grueso
de la información sobre esta lengua procede de unas pocas fuentes,
como són algunas palabras citadas en autores griegos o latín
os y en algunas inscripciones, de las cuales la más importante
es el vaso de Centuripe, vasija de arcilla del siglo V o IV a .C. encontrada
en la localidad de ese nombre a 25 kilómetros al suroeste del Etna,
en Sicilia. Parece que la inscripción grabada registra una lengua
indoeuropea.
De todas estas lenguas primitivas de la peninsula italiana la unica que
permanecio en el tiempo y evoluciono para dar como resultado algunas de
las lenguas mas habladas en el mundo actualmente fue el latín.
NACIMIENTO
Y DESARROLLO DEL LATÍN
Tal y como pudimos evidenciar en el punto anterior, en la península
italiana convivian numerosas lenguas antes de que el latín se convirtiera
en la lengua dominante durante el Imperio Romano.
En este complejo escenario lingüístico fue que surgió
y se desarrollo la lengua latín a, su hogar ancestral corresponde
exactamente al Vetus Latium, geograficamente limitada por el río
Tíber al norte, el curso bajo del Anio al nordeste, la cadena de
los Apeninos al este, el territorio Volsciano al sur y el Mar Tirreno
al oeste, en la región italiana del Lacio.
Las inscripciones más antiguas en latín proceden del siglo
VII, el más antiguo y famoso testimonio epigráfico latín
o lo tenemos en la Lapis niger (figura a la derecha), cipo que fue hallado
en 1899 y fechado en los siglos VI-V a.C. La escritura es en bustrófedon
. Se piensa que tuvo un carácter jurídico. El alfabeto utilizado
es un lapso intermedio entre el alfabeto etrusco y el alfabeto latín
o.
En los siglos II y II a.C. hace su aparición, bajo influencia griega,
la literatura latín a clasica, siendo dos de sus más famosos
autores Plauto y Terencio. Es curioso saber que Plauto era umbro, sin
embargo usó para escribir el latín y no su propia lengua.
Se considera que la edad dorada y de plata de la literatura latín
a ocurrió entre los siglos II a.C y II d.C, posteriormente sobrevino
la caida del imperio romano y con ella el latín experimento una
serie de modificaciones que discutiremos mas adelante.
Para el 107 d.C el Imperio Romano habia conquistado: Sicilia, Cerdeña
y Córcega, España, África, el Ilírico, la
Galia meridional y septentrional, la Retia y la Dacia. Al esparcirse la
influencia política y militar de Roma, la lengua latín a
también se difundió tanto en las urbes como en las zonas
rurales, si bien con características dialectales propias. Esta
difusión de la lengua tuvo dos consecuencias fundamentales: la
primera fue un influjo mutuo más o menos considerable entre la
dominante lengua latín a y las lenguas locales; la segunda, en
cierto modo consecuencia de la primera, una diversificación y diferenciación
del latín en las distintas regiones. Mientras el nexo político
con el centro fue fuerte las diferencias fueron limitadas; puesto que
el latín era la lengua oficial para todas las formalidades sociales,
políticas y económicas; pero cuando se debilitó por
motivos políticos hasta romperse del todo, las diferencias se ahondaron.
Es interesante el hecho de que el latín no fue impuesto sobre las
poblaciones sometidas, pero sus habitantes deseaban elevarse culturalmente
adoptando el latín queriendo ser considerados ciudadanos romanos,
este fenómeno ocurre siempre que dos pueblos entablan contacto:
prevalece lingüísticamente el que tiene mayor prestigio. Así
fue como Roma consiguió hacer prevalecer el latín sobre
el etrusco, el osco, el umbro, el galo y sólo en parte sobre el
griego, cuyo prestigio cultural era más grande.
Las poblaciones sometidas antes de perder su lengua a favor del latín,
a través aron un periodo más o menos largo de bilingüismo;
de hecho, algunas de las lenguas prerromanas tuvieron en el territorio
romanizado considerable vitalidad durante mucho tiempo. Se utilizaba el
latín como la lengua formal, pero en la cotidianidad se continuaba
utilizando el dialecto local.
Desde el punto de vista gramatical al latín le falta la variedad
y flexibilidad que tiene el griego, tal vez reflejo de la naturaleza práctica
del pueblo romano, más preocupado con el gobierno y la administración
que con el pensamiento especulativo. En contraste con el griego, el latín
no tiene artículo determinado. Las lenguas modernas derivadas del
latín heredaron de su gramatica: existencia de tres géneros:
masculino, femenino y neutro, los nombres tienen dos números, el
adjetivo concuerda con sus referentes en género y número,
los verbos són transitivos o intransitivos y las formas verbales
finitas o no finitas. El orden de la palabra es muy libre en la etapa
del latín antiguo, aunque en el latín posterior el orden
sujeto, verbo y objeto se establecerá definitivamente y es esta
estructura la que heredariamos las lenguas romances.
EVOLUCIÓN
DEL LATÍN LUEGO DE LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO: NACIMIENTO
DE LAS LENGUAS ROMANCES
Las lenguas romances derivan del latín vulgar del Imperio Romano,
el cual difería del latín culto o literario de los textos
clásicos. La lengua italiana es la que más cercana ha permanecido
al latín mientras que las otras lenguas romances han sido sometidas
a influencias externas: la francesa a las lenguas célticas y germánicas,
la rumana a las eslavas y la española a la árabe. Estas
lenguas constituyen un grupo de idiomas genéticamente afines y
representan, por lo menos en su patrimonio principal, la continuación
del latín sin que haya solución de continuidad entre uno
y los otros. Esta continuidad entre la raíz y los vástagos
es un caso especial pues es algo que no se produce, por ejemplo, entre
las lenguas neoarias de la India con el sánscrito al no ser fraccionamientos
de esta lengua.
A medida que los ejércitos de Roma ampliaban las fronteras del
Imperio, el latín iba siendo introducido como lengua de la administración.
El latín hablado que era uniforme al principio, ya comenzaba a
dar muestras de diferenciación respecto al latín de la literatura
clásica. Al producirse el derrumbe del Imperio y la desaparición
de la administración romana, el latín de cada región
comenzó a evolucionar según criterios propios. Sumado a
eso la gran distancia que separaba unas regiones de otras y las influencias
de otras lenguas locales, todo ello ocasionó en consecuencia el
nacimiento de las lenguas romances.
Latín
vulgar, incluyendo el período patrístico, siglo II al V
d.C. Donde se incluye la Vulgata de San Jieron imo o las obras de San
Agustín.
Período medieval, siglo VI al XIV. La literatura latín a
continúa pero emergen las lenguas romances.
Siglo XV hasta ahora. Redescubrimiento del latín de la Edad de
Oro en el renacimiento. El latín vulgar continúa siendo
usado por los eruditos hasta el siglo XVII, como Isaac Newton, y por la
Iglesia Católica Romana (obligatorio hasta mediados del siglo XX).
EL
ITALIANO: NACIMIENTO Y FORMALIZACIÓN
ejemplo textual más antiguo en italiano procede del siglo X. En
los siguientes 300 años la poesía fue escrita en varios
dialectos hasta que el toscano surgió como una de las lenguas literarias
más grandes del mundo por el genio de Dante Alighieri (1265-1321).
La Divina Comedia fue escrita entre 1310 y 1314. Petrarca y Boccaccio
completan el trío de grandes escritores del siglo XIV. El prestigio
que adquirió el toscano, específicamente el florentino,
fue corroborado en el siglo XIX, cuando la unión política
puso la cuestión de la lengua unificada en candelero. Alessandro
Manzoni, que presidió el comité que tomó esta decisión,
fue impelido a reescribir su obra maestra I Promessi Sposi en toscano
florentino, habiéndola escrito primero en lombardo.
En las historias de la literatura italiana suelen consignarse como primeros
documentos del italiano las fórmulas de juramento del placito capuano,
decisión jurídica redactada en Capua en 960; sin embargo,
habría un monumento anterior, en caso de que pueda considerárselo
decididamente vulgar y es la adivinanza veronesa escrita en un oracional
mozárabe del siglo VIII o IX a más tardar, que dice:
separebabouesalbaprataliaaraba & albauersoriiteneba & negrosemen
seminaba
gratiastibiagimusomnipotenssempiternedeus.
La reconstrucción de ese texto sería la siguiente:
Boves se pareba
e(t) albo versorio teneba,
alba pratalia areba
e negro semen semineba.
La fórmula del juramento del placito capuano de marzo de 960 pronunciada
por el juez Arechisi para dirimir un pleito entre el monasterio de Montecasino
y Rodelgrimo d'Aquino, está redactada en latín pero el testimonio
se reproduce con las mismas palabras de la lengua vulgar con que se pronunció;
como es demasiado largo sólo reproducimos unos renglones que contienen
la frase vulgar (en letras cursivas):
'...Ille autem, tenes in manum predicta abbrebiatura, que memorato Rodelgrimo
hostenserat, et cum alia manu tetigit eam, et testificando dixit: Sao
ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette
parte Sancti Benedicti. Deinde ante nos benire fecimus predictum Teodemendum
diaconum et monachum, quem similiter monuimus de timore Domini, ut quicquid
de causa ista ueraciter sciret diceter ipsos. Ille autem, tenens in manum
predicta abberbiatura, et cum alia manu tangens eam, et testificando dixit:
Sao ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette
parte sancti Benedicti. Nobissime autem fecimus ante nos benire memoratum
Garipertum clericum et notarium, et ipsum similiter monuimus de timore
Domini et quod veraciter sciret de causa ista diceret eos...'
De Raimbaut de Vaqueiras, que citamos a propósito del gascón,
tenemos una segunda copla en italiano:
Io
són quel que ben nón aio,
ni jamai nón l'averò,
ni per april ni per maio,
si per madona nón l'ò:
certo que en so lengaio
sa gran beutà dir nón so,
chu fresca qe flor de glaio:
per qe no me'n partiró.
Del mismo Raimbaut es notable una discusión bilingüe entre
un trovador provenzal y una dama genovesa; a una estrofa en provenzal,
puesta en boca del juglar, sigue otra en genovés, atribuida a la
dama. La fecha es de seguro anterior a 1194. La primera estrofa genovesa
es la siguiente:
'Jujar,
voi no se' corteso, qe me chaidejai de zo, qe niente no farò. Ance
fossi voi apeso! vostr'amia no serò. Certo, ja ve scanerò
pronezal malaurao! Tal enojo ve dirò; sozo, mozo, escalvao! Ni
za voi no amerò, q' e' chu bello marì ò, qe voi no
se', ben lo so. Andai via, frar', en tempo millorado.'
Dante,
Petrarca y Bocaccio
Los poetas sicilianos
Los monjes
FRANCESCO
BEMBO
Establecimiento del toscano florentino, cuando y por que
Consecuencias
Introducción
Vista preliminar de la secciónLiteratura italiana, literatura escrita
en lengua italiana desde el siglo XIII, aproximadamente, hasta nuestros
días.
2 Edad media
Vista preliminar de la secciónAntes del siglo XIII, el lenguaje
literario de Italia era el latín, que fue utilizado para la redacción
de crónicas, poemas históricos, leyendas heroicas, vidas
de santos, poemas religiosos y trabajos didácticos y científicos.
Además de quienes utilizaban el latín, había numerosos
escritores que se expresaban en francés o en provenzal, la lengua
de Provenza, región del sur de Francia, y que tomaban prestadas
de otras lenguas las estructuras de los versos y los temas de sus composiciones.
Entre las distintas formas poéticas, la más extendida era
la canción provenzal. Entre los temas literarios, los más
frecuentes eran los relacionados con las hazañas de los héroes
de la antigüedad, los caballeros del rey Arturo y los paladines de
Carlomagno. Las gestas de Carlomagno aparecieron en lengua vernácula
franco-veneciana, y fueron ulteriormente latín izados en Toscana.
Estos textos, además de atraer la atención por parte de
los lectores, suministraron inagotables temas de caballería a las
generaciones siguientes de poetas italianos.
2.1 Siglo XIII y comienzos del XIV
Los primeros textos poéticos escritos en lengua italiana fueron
los de la llamada escuela siciliana, en estrecho contacto con la corte
de Federico II y de su hijo Manfredo, emperadores del Sacro Imperio Romano
Germánico, ambos de la familia Hohenstaufen, de origen germano,
aunque establecidos en Sicilia, sur de Italia, con el fin de administrar
mejor sus posesiones en esa parte de su Imperio. Bajo la influencia árabe,
Sicilia se convirtió en uno de los centros importantes de cultura
de la Europa del siglo XIII. La poesía de la escuela siciliana,
a pesar de estar escrita en italiano, no poseía carácter
de literatura nacional. Se trataba, por lo general, de una poesía
de amor cortés, que seguía muy de cerca, a veces hasta demasiado,
y de un modo bastante torpe, los cánones de la poesía provenzal
en auge en ese momento. Pertenecieron a esta escuela poetas de la talla
de Giacomo Pugliese y Rinaldo d’Aquino.
Después de la caída de la dinastía Hohenstaufen,
en 1254, el centro de la poesía italiana se trasladó a dos
ciudades: Arezzo, conocida por el trabajo que en ella desarrolló
Guittone d’Arezzo, y Bolonia, ciudad del innovador Guido Guinizelli.
Guittone d’Arezzo y sus seguidores produjieron poca poesía
digna de mención, mientras que Guinizelli creó el Dolce
Stil Nuovo, una expresión utilizada por Dante en la Divina Comedia
para describir el delicado lenguaje necesario para escribir poesías
de amor. Los poetas seguidores de este estilo no escriben sobre el amor
cortés de la tradición provenzal o siciliana, en aquel entonces
un concepto ampliamente extendido, sino sobre un amor de tipo platónico,
en el cual el atractivo de la amada despierta en el poeta sentimientos
espirituales e ilumina su alma para comprender la belleza divina. El más
importante de los poetas italianos, Dante Alighieri, quien admiraba a
Guinizelli, escribió su primer libro de poemas, una obra maestra
de la literatura italiana del siglo XIII, La vita nuova (Vida nueva, 1292),
siguiendo el “nuevo estilo”. En este libro, la prosa narrativa
se alterna con fragmentos en verso para describir el idealizado amor del
poeta hacia su adorada Beatriz. Dante, al igual que los demás poetas
del Dolce Stil Nuovo, en especial Guido Cavalcanti y Cino da Pistoia,
contribuyó a hacer de su época una de las más fructíferas
e interesantes de la literatura italiana.
Por esos mismos años apareció otro estilo de poesía
también muy característico e innovador, la poesía
devocional que cultivó san Francisco de Asís, cuyo Cantico
delle creature o Canticus creaturarum (Cántico de las criaturas)
ensalza el amor que Dios siente hacia todos lo frutos de su Creación,
y no sólo hacia los seres humanos. Estos sentimientos aparecen
expresados con toda claridad en una colección de leyendas en verso,
Fioretti di san Francesco (Las florecillas de san Francisco), basadas
en la vida del santo de Asís. Durante todo el siglo fueron apareciendo
otros poetas franciscanos, entre ellos uno con una imaginación
dantesca, Jacopone da Todi, a quien se le atribuye el himno en latín
más famoso de esta época, el Stabat Mater, así como
la lauda dramática en lengua vulgar Donna del Paradiso.
El poeta por excelencia del trecento italiano (siglo XIV), Dante, es también
una de las grandes figuras de la literatura universal. Admirable por la
claridad de su pensamiento, la viveza y fluidez de su poesía, y
la imaginación desbordante, fue uno de los poetas que más
decididamente contribuyieron a establecer el italiano como lengua literaria,
por su frecuente uso de la lengua vernácula en lugar del latín.
De vulgari elocuentia (1304), aunque escrito en latín, es una encendida
defensa del italiano como lengua apropiada para la literatura.
Los amplios conocimientos del poeta sobre la cultura de su tiempo le convirtieron
en el principal intérprete de la sensibilidad y los ideales de
la edad media europea. Así, su obra Il convivio, escrita durante
los primeros años del siglo XIV, es casi una enciclopedia del saber
europeo de la época. A su amplia erudición, Dante añadió
las numerosas experiencias que le proporcionaron sus variadas actividades
en el terreno de la vida pública, pues desempeñó
el cargo de magistrado en Florencia y tomó parte activa en las
polémicas y enfrentamientos de su ciudad. Sus convicciones políticas
le llevaron al destierro y se reflejan en su tratado De Monarchia. Escrito
en latín, en él defendía la constitución de
un estado imperial que absorbiera los numerosos estados europeos enfrentados
entre sí por conflictos regionales. Abogaba asimismo por la separación
entre Iglesia y Estado, y por una justicia basada en las leyes del antiguo
Imperio romano.
Comenzó a escribir su obra más importante, Divina Comedia,
probablemente hacia 1307. La escribió en lengua vernácula
con la intención de llegar a mucha gente y transmitir de un modo
más directo y efectivo sus ideas. Se trata de un extenso poema
que recurre a la filosofía y la teología de la época,
en el que utiliza a conocidos personajes de los siglos XIII y XIV, y plantea
las polémicas que surgían en aquellos tiempos. En su forma,
es una visita guiada a través de los tres mundos de la teología
medieval (Infierno, Purgatorio y Paraíso) en la cual los dos personajes
que guían al poeta, protagonista de la obra, a través de
estos mundos desconocidos són Beatriz, objeto de su adoración,
que significa el saber teológico y revelado, y el poeta de la antigua
Roma Virgilio, que representa el saber humano.
3 Renacimiento
Vista preliminar de la secciónEl renacimiento coincidió
en Italia con un periodo de expansión económica, política
y cultural. Las ciudades salieron de la etapa feudal (véase Feudalismo)
y se convirtieron en importantes centros comerciales e industriales. Los
dirigentes de cada una de las ciudades luchaban entre sí para aumentar
su poder, conquistando otros territorios y estableciendo zonas de influencia
alrededor de sus dominios. Algunas ciudades-estado, como Venecia y Génova,
consiguieron crear extensas zonas comerciales en el Mediterráneo.
Culturalmente, todo el periodo estuvo marcado por la búsqueda y
el descubrimiento de manuscritos antiguos y por una nueva lectura de la
literatura y la filosofía clásicas, que poco a poco se fueron
revalorizando en toda Europa.
Muchas de las grandes figuras del primer renacimiento eran eruditos dedicados
al estudio filosófico o a la traducción de los clásicos
griegos y latín os. Recibieron el nombre de humanistas debido a
su interés por el ser humano, y no tanto por los temas trascendentes
que ocupaban a los eruditos de la edad media. Muchos de estos humanistas
se inspiraron en las obras de Platón, al que dieron más
valor que a su discípulo Aristóteles, contrariamente a la
norma que había regido en el periodo anterior.
3.1 El siglo XIV
Una de las figuras más importantes de comienzos del renacimiento
fue el poeta y humanista Petrarca, introductor de una nueva sensibilidad,
hasta entonces inédita, en la cultura europea. A diferencia de
Dante y de otros escritores y pensadores medievales, como el filósofo
escolástico Tomás de Aquino y el francés Pedro Abelardo,
Petrarca no tenía ningún interés en reproducir sólo
las enseñanzas de los escritores clásicos, sino que pretendía
ir más allá, adoptando su mentalidad y creando obras con
el mismo espíritu que les animó a ellos en su momento. Latín
ista de renombre, contribuyó definitivamente a reinstaurar el latín
clásico como lenguaje literario y erudito, en sustitución
del maltrecho latín medieval que había servido hasta entonces
como vehículo de comunicación internacional y que comenzó
a dejar de hablarse a partir de entonces.
A Petrarca se le suele describir como un “hombre moderno”
por su reiterada afirmación de la individualidad de los seres humanos.
Así, su De vita solitaria (1346-1356) y su De remediis utriusque
fortunae (1354-1366) están considerados como los primeros ensayos
de la historia de la cultura europea en que se expresó esta nueva
actitud. También se le ha llamado “el primer nacionalista
italiano”, en contraste con Dante, que fue un poeta universalista,
pues deseaba que Italia se integrase en una estructura imperial europea.
Para Petrarca, en cambio, Italia era la legítima heredera y sucesora
de la antigua Roma, y opinaba que los distintos reinos y estados de Italia
debían unirse para adoptar el papel que, como depositaria de la
herencia del Imperio romano, le correspondía. Glorificó
esta alta misión en su poema en latín África (1338?-1342?),
para el cual toma como marco de referencia las Guerras Púnicas,
que tuvieron lugar en la antigüedad entre Roma y Cartago.
Aun cuando las aportaciones de Petrarca en la recuperación de los
ideales clásicos fueron decisivas, su faceta más importante
es la de poeta lírico. Su Cancionero, una colección de sonetos
dedicados a Laura, probablemente la dama francesa Laure de Noves, análoga
a la Beatriz de Dante, toma como punto de partida una aproximación
idealista al dolce stil nuovo, pero lo supera al introducir por primera
vez en la historia de la literatura europea una gran intensidad de sentimientos.
La primera colección de poemas debió completarla en 1336-1337,
aunque siguió ampliándola y retocándola a lo largo
de su vida.
Boccaccio, como Petrarca, era totalmente consciente de pertenecer a una
época nueva y apasionante dentro de la cultura occidental. Recibió
una gran influencia del poeta lírico pero, al contrario que éste,
Boccaccio prefirió la narrativa a la poesía. Aunque ya dio
muestras de talento en sus primeras historias, Il Filocolo (1336) y Elegía
de madonna Fiammetta (1343-1344), su obra maestra fue Decamieron (1353).
Se trata de una colección de cien cuentos para los que el autor
se inspiró en la vida real y no en modelos literarios, como había
ocurrido en toda la literatura escrita hasta entonces. Su argumento es
el siguiente: un grupo de personajes, siete hombres y tres mujeres, que
se han refugiado en una remota casa de campo huyendo de la peste que invadía
Florencia, van narrando, a lo largo de diez días, una serie de
curiosas historias, algunas cómicas, otras picantes, que les servirán
para matar el tiempo durante su forzado encierro.
A diferencia de Petrarca, que fue amigo suyo, Boccaccio tuvo en alta consideración
la obra de Dante. De hecho, sus últimas obras fueron una biografía
y una serie de estudios en torno a la figura del autor de la Divina comedia.
Uno de sus mayores méritos fue el de crear una larga serie de personajes
muy característicos, y definidos con habilidad, que serían
posteriormente utilizados por muchos autores.
Dante, Petrarca y Boccaccio fueron los primeros literatos italianos que
utilizaron en sus escritos el dialecto toscano, que se hablaba en Florencia,
Siena y otras ciudades del centro de Italia, y gracias al prestigio de
sus obras consiguieron fijarlo como la lengua de cultura.
3.2 Siglo XV
Durante el siglo XV se desarrolló un nuevo movimiento cultural
denominado humanismo que sustituyó las concepciones medievales,
situando al ser humano en el centro del universo y considerando la vida
en la tierra como un periodo en el que el alma puede llegar a la plenitud.
En el renacimiento aparecieron numerosos individuos a los que se les denominó
“hombres universales”, es decir, artistas que alcanzaron la
perfección en más de una disciplina. Artistas completos
se pueden considerar el arquitecto, pintor y organista León Battista
Alberti, y los conocidísimos Leonardo da Vinci y Miguel Ángel.
Esta universalidad intelectual fue característica también
de muchos de los príncipes que gobernaron las ciudades italianas
durante aquella brillante época. Entre ellos, el más destacado
fue Lorenzo de Medici, miembro de la ilustre familia que gobernó
en Florencia durante décadas. Lorenzo fue político y mecenas
de las artes, así como poeta y crítico, dotado de exquisito
gusto.
Angelo Poliziano, llamado Poliziano, está considerado como el poeta
y humanista más destacado de este periodo. Su obra teatral en verso
Orfeo (c. 1480) pasa por ser el primer drama importante de la historia
del teatro italiano, y sus colecciones de poemas líricos són
de extraordinaria calidad. Poliziano fue, además, un excelente
erudito y traductor de textos de la Grecia clásica.
Durante este periodo se mantuvieron dos fuentes de inspiración
que ya provenían de etapas anteriores: las gestas de caballería
y la vida pastoril. Són destacables, entre las obras que continuaron
la tradición de las primeras, Orlando enamorado (1483), de Matteo
Maria Boiardo y, entre las pastoriles, Arcadia (1504), de Iacopo Sannazzaro,
creaciones ambas que despertaron un gran interés en toda Europa.
En su preocupación por los valores terrenales frente a los religiosos,
los escritores del renacimiento fueron abandonando muchas de las ideas
predominantes durante la edad media, e incluso los papas actuaron como
mecenas de autores denominados paganos. Algunos de estos autores paganos,
en especial el humanista Lorenzo Valla, a quien estuvo a punto de costarle
la vida la divulgación de ciertos documentos bastante comprometedores
sobre el Papado, llegaron a hablar de “escritores cristianos”
con el fin de distinguirse de ellos. Los polémicos sermones y textos
de Girolamo Savonarola trataban de contrarrestar esta corriente de paganismo
financiada por la propia Iglesia. A la caída de los Medici, Savonarola
instauró una república teocrática en Florencia, que
duró poco menos de tres años. Abandonado por el pueblo y
odiado por el papa Alejandro VI, impenitente protector de la cultura llamada
pagana, Savonarola murió en la hoguera al considerársele
reo de herejía.
3.3 Siglo XVI
El renacimiento llegó a su plena consolidación en el siglo
XVI. La lengua italiana, que había sido desechada durante siglos
por los humanistas, preocupados más bien por los textos griegos
y latín os clásicos, alcanzó una dignidad, hasta
entonces negada, como lengua literaria. Pietro Bembo, autor que ejerció
gran influencia en la literatura de la primera mitad del siglo, contribuyó
decisivamente a colocar al italiano en esa situación. En sus tratados,
especialmente en Prosas sobre la lengua vulgar, obra considerada como
la primera gramática de la lengua italiana, ensalzó los
escritos de Boccaccio y de Petrarca como modelos, respectivamente, de
la prosa y la poesía italianas. con sus Rimas, que imitan el estilo
de Petrarca, marcó el comienzo del movimiento denominado “petrarquismo”.
Pero Bembo no fue el único autor destacado del siglo. Junto a él
se sitúan otros dos hombres de letras importantes: el filósofo
de la política Nicolás Maquiavelo y el poeta Ludovico Ariosto.
El primero, a partir de sus experiencias como funcionario y diplomático
al servicio de Florencia, desarrolló una concepción realista
del poder que, a partir de entonces ha sido denominada “maquiavélica”.
Su elaboradísimo El príncipe (1513), un análisis
de las bases sobre las que se sustenta el ejercicio del poder político,
formaba parte de un trabajo más amplio y ambicioso, su comentario
a la Historia de Roma del historiador latín o clásico Tito
Livio. La “ley suprema”, según El príncipe,
es “la preservación del Estado” por encima de cualquier
otra obligación. El príncipe de Maquiavelo se anticipó
a los llamados “déspotas ilustrados”, gobernantes bondadosos
con el pueblo, pero que, sin embargo, mantenían un poder absoluto
en sus dominios, a los que convirtieron en estados modernos. Las ideas
del filósofo florentino partían de conceptos teocráticos
medievales para adentrarse en consideraciones que presagiaban la moderna
economía política. Algunos historiadores consideran la posibilidad
de que, si sus ideas políticas se hubiesen llevado a la práctica
en ese mismo siglo, quizá se habría podido crear una Italia
unida bajo el mando de un solo gobernante, y, por lo tanto, se habría
evitado que permaneciera dividida y dominada por españoles y franceses
y más tarde austriacos. Además de este tratado, Maquiavelo
escribió otro sobre el arte de la guerra, una historia de Florencia,
una biografía (1520) del político y militar italiano Castruccio
Castracane, numerosos poemas y varias obras de teatro, la más famosa
de las cuales, La mandrágora (1524), es un amargo y pesimista análisis
de los instintos humanos, realizado con los mismos métodos de investigación
que ya aplicara a El príncipe.
Amigo de Maquiavelo, el historiador y político florentino Francesco
Guicciardini escribió La historia de Italia, una obra sorprendente
por su objetividad y su inteligente revisión de los asuntos y personajes
que en ella aparecen y que se publicó póstumamente, entre
1561 y 1564. También escribió Ricordi politici (1576-1585),
basándose en su vasta experiencia como alto cargo político
de la ciudad de Florencia.
Otra de las figuras destacadas de este periodo es, como ya se ha dicho,
Ludovico Ariosto, que representa la culminación de la poesía
del cinquecento italiano. Su Orlando furioso (1516) es una obra intensa
y original, concebida como la continuación del Orlando enamorado
de Matteo Boiardo. Los acontecimientos que se relatan en él se
desarrollan, como en su antecesora, durante el reinado de Carlomagno.
En su caso, narra la batalla del emperador contra los sarracenos, escenario
que sirve para unificar los distintos pasajes del texto, en el que se
entremezclan aventuras, amores, magia, heroísmo, villanía,
sentimiento trágico, sensualidad y hechos reales de su tiempo,
elementos todos que conviven en una narración extremadamente brillante,
salpicada en ocasiones de humor y fina ironía. Por todo ello y,
en especial, por reflejar una profunda comprensión del espíritu
humano, este poema épico merece recibir el título de obra
maestra de la literatura universal.
Durante estos años vieron la luz, además, dos obras muy
difundidas en su tiempo sobre el comportamiento caballeresco, que fueron
muy bien recibidas en una época como ésta, de refinado cosmopolitismo.
Se trata de El cortesano (1528), escrita por el diplomático Baldassare
Castiglione, y traducida espléndidamente al español por
Juan Boscán, y Galateo (1558), del sacerdote Giovanni della Casa.
La primera de ellas es un tratado acerca de los buenos modales que debe
observar un caballero, así como de las virtudes intelectuales que
deben acompañarle. La segunda comparte con la anterior el interés
por los buenos modales, e intenta situarlos en una amplia visión
de la naturaleza humana.
Pero el culto a las buenas maneras, a la belleza y al refinamiento despertaron,
además de un gran interés, una violenta reacción
por parte de algunos autores, como Teófilo Folengo, quien en su
épica burlesca Baldo (1517), lleva a cabo una parodia sumamente
ácida y en ocasiones vulgar del mundo de la caballería y
las letras. Escrita en latín macarrónico, una variedad cómica
del latín erudito, constituye una despiadada sátira de las
ideas y costumbres de su época, que inspiró, entre otros
muchos, al escritor francés François Rabelais. Folengo no
fue el único rebelde de la literatura del siglo XVI italiano. Junto
a él se puede colocar el no menos inconformista, aunque de mayor
genio, Pietro Aretino, autor teatral y creador de libelos dotado de un
fino ingenio, que consiguió, por medio de sus irreverentes obras,
establecer un refrescante contrapeso a la refinada cultura de su tiempo.
Su gran obra I ragionamenti o, en castellano, El coloquio de las damas
(1532-1534) y los seis volúmenes de sus cartas (1537-1557) transmiten
su ácido e irreverente punto de vista acerca de la sociedad y costumbres
de su época.
En la línea renacentista de búsqueda del artista completo,
no faltaron pintores y escultores que escribieron bellos textos poéticos,
narrativos y ensayísticos. Así, los sonetos de Miguel Ángel
constituyen apasionadas expresiones de sus sentimientos más profundos
y de sus convicciones religiosas; los tratados de Leonardo da Vinci sobre
arte y ciencia contienen principios de análisis que han influido
profundamente en los pensadores posteriores; la interesante autobiografía
de Benvenuto Cellini se encuentra entre los mejores textos de este género
de toda la literatura universal; y las biografías de famosos pintores,
escultores y arquitectos escritas por el también pintor y arquitecto
Giorgio Vasari constituyen una fuente de información de incalculable
valor sobre el arte y los artistas del renacimiento.
También se escribieron cuentos y relatos breves en esta época.
El autor más destacable en este terreno es Matteo Bandello, autor
de Novelle (1554-1573), una serie de cuatro volúmenes de narraciones
cortas en la línea de Boccaccio, que constituyieron la base sobre
la que se crearon numerosas obras posteriores en toda Europa.
La segunda mitad del siglo XVI estuvo presidida por la Contrarreforma,
que tuvo su origen en el Concilio de Trento, celebrado en 1545. Como resultado
de este concilio, convocado para contrarrestar las reformas de los protestantes,
se extendió por la Europa católica una oleada de exacerbados
sentimientos religiosos y de sumisión total a la autoridad papal,
que consiguió ahogar la franca jocosidad, la inclinación
por la exploración y la sincera alegría de los humanistas
y sus sucesores, sustituyéndolas por un interés superficial
por las buenas costumbres y la moralidad. La exuberante libertad de expresión
y de forma de que hizo gala Ariosto cayieron bajo sospecha, y las concepciones
políticas de Maquiavelo comenzaron a considerarse peligrosas. En
la literatura, este cambio de actitud se materializó en un nuevo
clasicismo, según el cual se volvió a situar a Aristóteles
como máxima autoridad filosófica, tras difundirse su Poética
por toda Europa. Esta obra del filósofo griego se publicó
en lengua original con traducción latín a en 1548, acompañada
por un comentario de Francesco Robortelli. Durante aquellos años
fueron apareciendo distintas versiones y estudios sobre la obra, los más
importantes de los cuales fueron Poética (1561) de Julius Caesar
Scaliger y el comentario de Ludovico Castelvetro (1570), que contribuyó
a la recuperación de las unidades de espacio y tiempo en el teatro.
A pesar del predominante clima de represión que caracterizó
estos años, apareció un gran poeta lírico de imaginación
desbordante, Torquato Tasso que, en 1575, publicó su magnífica
Jerusalén libertada. Su tratamiento épico, de gran belleza,
de la primera Cruzada es mucho más conciso y sencillo, más
serio y unificador que el de su predecesor, el Orlando furioso, por lo
cual levantó una larga serie de críticas entre los pedantes
estudiosos del momento, que empujaron a su autor a reescribir la obra,
con un resultado mucho más pobre. Otro gran espíritu de
la época fue Giordano Bruno, escritor de mente clara que produjo
numerosos diálogos contra la pedantería y el autoritarismo,
y que defendió valientemente puntos de vista contrarios a las doctrinas
de la Iglesia, lo que le llevó a morir en la hoguera, acusado de
herejía, en Roma, en el año 1600.
4 Primera modernidad
Vista preliminar de la secciónLa Italia de finales del siglo XVI
era una tierra exhausta debido a las constantes luchas que en ella tenían
lugar entre los dominadores españoles, franceses y austriacos.
Al mismo tiempo, los centros europeos del comercio estaban desplazándose
desde el Mediterráneo hacia el Atlántico debido a la importancia
que iban adquiriendo los puertos americanos, hecho que provocó
una profunda decadencia económica de los territorios italianos.
Las ciudades-estado, antaño hogares de un espíritu libre
y cosmopolita, ofrecieron muy poca resistencia a la tiranía, y
comenzaron a estancarse, convirtiéndose poco a poco en lugares
provincianos, sometidos durante los siglos XVII y XVIII a potencias extranjeras.
4.1 Siglo XVII
El estilo predominante en el siglo XVII, no sólo en literatura,
sino también en música, arte y arquitectura, fue el barroco,
caracterizado por una exuberancia que contrastaba, a menudo, con visiones
extremadamente pesimistas de la realidad. La poesía y el teatro
fueron terrenos de expresión de una extravagante imaginación,
el gusto por el artificio retórico en cuanto a la forma y la riqueza
metafórica en cuanto a la imaginería. Típica de este
periodo es, sin duda, la poesía de Giambattista Marino, cuyo Adonis
(1623) es una obra maestra de virtuosidad literaria, por su análisis
de lo universal del amor, al que considera superior a la sensualidad,
y por su exposición de las tendencias amorosas de la naturaleza.
Gran parte de la creación literaria del barroco refleja trastornos
espirituales. Buenos ejemplos de ello lo constituyen las tragedias de
Federigo della Valle, cuya obra La reina de Escocia (1628), se centra
en las luchas de la reina María Estuardo. Del mismo modo, en muchas
obras se deja sentir una profunda insatisfacción vital, en especial
con el orden social, como se puede comprobar en los escritos del poeta,
científico y filósofo Tommaso Campanella, autor de ensayos
muy críticos, que le costaron penas de prisión y destierro.
El más importante de sus libros, La ciudad del Sol (1623), escrito
mientras estaba encarcelado, es una utopía en la que describe un
mundo igualitario regido por un estricto orden legal.
ALESSANDRO MANZONI Y LA UNIFICACIÓN DE LA LENGUA
Problemas del italiano antiguo, modificaciones, resultados
5.1
Nacionalismo, romanticismo y clasicismo
La literatura italiana de comienzos del siglo XIX no estuvo marcada sólo
por el nacionalismo. Por entonces aún persistía el neoclasicismo
proveniente del siglo anterior, pero poco a poco fue dejando paso al romanticismo,
movimiento sumamente interesado en la historia y las tradiciones regionales,
germen de los distintos nacionalismos europeos que surgieron durante todo
el siglo. La gran influencia que sobre la cultura italiana tuvo la Revolución
Francesa y el posterior reinado de Napoleón I queda patente en
la producción de Vincenzo Monti, Ugo Foscolo y Carlo Porta. Las
obras del primero reflejan la inestabilidad de sus convicciones políticas.
En sus comienzos fue contrario a la Revolución Francesa, como evidencia
su poema La basvilliana (1793), sobre el asesinato del enviado francés
Hugo Bassville. Más tarde, se convirtió en ardiente defensor
de la causa de Napoleón, al que ensalzó en una serie de
poemas. Aunque autor de gran talento, la crítica valora especialmente
su traducción de la Iliada del poeta griego Homero.
Ugo Foscolo tuvo una personalidad más estable que la de su contemporáneo
Monti. Fue militar y profesor durante la ocupación francesa de
Italia y, al regreso de los austriacos, se marchó a Inglaterra,
donde pasó el resto de su vida. La fama de Foscolo se forjó
a través de una novela escrita en forma epistolar, Últimas
cartas de Jacopo Ortis (1798), que seguía la línea de El
joven Werther, obra del poeta y novelista alemán Johann Wolfgang
vón Goethe. La novela del autor italiano se caracteriza por una
mezcla de amor romántico y ardiente patriotismo. Más adelante,
este patriotismo dio paso a la resignada contemplación de la antigua
gloria de su país, en ese momento dividido y ocupado por ejércitos
extranjeros que mancillaban las antes esplendorosas ciudades. Durante
esta etapa escribió su obra maestra, Los sepulcros (1807).
El poeta Carlo Porta, que escribió en dialecto milanés,
centró su obra en la descripción de la miserable vida de
la clase humilde durante la ocupación francesa en tiempos de Napoleón.
Así, en sus Poesías en dialecto milanés (1821) condenó,
aunque sin una excesiva virulencia, el papel del clero y la nobleza.
Giacomo Leopardi ha sido considerado unánimemente como uno de los
poetas líricos más importantes de la literatura italiana.
Retirado en su hogar, estudiaba incesantemente y se convirtió en
un erudito conocedor de los clásicos griegos y romanos; tradujo
obras de ese periodo y demostró un talento especial para la poesía.
Sus primeras composiciones, como los poemas “A Italia” y “Al
pie del monumento de Dante” fueron de carácter patriótico.
Más adelante, un agudo pesimismo se fue adueñando de sus
poemas, que publicó bien sueltos bien agrupados en colecciones.
La primera edición completa de ellos, los Cantos, apareció
en 1831. Su pesimismo quedó plasmado también en numerosos
trabajos en prosa, como Opúsculos morales (1827) y Zibaldone (7
volúmenes de publicación póstuma: 1898-1900), y en
su voluminosa correspondencia. A pesar de que nunca lo admitió,
su introspección, su desolación y su nostalgia le aproximan
mucho al romanticismo, aunque, por otro lado, la pureza aristocrática
de su estilo y su frecuente recurso a fuentes clásicas le emparentan
con el neoclasicismo.
Entre los escritores políticos del Risorgimento destaca el patriota
Giuseppe Mazzini, autor que continúa resultando interesante aún
hoy en día, y cuyas actividades políticas le llevaron a
sufrir la prisión y el destierro. con el estadista Camillo Cavour
y el militar Giuseppe Garibaldi, forman la triada de los llamados padres
de la unificación italiana.
El nacionalismo, al agotarse, fue dando paso a dos corrientes muy distintas
dentro de la literatura italiana del siglo XIX. Por un lado, una corriente
regionalista, que exploraba la vida y costumbres provincianas y las presentaba
con un estilo realista, a menudo incluso en el dialecto de la zona. La
segunda corriente tomó su punto de referencia en la lucha contra
el poder temporal del papado. En efecto, los Estados Pontificios, controlados
por Francia y utilizados en su propio interés, eran los últimos
que restaban para lograr la unidad total de Italia. Así, el nacionalismo
de esta segunda tendencia entró en oposición directa con
la Iglesia. Este enfrentamiento se resolvió diversamente entre
los autores, dependiendo de las inclinaciones personales de cada uno de
ellos. Mientras los más radicales expresaron su antagonismo con
la Iglesia, los más tradicionalistas retomaron los valores más
limpios de los cristianos antiguos, y otros incluso se reafirmaron, a
pesar de todo, en su fe.
Entre los autores pertenecientes al último grupo, se debe considerar
a Alessandro Manzoni, autor de la obra maestra más famosa de la
narrativa italiana del siglo XIX, Los novios (1840-1842). Se trata básicamente
de la historia de dos enamorados de clase humilde en lucha contra la opresión
y el destino cruel, ambientada en la Italia del siglo XVII, bajo la dominación
española. Protegido por la distancia histórica, Manzoni
pudo atacar y ridiculizar la opresión extranjera, de todo tipo
y periodo, aunque el paralelismo entre los hechos descritos en la novela
y la ocupación austriaca de Italia, periodo vivido por el autor,
resultó más que evidente. El mensaje universal de la obra,
que le ha valido el reconocimiento general, es la necesidad del ser humano
de confiar en la divina providencia y no en los planes humanos si se desea
el verdadero triunfo del bien sobre el mal. Sus Himnos sacros (1812-1813)
pusieron en evidencia la preocupación de Manzoni por la religión,
que fue aumentando a lo largo del tiempo hasta marcar por completo sus
últimas obras, imbuidas de un fuerte sentimiento piadoso. Antes,
sin embargo, su fama se había extendido por toda Europa, con ocasión
de la oda El cinco de mayo que escribió a la muerte de Napoleón,
y que fue traducida al alemán por Goethe. Escribió, asimismo,
dos obras de teatro: El conde de Carmagnola (1820), centrada en la figura
de un condottiero (jefe militar mercenario), al servicio de alguno de
los distintos estados del renacimiento, y Adelchi (1822), sobre el heredero
del último rey de los lombardos. Ambas anticipaban los temas religiosos
y patrióticos de Los novios.
La prosa clara y directa de Manzoni no recurre al ornato, propio de la
estética neoclásica, que se puede encontrar en las obras
de Foscolo y Monti. Su búsqueda de un orden místico que
rija la historia, su interés por la edad media y su consciencia
de la imperfección y limitación de la vida mortal lo sitúan
más próximo al romanticismo. De hecho, su Lettera sul romanticismo
defiende este movimiento en oposición a las convenciones del neoclasicismo.
Manzoni mantuvo, asimismo, una profunda preocupación por la lengua
italiana. A lo largo de los siglos, el vocabulario básico del italiano
de Toscana había ido incorporando términos y expresiones
provenientes de otras regiones. Esto había dado como resultado,
según el autor, un abultado, confuso y repetitivo vocabulario,
de modo que abogó durante todo su periodo creativo por un retorno
a la lengua vernácula florentina, tal y como se hablaba entre las
clases cultas de la otrora cosmopolita ciudad-estado.
Hacia la mitad del siglo, la influencia de Manzoni y del romanticismo
en general sobre la cultura italiana provocó una violenta reacción,
que se materializó en el retorno a un clasicismo mucho más
profundo que el practicado por Monti. Esta reacción tuvo su principal
representante en el poeta Giosuè Carducci, que en sus obras alabó
la antigua Roma y la esperanza de Italia unida. Toda su producción
fue una defensa de la estética y la mentalidad clásicas,
opuestas frontalmente al misticismo romántico y al sentimiento
religioso católico. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura
en 1906 por el conjunto de su obra, entre la que destacan Levia gratia
(1861-1877), Rimas nuevas (1861-1887), Odas bárbaras (1877-1889)
y Rima y ritmos (1898).
5.2 Verismo, realismo
La segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por la reacción de
una parte de los autores italianos contra los estilos neoclásico
y, sobre todo, romántico, centrados en el pasado y sus glorias.
Los representantes de esta nueva corriente, que rechaza la retórica
y el poco realismo de los creadores de los demás movimientos del
siglo, defendieron la utilización de la lengua común y un
estilo de escritura sencillo, con argumentos basados en experiencias y
fenómenos observables en la realidad cotidiana. Los poetas exaltaron
esta realidad y la elevaron al rango de verdad. De esta concepción
toma su nombre el movimiento, verismo (de vero, ‘verdadero’).
El verismo otorgó una importancia hasta entonces desconocida a
la poesía en dialectos regionales. Si bien es cierto que antes
se habían escrito obras importantes en dialecto napolitano, como
Lo cunto de li cunti (El cuento de los cuentos), de Giambattista Basile,
y en milanés, como las obras de Porta, los escritores realistas
hicieron de los dialectos un vehículo en la creación literaria.
Entre ellos hay uno de gran significación, Giuseppe Gioachino Belli,
que escribió en el dialecto de Roma más de 2.000 sonetos,
en los cuales describe al pueblo de Roma, sometido al descontrol reinante
en la ciudad como consecuencia de la mala administración papal.
En el movimiento verista hubo autores dedicados al teatro, a la narrativa
y a la poesía. Uno de los novelistas más destacados fue
el siciliano Giovanni Verga, que escribió obras como Los malavoglia
(1881) y Maese dón Gesualdo (1889). Escribió también
cuentos, entre ellos “Cavalleria rusticana”, que constituyó
la base del libreto de la famosa ópera homónima de Pietro
Mascagni. En ellos, como en el resto de su obra, Verga llevó a
cabo descripciones realistas de la vida humilde, y a veces miserable,
de los campesinos de su isla natal, aunque ése sea el telón
de fondo para el desarrollo de historias de amor apasionadas y, a veces,
imposibles.
Contrario al verismo, pero influido por él, el poeta Giovanni Pascoli
escribió textos idílicos con evocaciones de la vida campesina
al estilo de las Geórgicas de Virgilio. Su neoclasicismo no contenía
elementos anticatólicos sino que, por el contrario, colocó
a Dante como modelo por su espiritualidad religiosa. El estilo de Pascoli
se caracteriza por la abundante retórica de sus poemas y la libertad
en la métrica, que abrió el camino a la utilización
del verso libre en la literatura italiana. Otro autor que se opuso al
realismo fue el poeta y novelista Antonio Fogazzaro quien, a pesar de
ser un católico convencido, estaba a favor de las teorías
sobre la evolución de Charles Darwin. En su obra El santo (1905),
expuso las formas de una actitud religiosa moderna que le valió
la condena de las autoridades de la Iglesia católica. Sus novelas
defienden una salida de la crisis moral de la época a través
de una revolución social apoyada en los avances de la ciencia.
Entre ellas destacan Fantasma (1881), Daniele Cortis (1885) y Piccolo
mondo antico (1896), considerada como su mejor obra.
A lo largo de todo el siglo aparecieron numerosos escritores italianos
que no pueden clasificarse dentro de ninguno de los movimientos o tendencias
principales de la época. Edmondo de Amicis, por ejemplo, se hizo
célebre por sus novelas, sus libros de viajes y su trabajo como
geógrafo. Una de sus obras más interesante es Corazón
(1886), el diario de un imaginario escolar italiano. En Sobre el Océano
(1889), Amicis narra el problema de la emigración italiana hacia
América, comparando el modo en que viajaban los pasajeros de primera
clase con las dolorosas escenas de los emigrantes hacinados en la última
clase. En 1891 Amicis se afilió al Partido Socialista. Su obra
ha tenido una gran influencia sentimental en América. Carlo Collodi,
por otro lado, fue el autor del libro para niños, Las aventuras
de Pinocho (1883).
El crítico más influyente del siglo XIX italiano fue, sin
duda, Francesco de Sanctis, fundador de la crítica literaria contemporánea
en su país. En obras como La literatura italiana del siglo XIX
(1897) y, en especial, Historia de la literatura italiana (1871), aplicó
con gran lucidez métodos sociológicos y psicológicos
a los análisis literarios.
6 Siglo XX
Vista preliminar de la secciónLa literatura italiana del siglo
XX muestra una gran variedad de formas y temas. Gran parte de ella refleja
las experiencias de los años del fascismo, mientras que, desde
el final de la II Guerra Mundial, fue el realismo social el estilo dominante
durante años, hasta que fue sustituido por una corriente profundamente
introspectiva tanto en la poesía como en la prosa.
6.1 Escritores de transición entre el siglo XIX y el XX
Cón el país definitivamente unido bajo una sola bandera,
el intento de expansión territorial hacia las colonias se convirtió
en el objetivo primordial de la política italiana en los años
que marcaron el cambio de siglo. En la literatura, una vez apagados los
fervores nacionalistas, el interés de los autores se desplazó
desde los asuntos de tipo social a los de tipo individual. Los autores
más representativos de este cambio de siglo se agrupan según
diferentes concepciones estéticas.
El más importante de ellos y el que ejerció una influencia
más duradera en los ámbitos literarios no sólo italianos
sino también europeos hasta bien entrado el siglo fue Gabriele
D’Annunzio. Guiado por su aspiración a convertirse en un
artista universal, al estilo de los del renacimiento, rompió con
los esquemas del neoclasicismo, del romanticismo y del realismo. Así,
cultivó la poesía, el teatro y la narrativa, y escribió,
incluso, libretos de óperas y arengas patrióticas. Fue un
destacado militar y político que, además, cultivó
la filosofía, influido por las ideas de los filósofos alemanes
Arthur Schopenhauer y Friedrich Nietzsche. Algunas de sus mejores obras
són los volúmenes de poemas titulados en su conjunto Laudi
(1903-1912), la novela El triunfo de la muerte (1894) y la obra teatral
La hija de Jorio (1904). Fue significativa su influencia entre la mayoritaria
y permanente inmigración italiana en el Río de la Plata.
Otra importante figura literaria de estos años de transición
de un siglo a otro fue Italo Svevo, escritor cuya obra no fue reconocida
en vida. Años después, el periodista y novelista francés
Valéry Larbaud y el autor irlandés James Joyce fueron los
que llamaron la atención de la crítica italiana hacia este
autor. La fuerza de su trabajo, que residía en la profundidad y
el realismo de sus descripciones psicológicas, se puede admirar
en obras como Una vida (1893), Senilidad (1898) y La conciencia de Zeno
(1923).
Entre las restantes personalidades literarias del cambio de siglo se pueden
citar: Guglielmo Ferrero, interesante historiador de la sociología
y destacado opositor al fascismo, cuya obra principal fue Grandeza y decadencia
de Roma (1902-1907); el filósofo Giovanni Gentile que, por el contrario,
fue un convencido defensor del fascismo a través de libros como
Orígenes y doctrina del fascismo (1929) y La filosofía del
arte (1931); Matilde Serao, novelista que destaca por sus profundos análisis
psicológicos, patentes en El país de Jauja (1891) y La bailarina
(1899); y Grazia Deledda, premio Nobel en 1926, cuyas obras, entre las
que destacan Elias Portolú (1903) y La madre (1920), retratan de
un modo naturalista la vida rural en Cerdeña.
6.2 La literatura anterior a la II Guerra Mundial
Debido en parte a la influencia de corrientes foráneas, en la Italia
de comienzos del siglo XX se desarrollaron numerosos movimientos artísticos
y literarios cuyo principal nexo de unión era el común rechazo
a la retórica y al lirismo en la poesía. El más radical
y duradero de ellos fue el futurismo. Su fundador, el poeta Filippo Marinetti,
contribuyó a desgarrar el lenguaje y dejarlo reducido a sus esencias.
Guiado por la principal de sus ideas estéticas, la de que la literatura
del naciente siglo debía reflejar el dinamismo de la industria
y la vida contemporáneas, abogó por el uso de un estilo
de escritura que emulara la velocidad y la tensión de las máquinas.
Fue un activo defensor de la intervención bélica de su país
en la I Guerra Mundial y, más tarde, del fascismo.
El más importante de los pensadores de estos primeros años
del siglo XX fue el filósofo, crítico literario e historiador
Benedetto Croce, cuya influencia se extendió por Italia y por el
resto del mundo. A través de su revista bimensual La crítica
(1903-1944), así como de sus obras literarias y filosóficas,
desarrolló ampliamente las teorías del filósofo italiano
del siglo XVIII Giambattista Vico, e insistió fundamentalmente
en la importancia de la intuición en el arte y de la libertad en
el desarrollo de la civilización. Su idealismo estaba en oposición
con las tendencias del momento, fundamentalmente positivistas. Croce defendía
el concepto de intelectual comprometido con la vida pública, de
ahí su toma de postura, contraria al fascismo. Sistematizó
su pensamiento concibiendo una “filosofía del espíritu”
que expuso en cuatro volúmenes dedicados, respectivamente, a la
estética, la lógica, la economía y la historia, y
que aparecieron entre 1902 y 1917. Su autobiografía, publicada
en 1918, evidencia su vida, espiritualmente rica y variada.
Además de La critica, hubo otras dos publicaciones periódicas
que actuaron como foro de diálogo de los autores italianos de comienzos
de siglo. Una de ellas, La voce (1908-1916), dirigido por Giuseppe Prezzolini,
contribuyó enormemente a modernizar la cultura italiana, difundiendo
ideas procedentes de Francia, Inglaterra y de toda América. Entre
los colaboradores habituales de La voce, destaca el pintor y escritor
Ardengo Soffici y el filósofo y novelista Giovanni Papini. La segunda
de las publicaciones, Ronda (1919-1923), se caracterizaba por una tendencia
reaccionaria y una inspiración clásica. De su entorno surgieron
Antonio Baldini y Riccarco Bacchelli.
Una figura destacada de las tres primeras décadas del siglo XX
fue el novelista y autor teatral Luigi Pirandello, que recibió
el Premio Nobel de Literatura en 1934. En sus obras de teatro introdujo
elementos innovadores tendentes a acercar al público la interpretación
de los actores y establecer una relación más directa entre
ambos elementos de la escena. Muchas de sus obras teatrales són
dramatizaciones de antiguas historias populares y, por lo general, abordan
problemas filosóficos, como el relativismo y las personalidades
múltiples, que el autor siciliano pone al descubierto a través
de su sutil habilidad para describir la psicología de los personajes
y de su chispeante ingenio. También abordó el problema de
la emigración en la época de Garibaldi. Sus obras teatrales
más famosas son: Seis personajes en busca de autor (1921), Enrique
IV (1922), Así es (si así os parece) de 1917 y Esta noche
se improvisa (1930), mientras que entre sus novelas destacan títulos
como El difunto Matías Pascal (1904).
El triunfo del fascismo, con la consiguiente toma del poder por parte
de Benito Mussolini, afectó negativamente a la hasta entonces rica
vida literaria italiana. El fascismo fracasó a la hora de crear
un tipo de literatura acorde con los principios del régimen en
el poder. Los autores más destacados reaccionaron de diferentes
modos ante las restrictivas condiciones intelectuales y la limitación
de la libertad contenida en la ideología fascista. Muchos de ellos
defendieron abiertamente posturas contrarias al régimen. Este fue
el caso de Giuseppe Antonio Borghese, que describió la situación
de su país en una novela, Goliath, la marcha del fascismo (1937),
escrita en inglés y que no fue traducida al italiano hasta diez
años después. Del mismo modo, el novelista Ignazio Silone
sufrió la censura, se exilió de su país y obtuvo
reconocimiento internacional por novelas como Fontamara (1930) y Pan y
vino (1936). Benedetto Croce fue obligado a cesar en sus actividades durante
el tiempo que duró la etapa fascista, mientras que el periodista
y diplomático Curzio Suckert, que escribió bajo el seudónimo
de Curzio Malaparte, comenzó trabajando para el Gobierno, en su
cargo de alto funcionario, pero acabó renegando de Mussolini. Así,
su obra más poderosa, Kaputt (1944), describe la degeneración
moral y cultural de la Europa dominada por el fascismo.
6.3 Literatura posterior a la II Guerra Mundial
Después de la II Guerra Mundial, una gran cantidad de autores italianos
alcanzó fama universal.
6.3. 1 Poesía
Giuseppe Ungaretti, que ocupa, junto a Eugenio Montale, un lugar preeminente
dentro de la literatura europea del siglo XX, publicó un primer
libro de poemas, El puerto sepultado (1916), que marcó un resurgimiento
de la poesía italiana. Sus obras, caracterizadas por un sorprendente
uso del vocabulario y por una gran habilidad para crear vívidas
imágenes de inusual intensidad lírica, fueron recopiladas
en un solo volumen titulado La vida de un hombre (1942-1961), que contiene,
entre otros, los poemas de los libros Alegría de naufragios (1919),
Sentimiento del tiempo (1933) y La tierra prometida (1950).
Los poemas más importantes de Eugenio Montale, en cambio, se encuentran
reunidos en tres volúmenes titulados respectivamente Huesos de
sepia (1925), Las ocasiones (1939) y El vendaval y otras cosas (1956).
Su lírica, por la que obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1975,
resulta a veces extremadamente concisa y hermética y contiene una
ácida e inteligente crítica de la vida que, en ocasiones,
la tiñe de pesimismo.
Salvatore Quasimodo es otro de los poetas destacados de estos años.
Sus obras, entre las que se cuentan Y enseguida anochece (1942), Día
(1942), La vida no es sueño (1949) y Dar y tener (1966), revelan
una apasionada y lírica conciencia de la condición trágica
de nuestra época. En 1959 fue galardonado con el Premio Nobel de
Literatura.
6.3. 2 Narrativa
Pocos años después del final de la guerra apareció
en Italia un nuevo tipo de realismo ligado, en especial, al cine, que
através ó un periodo de creatividad antes desconocido, hasta
el punto de que empujó a la crítica a acuñar un término
nuevo para describirlo: neorrealismo. Entre las figuras literarias que
se adscribieron a ese importante movimiento se encuentran Carlo Levi,
que expuso los sufrimientos de los campesinos de sur de Italia en su conocida
novela Cristo se detuvo en Éboli (1946); Elio Vittorini, autor
de Conversaciones en Sicilia (1938-1939); y Vasco Pratolini, que escribió
Crónicas de pobres amantes (1947). Otras destacadas personalidades
de las letras de este periodo fueron Mario Soldati, conocido por su obra
Cartas de Capri (1954); el poeta, ensayista y narrador Cesare Pavese,
autor de Entre mujeres solas (1949), El diablo entre las colinas (1949)
y La luna y las fogatas (1950); y Vitaliano Brancati, agudo crítico
de la sociedad siciliana, como dejó patente en El bello Antonio
(1949). Hubo, además una novela aclamada unánimemente y
que dio origen a la película dirigida por Lucchino Visconti con
el mismo título, El gatopardo. Escrita en 1958 por Giuseppe Tomasi
di Lampedusa, se desarrolla en la Sicilia rural, desde el desembarco de
las tropas garibaldinas hasta el final del siglo XIX.
Alberto Moravia es, quizá, junto a Pirandello, el escritor italiano
moderno más conocido. Autor de novelas y relatos cortos en los
que narra situaciones humanas contemporáneas, escribió en
una prosa realista e impactante sobre los dilemas morales de hombres y
mujeres atrapados en situaciones complicadas tanto social como emocionalmente.
Su obra más conocida es La ciociara (La campesina, 1957), la historia
de una madre y una hija en la Italia desgarrada por la guerra, llevada
al cine por Vittorio de Sica e interpretada por Sofía Loren. Otro
filme exitoso de Vittorio de Sica se basó en la novela de Giorgio
Bassani, escrita en 1962, El jardín de los Finzi-Contini, que narra
los avatares de una familia judía de Ferrara, ciudad natal del
autor, durante los años del fascismo. Otro de los novelistas más
destacables de la posguerra, Dino Buzzatti, escribió textos alegóricos
entre los cuales destacan la novela El desierto de los tártaros
(1940) y la obra teatral Un caso clínico (1953). Elsa Morante,
cuya narrativa contiene elementos épicos y místicos, fue
la autora de Mentira y sortilegio (1948), la vida de una familia del sur
de Italia, y de La historia (1974), que describe la odisea de una pequeña
familia formada por una madre asustada, un muchacho y un niño en
la Roma de la II Guerra Mundial. Natalia Ginzburg, poeta y novelista,
se ganó el reconocimiento de la crítica por su sensible
aproximación a las mujeres y los niños de la Italia de su
tiempo, relegados a papeles estereotipados dentro de las familias; entre
sus obras destacan Las voces de la noche (1961) y Léxico familiar
(1967). Primo Levi ejerció la profesión de químico
y comenzó a dedicarse por completo a la literatura a partir de
1977. Además de las memorias de su estancia como prisionero en
el campo de concentración nazi de Auschwitz durante la guerra,
escribió El sistema periódico (1975), un conjunto de ensayos
autobiográficos en los que utilizaba la química como metáfora
de la vida. Umberto Eco, profesor de semiótica en la universidad
de Bolonia, aunó sus estudios de semiótica con un apasionado
interés por la historia en novelas como El nombre de la rosa (1980),
una narración detectivesca ambientada en una abadía medieval
que se hizo famosísima en todo el mundo. Italo Calvino, autor de
El baron rampante (1957) y Las cosmicómicas (1965), alcanzó
también gran popularidad con sus últimas obras, Si una noche
de invierno un viajero (1979) y Palomar (1983). La idea central de esta
novela es que cualquier intento por comprender la situación del
ser humano está condenado al fracaso. Leonardo Sciascia escribió
en 1977 una versión contemporánea de Cándido, la
obra satírica de Voltaire, que Sciascia convierte en la historia
de un huérfano siciliano rechazado por el mundo.
La búsqueda experimental de la década de 1950 y la experiencia
de la neovanguardia (que de algún modo encontró expresión
en el cambio marcado por mayo de 1968) registran algunas etapas importantes:
el experimentalismo de revistas como Officina(1955-1958), con Francesco
Leonetti, Pier Paolo Pasolini, Roberto Roversi, Franco Fortini, Angelo
Romanò, Gianni Scalia, e Il Menabò (1959-1967), con Vittorini
y Calvino; la neovanguardia del Grupo del 63, que se proponía redefinir
la relación entre literatura y público; Pier Paolo Pasolini,
poeta, narrador y cineasta, que estudió y elaboró los compromisos
lingüísticos –propios del neorrealismo- entre lengua
y dialecto; Franco Fortini, poeta y ensayista; el experimentalismo expresionista
de Giovanni Testori y de Stefano D´Arrigo (1919); la prosa de Antonio
Pizzuto, en la cual se pone en entredicho el proceso narrativo; el caso
singular de Luigi Meneghello; la escritura de vanguardia de Edoardo Sanguineti;
los poetas-prosistas de la neovanguardia Elio Pagliarani, Alfredo Giuliani,
Antonio Porta, Nanni Balestrini; las provocadoras ficciones de Giorgio
Manganelli; y los inagotables artificios de Alberto Arbasino.
En cuanto a la lírica, la situación es rica y compleja:
coexisten una línea en la que prevalece un vínculo más
directo con las cosas y un lenguaje más tradicional y una línea
más moderna y de tendencia hermética, que tiene sus modelos
en Ungaretti y Montale. A la primera pertenecen poetas como Carlo Betocchi
(1899-1986); Sandro Penna y su naturalidad en el tratamiento de las relaciones
homosexuales; Attilio Bertolucci; Giorgio Caproni y, de algún modo,
Giovanni Giudici. A la segunda, poetas como Mario Luzi y Vittorio Sereni.
Luciano Anceschi ha señalado también una “línea
lombarda”, que comprende a poetas ligados a Milán y que se
inician en la posguerra, como Giorgio Orelli, Nelo Risi, Luciano Erba,
Bartolo Cattafi. En la misma tendencia se han incluido poetas más
jóvenes como Giancarlo Majorino, Giovanni Raboni, Tiziano Rossi
y Maurizio Cucchi. Entre las figuras más importantes de la poesía
dialectal figuran Ignazio Buttitta y Tonino Guerra.
EL
ITALIANO FORMAL ACTUAL
Caracteristicas del italiano en comparación con otras lenguas
Respeto por los dialectos
LOS
DIALECTOS ACTUALES EN ITALIA
Una división dialectal de Italia sería la línea que
se aproxima a los Apeninos septentrionales, estando al norte de dicha
línea el piamontés, lombardo, veneciano, etc. y al sur el
toscano, umbro, napolitano, calabrés y siciliano. A pesar de la
homogeinización de la lengua normativa por los medios de comunicación,
la mayor parte de los dialectos están muy vivos y muchos italianos
usan la lengua en dos niveles socio-lingüísticos: el dialecto
local en la familia y entre amigos y el italiano normativo en las demás
ocasiones formales.
Así podríamos dividir lingüísticamente a Italia:
grupo central: toscano, marquesano, umbro.
grupo meriodional: romanesco, abruzés, apuliano, napolitano, salentino,
lucaniano, calabrés, siciliano.
grupo septentrional o altoitaliano: piamontés, lombardo, veneciano,
genovés, emiliano-romañol. A este grupo también se
le denomina galoitálico, aunque este apelativo se presta a confusión
pues el sustrato gálico también afecta al ladino dolomita
y, fuera de Francia, al francés, franco-provenzal y al provenzal.
El dálmata es una lengua romance extinguida y considerada el puente
entre el italiano y el rumano y el representante de un conjunto de lenguas
romances que se han perdido. En la costa de Dalmacia, concretamente en
las islas croatas de Krk, Cres y Rab y, más al sur, a lo largo
de la costa adriática de Croacia, al menos en las poblaciones de
Zadar, Trogir, Split y Dubrovnik (y posiblemente en alguna más),
así como en Kotor (Montenegro), se habló una lengua romance
que en el siglo XVI era le lengua oficial en Ragusa (Dubrovnik), antes
de que el croata se impusiera definitivamente.
No se sabe hasta qué punto esa lengua era diferente de la lengua
de Venecia y los únicos testimonios que han quedado de la lengua
són los del último hablante de la misma, Antonio Udina Burbur,
muerto el 10 de junio de 1898 a los 77 años de edad 1898 por una
explosión en la isla Krk, en la costa de Istria, quien había
aprendido la lengua oyéndola de sus padres, quienes la usaban de
forma secreta. El lingüista Matteo Giulio Bartoli, que lo había
visitado en 1897, anotó varios miles de palabras directamente de
los labios de Burbur (relatos de su propia vida y de su gente, anécdotas,
canciones, listas de palabras y frases, etc.) y, posteriormente, los plasmó
junto a su traducción al italiano en su libro (1906), al que añadió
gran cantidad de información sobre todo lo conocido acerca de la
historia de la lengua y un informe de su fonología, gramática
y léxico.
El problema es que debido a los contactos de Burbur con friulianos y con
venecianos queda una sombra de duda respecto a la genuinidad de su conocimiento
de la lengua, aparte de que en el momento de la investigación había
perdido los dientes, lo que no asegura que su pronunciación fuera
óptima.
No obstante hay algunos testimonios antiguos de la lengua, aunque muy
pobres y escasos y ninguno con categoría literaria. En un testamento
del siglo X, recogido por Giovanni Lucio en su Historia di Dalmazia el
in particolare di Traù, Spalato e Sebenico, Venezia, 1674, se encuentran
algunos elementos dálmatas, pero el texto está redactado
en latín en su totalidad.
En un inventario raguseo de 1280 hay numerosas palabras de carácter
netamente dalmático, pero se trata de una lista de palabras aisladas
del tipo: mataraço I bono fornit coltreçca I. cactali II
forniti para de linçoli III noua et linçol I plumato, etc.
Los más antiguos textos orgánicos del dalmático són
dos cartas zaratinas del siglo XIV (1325 y 1397).
En la primera, cierto Todru de Fomat de Zara se dirige al honorable Ser
Pon, canciller de Ragusa, para defender a su hijo Francisco, que había
sido convocado ante el tribunal de Ragusa por una pretendida deuda. He
aquí los primeros renglones:
'A ser Pón unuriuol canceler de Ragusa, Todru de Fomat d'Çara
saluduui cun oni uostro unur. A mi fo ditu qui lu frar d'maistru Nicola
Murar si dimanda rasun nanti la curti de Ragusa contra Franciscu, meu
fiol de s. XX de g'r li qual auia dat maistru Nicola a Franciscu p. dur
li a mi. Undi posu dir cun oni uiritat quil ar frar de maistru Nicola
num fe-ço quil diuia e fe vilania a far tal dimandasun a Fraticiscu:
qui plu unur era so di mandar a mi una litera dimandandumi qui e di quili
s. XX d'g'r, quil manda maistru Nicola p. Franciscu, e s-eu nu li auisi
ditu la uiritat, poi nu ti mancaua a di(man)dar d'Fraticiscu. Ma eu si
lu do a sauir a uoi...'
En la segunda carta, de 1397, enviada de Ancona a Zara, el texto es más
claro. La reproducimos entera:
'Al nome de Diu amen; 1397 de lulu. Item anchora facuue a sauiri ch'eu
'n uiaiu (che nu iaiu) sichirisi per fortuna in Anchona. Pare me charisimu
facuue a sauiri che parun del nauiliu Aligiritu nón é pagatu
del nolu, perchì nón potì chatar di.nari di pagar
lu nolu, salu' àno abudi duhati in pireçencia di Polu Dobirovacu.
Saldada la raçun in pireçencia di Polu Dobirovacu, resta-i
dar duchati X: pireguue daçi tigi. Vostiru fiol Firancisch saluta
in Anchona. A Ser Cholane de Fanfona, dada a Çara.'
Todos
mencionar
Desarrollar los más marcados
EL
CORSO, EL SARDO, EL FRIULIANO
Desarrollar cada uno
El friuliano está más cerca del italiano que las otras lenguas
retorromances, pues el Friuli es una región asociada con Venecia
históricamente. La lengua ha tenido una literatura floreciente
desde el siglo XVI y la comunicación entre las variedades dialectales
es comprensible.
Los primeros testimonios del friuliano, que se remontan al siglo XIV,
són ejercicios de traducción al latín y proceden
de la escuela notarial de Cividale. También de Cividale, aunque
de finales del siglo XIV, proceden los primeros textos poéticos,
dos baladas enmarcadas en la tradición de la lírica cortesana
provenzal. Tal vez la más antigua sea la lírica Piruç
myó doç inculurit, escrita al anverso de un acta notarial
extendida el 14 de abril de 1380, probablemente por la misma mano que
escribió el acta. La primera estrofa dice:
'Piruç myó doç inculurit
quant yo chi vyot dut stoy ardit,
Per vo mi ven tant ardiment
e sì furç soy di grant vigor
ch'io no crot fa dipartiment
mai del to doç lial amor
per manaço ni per timor
çi chu nul si metto a strit.
Piruç myo doç...'
Otro documento de finales del siglo XIV es un abalada en el dialecto de
la llanura entre Udine e Isonzo, en el cual una muchacha (dumlo < domn(u)la,
dominula, diminutivo de domina) relata, de forma dialogada, sus citas
de amor con un mozo (infant < infante(m). Comienza así:
'E la fuor del nuestri chiamp
Spes jo me chiat un biel infant...'
'Y allí fuera de nuestro campo,
a menudo me encuentro con un guapo mozo...'
El uso literario del dialecto comienza en el siglo XVI, cuando Udine se
convirtió en el principal foco cultural y promovió su lengua
vernácula para convertirla en modelo de lengua literaria.
Hay una comunidad de hablantes friulianos que vive en Rumania en la región
del delta del Danubio, quienes viven allí desde el siglo XIX. Como
la relación con otras variedades retorromances es débil,
muchos lingüistas le niegan esa conexión y lo sitúan
entre los dialectos del Véneto.
Pueden identificarse tres sub-variedades, si bien todas ellas comparten
los principales rasgos lingüísticos:
friuliano central, la variedad más extendida, de uso en la zona
que incluye la capital, Udine.
friuliano occidental, al oeste del río Tagliarnento, la variedad
más innovadora, debido a su contacto tan cercano con el veneciano.
friuliano cárnico, la variedad más conservadora, localizada
en la zona septentrional (alpina) de Friul.
La lengua sarda es una lengua romance independiente que se ha desarrollado
de una forma peculiar al estar enclavada en una isla aislada del continente.
Durante la dominación romana fue usada como lugar de encarcelamiento
para criminales reincidentes, pasando a formar parte de Bizancio posteriormente,
tras lo que cayó en manos musulmanas de donde fue conquistada por
la Corona de Aragón, razón por la cual hasta el día
de hoy hay un enclave de habla catalana en el puerto de Alghero. En el
siglo XVIII la isla se integró en Italia.
El dominio español duró en Cerdeña casi cuatro siglos
(de 1327 a 1720); los conquistadores de Cerdeña fueron aragoneses
y llevaron a la isla el catalán, pero al lado de esta lengua se
fue introduciendo el castellano, especialmente en los centros del Sassarese
y de la Gallura. Hasta 1764, el español fue la lengua oficial de
los tribunales y las escuelas. Muchos autores sardos escribieron en español
y catalán. Es natural, pues, que el español y el catalán
dejaran en Cerdeña huellas mayores que cualesquiera que se encuentren
en otras partes de Italia, sometidas menos tiempo y menos intensamente
a la dominación española.
Antes de la dominación romana se habló en la isla una lengua
o lenguas a las que se ha denominado con el apelativo de paleosardo, de
cuyo testimonio hay un número de palabras que tienen elementos
en común con el vasco y con el ibérico, aunque otras están
relacionadas con lenguas bereberes.
Los primeros textos són del siglo XI, si bien la falta de obras
literarias con la suficiente categoría, la marcada diferenciación
dialectal y la subordinación de las variedades sardas a las diferentes
lenguas de los invasores extranjeros explican el hecho de que nunca haya
existido una lengua estándar. No obstante, Cerdeña es el
lugar que ofrece la cosecha más abundante de textos antiguos en
lengua vulgar, en lo que a Italia se refiere. Tal vez la razón
se deba a que en la isla hubo poco conocimiento del latín y mucho
menos del griego, por lo que la mayoría de documentos oficiales,
para ser entendidos, había que redactarlos en sardo.
A pesar de esa abundancia y antigüedad de los textos, la mayoría
tienen alto valor lingüístico e histórico-jurídico
pero casi ninguno literario. El de abajo es un ejemplo de privilegio logudorés
que se remonta a 1080-1085:
'In nomine Domini amen. Ego iudice Mariano de Lacón fazo ista carta
ad onore de omnes homiones de Pisas pro xu toloneu ci mi pecterunt: e
ego donolislu pro ca lis so ego amicu caru e itsos a mimi; ci nullu imperatore
ci lu aet potestare istu locu de nón (n)apat comiatu de leearelis
toloneu in placitu: de nón occidere pisanu ingratis: e ccausa ipsoro
ci lis aem leuare ingratis, de facerlis iustitia imperatore ci nce aet
exere intu locu. E ccando mi petterum su toloneu, ligatorios ci mi mandarum
homines ammicos meos de Pisas, fuit Falceri e Azulinu e Manifridi, ed
ego fecindelis carta pro honore de xu piscopu Gelardu e Ocu Biscomte e
de omnes ammicos meos de Pisas; Guido de Uabilonia e ILeo su frate, Repaldinu
e Gelardu, e Iannellu, e Ualduini, e Bernbardu de Conizo, Francardu e
Dodimundu e Brunu e rRannuzu, Euernardu de Garlictu e tTotnulu, pro siant
in onore mea ed in aiutoriu de xu locu meu. Custu placitu lis feci per
sacramentu ego e domnicellu Petru de Serra, e Gonstantine de Azzem e Uoso
Ueccesu e Dorgotori de Ussam e nNiscoli su frate (en)Niscoli de Zor(ie)
Mariane de Ussam...'
La lengua cuenta con 1.600.000 hablantes, es decir alrededor del 70 %
de la población de la isla. En 1989 el 31,6% de sus habitantes
usaban sólo el italiano con la totalidad de los miembros de su
familia y un 54,4% afirmaba que utilizaba exclusivamente o principalmente
el italiano fuera de la familia.
El sardo se subdivide en cuatro principales variedades:
Logudorés, hablado en el centro de la isla, en la región
del Logudoro. Subdividido a su vez en tres variantes: meridional o nuoresa,
central y septentrional.
Campidanés, en la parte meridional (Campidano).
Galurés, en la parte nororiental (Gallura).
Sasarés, en la ciudad de Sassari y alrededores.
No todos los dialectos que se hablan en la isla se clasifican como sardos
pues posiblemente el galurés y el sasarés sean más
corsos que sardos, al haber perdido el artículo determinado derivado
de ipse. Tal vez fueron llevados allí por refugiados corsos que
huían de las vendettas de aquella isla.
Posiblemente el dialecto prototipo de la lengua sea el logudorés,
pues al campidanés se le considera más asociado al italiano.
No hay una normativa aglutinante que sea capaz de unificar el desarrollo
de la lengua, que por otra parte no tiene estatus oficial.
El proceso de latín ización de Córcega comienza tras
la Primera Guerra Púnica, en el siglo III a. C. Poco se conoce
acerca de la situación lingüística anterior a esa fecha:
se conserva un escaso número de nombres de lugares (cala, calanca,
cucca y también corse-, terreno empinado, raíz que presuntamente
da nombre a la isla) que han sido atribuidos a un sustrato "mediterráneo",
junto a otras pocas palabras, entre las que se incluyen talavellu o tarabucciu
('narciso'), caracutu ('sagrado').
Durante el período romano, Córcega y Cerdeña estuvieron,
durante varios siglos, unidas política y lingüísticamente;
sin embargo, a partir del siglo VIII, empezó a surgir una variedad
de habla corsa distintiva. Mientras que Cerdeña evolucionó
dentro de un cierto aislamiento para más tarde poner sus miras
en España, Córcega estaba abierta al italiano, sobre todo
a las influencias toscanas que se dejaban sentir, con más intensidad
al norte que al sur, en la isla.
Debido a la ausencia de cifras oficiales censadas, tan sólo podemos
hacer una aproximación al número de hablantes de corso.
Tan sólo en Córcega, probablemente residan entre 120.000
y 150.000, aunque también hay hablantes que viven fuera de la isla,
sobre todo en Francia continental. Tal como ocurre en Francia, la única
lengua oficial es la francesa, y las peticiones actuales para reconocer
al corso como lengua oficial chocan con la negativa francesa a firmar
el Estatuto Europeo sobre Lenguas Minoritarias.
Dentro del seno de la Iglesia Católica Romana la celebración
de servicios en corso no es muy habitual, aunque tanto la liturgia como
el Nuevo Testamento están traducidos. Si las familias así
lo desean, en bodas y funerales se pueden cantar los himnos en corso,
pero el texto litúrgico y el sermón se celebran siempre
en francés
Los dialectos de Córcega están estrechamente ligados con
los dialectos toscanos del centro-sur de Italia y se dividen en dos secciones
cuyos territorios están separados por la cadena montañosa
que atraviesa la isla de noroeste a sudeste (se acostumbra llamar 'cismontano'
al dialecto del nordeste y 'ultramontano' al del sudoeste).
En el sur del Tirol, en la zona del Alto Adige, vive un pequeño
número de hablantes de variedades retorromances denominada ladino
dolomita. En los valles de los Dolomitas y rodeados de población
germanófona retienen su lengua, que ahora tiene reconocimiento
social como lengua independiente. De estas variedades no existen formas
escritas hasta el siglo XIX.
La lealtad de los hablantes de ladino dolomita estuvo en el pasado de
parte de Austria más que de Italia y en la Segunda Guerra Mundial
se decantaron por Alemania. Sin embargo, tras la guerra la región
siguió siendo italiana aunque con un grado de autonomía.
Actualmente la región vive del turismo, al ser una zona de gran
belleza natural. La lengua se enseña en las escuelas primarias,
aunque en una versión diferente en cada valle, sin que haya intentos
de unificar dichas variedades.
Es evidente que el hecho de denominar a esta lengua con el término
ladino no ha de inducirnos a error al confundirla con el denominado ladino
o judeo-español, el habla de los judíos sefarditas
El número total de hablantes ronda los 30.000, prácticamente
bilingües en su totalidad en italiano (Trento y Belluno) o alemán
(Bolzano), o trilingües en ambas lenguas. Se dispone de un buen número
de libros de texto de introducción a la misma. También existen
muchas y buenas gramáticas descriptivas, diccionarios y análisis
lingüísticos de la lengua. Hay dos periódicos, Die
Dolomiten, en alemán, y el Alto Adige, en lengua italiana, que
incluyen una página escrita en alguna de las variedades de ladino.
También hay dos publicaciones que actúan como fuentes de
información sobre aspectos académicos, actividades políticas
y asuntos sociales: se trata de Mondo Ladino, editada por el Istitut Cultural
Ladin (Fassa, Trento), principalmente en lengua italiana, y Ladinia, editada
por el Istitut Ladin (Val Badia, Bolzano), escrito en alemán en
su mayor parte.
Se dividen en dos regiones y tres provincias administrativas: Val Gardena
y Val Badia (en la provincia de Bolzano) y Val di Fassa (provincia de
Trento), en la región del Trentino-Alto Adigio, y Livinallongo
y Ampezzo, junto con el colindante Comelico (provincia de Belluno), en
la región del Véneto. Nunca ha existido un núcleo
lo suficientemente poderoso como para producir algún tipo de lengua
común.
FUENTES
CONSULTADAS
WWW.PROEL.ORG
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