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La Ópera
en Italia
por Ernesto
José Mujica García
Los comienzos de la
Ópera
La Ópera, muy
distante a como se conoce hoy en día se asoció en sus comienzos
con música para la gente, patrocinada por recursos provenientes
de las cortes o de la burguesía, es por ello que bajo las condiciones
actuales, la actividad operática atraviesa serios problemas de
financiamiento, pero vive como un arte para el pueblo dentro de la idiosincrasia
del pueblo italiano.
Dos ciudades disputan el origen de la Ópera, como los son Florencia
y Venecia, por mas de cientos de años el norte de Italia ha sido
centro de las grandes actividades artísticas, las cuales vivieron
y se desarrollaron en el seno de las grandes familias aristocráticas
de dicha región. La música y el drama se comenzaron a presentar
en comedias populares de máscaras, las cuales eran también
disfrutadas por la aristocracia como también en dramas intelectuales
como las comedias de Ariosto y otros, reservados para la audiencia educada;
dichas comedias intelectuales eran acompañadas por ciertas músicas
incidentales, las cuales eran conocidas como madrigales, los cuales se
interpretaban entre los actos del drama. Todo ello se remonta hacia el
siglo XVI.
Pese a que rápidamente se difundió por todas partes, el
embrión que fue la Ópera primitiva arrastró una existencia
precaria durante los primeros treinta años de su vida. Componíase
este doble ancestro de una teoría, la pretensión de resucitar
el ya largamente olvidado arte dramático de la antigua Grecia,
y una práctica, los experimentos de drama y música del siglo
XVI. Hoy día damos por contado que la ópera es una forma
musical. En los primeros tiempos y hasta el siglo XVII la ópera
era considerada en primer lugar y fundamentalmente una forma literaria,
siendo la música apenas un elemento incidental añadido.
Cuando examinamos las óperas primitivas es fácil ver cómo
se impuso esta idea. La palabra siempre tiene una mayor importancia y,
sobre todas las cosas, los compositores perseguían una declamación
clara y correcta y además la expresión musical de las ideas
contenidas en la poesía.
El énfasis sobre el texto verbal tiene sus raíces en el
Renacimiento, que asistió a un renovado interés por el mundo
antiguo. Hasta entonces se había considerado que la música
de la antigüedad (de la cual sólo algunos pocos fragmentos
han sobrevivido) poseían mágicos poderes para conmover al
oyente mediante el maridaje de las palabras y de la música expresiva.
En el siglo XVI los músicos fueron preocupándose cada vez
más por encontrar un lenguaje musical capaz de expresar de forma
adecuada y conmovedora los textos a los que acompañaban. Su nostalgia
por el perdido arte musical de la antigüedad condujo a una reacción
contra la polifonía amanerada, frente al contrapunto escolástico,
contra la ingenuidad musical que apenas tenía nada que ver con
el sentido de los textos. En 1581, Vincenzo Galilei, el compositor y teórico,
padre del astrónomo, publicó por primera vez algunos de
los escasos fragmentos conservados de la música griega antigua,
tres himnos de Mesomedes en la notación antigua, que utilizó
para fundamentar su aversión hacia lo que él veía
como pedantería polifónica.
Los estudios sobre el drama y la música en el mundo antiguo se
desarrollaron particularmente en el círculo de los artistas y los
profesores, la llamada "camerata", reunida en torno al conde
florentino Giovanni Bardi, en las décadas de 1570 y 1580. Vincenzo
Galilei y el cantante y compositor Giovanni Caccini pertenecían
a este círculo. Poco más tarde, en la década de 1590,
empezó a reunirse otro grupo en el palacio del acaudalado comerciante
conde Jacopo Corsi. Además de tomar ideas estéticas de la
antigüedad, los artistas de este círculo, entre los que se
contaban el poeta Otavio Rinuccini y el compositor Jacopo Peri, hallaron
inspiración en el drama pastoril, especialmente en Il pastor Fido
("El pastor fiel"), de Giovanni Battista Guarini, que, en lo
que se refiere a la estructura del argumento, al contenido y a la técnica
poética, ejerció una influencia duradera en la ópera.
Es importante observar que, pese al gran interés mostrado por los
intelectuales italianos hacia el drama y la música antigua, las
primeras óperas fueron pastoriles, no tragedias.
Peri como Orfeo en
su obra Eurídice
El primer fruto de la relación Corsi-Rinuccini-Peri fue la representación
de Dafne, considerada generalmente como la primera ópera. El libreto
de Rinuccini deriva del mito griego de la naturaleza que habla de la bella
ninfa Dafne, tal como lo relata Ovidio en las Metamorfosis. El dios del
sol Apolo persigue a Dafne y la convierte en árbol. El mundo mágico
e idílico de los dioses y los semidioses conjurado por Ovidio siguió
atrayendo a libretistas y compositores durante la temprana historia de
la ópera. La música de Dafne, gran parte de la cual se ha
perdido, la compuso Jacopo Peri, con unos pocos añadidos del conde
Corsi. Los fragmentos supervivientes permiten hacerse una idea de cómo
debía sonar, con su stile espressivo y su stile rappresentativo
declamatorio. Esto mismo puede verse en otra colaboración Rinuccini-Peri,
un drama per musica titulado Euridice, representado el año 1600
para celebrar el casamiento de Enrique IV de Francia y Maria de Medici.
La asociación de la ópera con festividades y manifestaciones
de poder y grandeza se perpetuó en los teatros de los príncipes
menores y en los teatros de ópera subvencionados. Originalmente,
la función festiva se derivó de los intermedi, los interludios
grandiosos y escénicamente espectaculares insertados en los entreactos
de las comedias que se representaban para celebrar los acontecimientos
domésticos importantes, coronaciones, nacimientos, bodas en las
vidas de los príncipes italianos del siglo XVI.
Eurídice es la primera de las muchas óperas basadas en el
mito de Orfeo, el cantor y tañedor de lira tracio. Eurídice,
la esposa de Orfeo, muere a causa de la mordedura de una serpiente, por
lo que Orfeo desciende al Hades para rogar por la vida de Eurídice.
Allí, su canto expresivo mueve a compasión a los seres demoníacos
y se le permite regresar al mundo con Eurídice. Encontramos a Orfeo
una y otra vez a lo largo del tiempo en la historia de la Ópera,
incluyendo ejemplos cruciales como los de Monteverdi y Gluck. Se podría
decir de ella que es el prototipo de Ópera. No es una coincidencia
que Apolo, dios del sol y de la música, y Orfeo aparezcan como
personajes en las primeras óperas, un tema frecuente acerca del
poder de la propia música.
Claudio Monteverdi fue el primer genio incontestable de la historia de
la Ópera. Sin un conocimiento de la lengua italiana, las óperas
de Peri y Caccini (que compuso la música para la Eurídice
de Rinuccini al objeto de rivalizar con la de Peri) presentan obstáculos
insuperables al oyente contemporáneo. No es este el caso de Monteverdi,
como muestran las recientes representaciones con gran éxito de
sus tres óperas supervivientes. Los modernos oyentes, ya sean expertos
o profanos, quedan cautivados por el modo en que Monteverdi era capaz
de insuflar vida expresiva en sus personajes, son arrastrados por el ímpetu
dramático de sus obras y encantados por la riqueza y la plenitud
tonal de la música.
Monteverdi nació en 1567, tres años después que Shakespeare,
hijo de un médico de Cremona, la ciudad de los constructores de
violines. Empezó a componer madrigales a una edad muy temprana
y se fue a la corte de los Gonzaga en Mantua, donde llegó a ser
maestro di capella en 1601; no era un simple y vulgar tejedor de notas
sino un intelectual, insólitamente bien educado, sensible, coherente,
dueño de sí mismo y versátil. Vio enseguida las limitaciones
y las posibilidades de la nueva forma teatral. Su respuesta fue llevar
a la escena, el 24 de febrero de 1607, en Mantua, L'Orfeo, favola in musica,
la primera ópera en alcanzar un lugar permanente en el repertorio.
El texto lo había escrito Antonio Striggio, un funcionario de la
corte. Diez años después de que el dramma per musica hubiera
venido al mundo, esta obra constituida en hito incide aún en el
mito de Orfeo y tiene una gran deuda con el tratamiento que dio Peri a
la misma historia. La acción es presentada por las alegóricas
figuras bien conocidas de las obras y representaciones renacentistas.
Orfeo y Eurídice, recién casados, aparecen en un entorno
idílico con ninfas y pastores. Tras la muerte de Eurídice,
conmovedoramente descrita por el mensajero, Orfeo se aventura en el mundo
inferior al objeto de rescatar a su amada. A causa de su amor infringe
la orden de no volver su rostro y mirar a Eurídice en el camino
de retorno. Su esposa es condenada al Hades de nuevo. Las óperas
primitivas tendían a sustituir los finales trágicos por
finales felices y Orfeo no es una excepción: Apolo aparece como
un deux ex machina y conduce a Orfeo al Paraíso, donde se reunirá
para siempre con Eurídice. Los pastores celebran la apoteosis de
Orfeo con una danza. Habían nacido las reglas perdurables de una
estructura dramática: el lieto fine (final feliz) como requisito
operístico; la alternancia de escenarios en fuerte contraste (idilio,
mundo inferior, paraíso), que se convertirá en un rasgo
esencial de la ópera barroca francesa; la combinación de
recitativos y números independientes, coros, números ariosos,
ritornellos y danzas, canciones para varias voces. La orquesta adquiere
una mayor significación, caracterizando las escenas dramáticas
y los acontecimientos con su colorido y utilizando los instrumentos para
efectos simbólicos. En veintiséis pasajes instrumentales
independientes su efecto es relevante en la medida en que apoya e interpreta
la acción. En la orquesta de Monteverdi había unos cuarenta
ejecutantes. La partitura no consigna todos los particulares; marca la
tónica general sin entrar en detalles. Por la época del
Orfeo Monteverdi estableció los principios de su nuevo estilo -
seconda prattica como opuesta a la tradicional prima prattica - Y afirmó
que "el compositor moderno actúa sobre la base de ser fiel
a la realidad".
Claudio Monteverdi
La siguiente ópera de Monteverdi se basó en la leyenda griega
de Ariadna. Sólo sobrevive un fragmento, el famoso y seminal Lamento
d'Arianna (1608), una efusión enormemente expresiva cantada por
Ariadna tras ser abandonada por Teseo, su amante, en la isla de Naxos.
Cuando la cantante que interpretaba el papel de Ariadna cayó enferma
antes del estreno, Monteverdi introdujo una actriz: estaba más
interesado por la expresión verbal que por el canto bello. Monteverdi
ensayó Arianna durante cinco meses, iniciando así el hábito
de la larga y completa preparación para lograr representaciones
modélicas. La corte de Mantua celebraba también fiestas
en las que figuraban de manera preeminente óperas y ballets de
Monteverdi.
El Teatro Grimani
de Venecia.
Durante esta época la vida de Monteverdi se ensombreció;
su esposa murió; hubo dificultades en Mantua; hubo un brote de
peste; en 1618 empezó la guerra de los Treinta Años; la
ciudad de los Gonzaga fue saqueada en 1630 y ardieron muchas obras inéditas
de Monteverdi. Monteverdi se trasladó de Mantua, donde las relaciones
con el duque reinante se hicieron tensas, a Venecia, que pronto se convertiría
en un baluarte de la ópera. Allí, en 1613, fue designado
director de música de la Basílica de San Marcos, uno de
los puestos musicales más importantes de Italia. En Venecia fue
donde tuvieron lugar las primeras representaciones de las últimas
óperas de Monteverdi. El héroe de Il ritorno d'Ulisse in
patria (1641) es Ulises, también llamado Odiseo, quien tras vagar
largamente durante su viaje de retorno al hogar de la guerra de Troya
llega a Itaca y derrota a los pretendientes de su esposa Penélope.
L'incoronazione di Popea (1642) es una de las primeras óperas históricas;
llena de introspección psicológica e ironía, es la
historia de una cortesana que se casa con el emperador romano Nerón.
Tras el mito griego y la leyenda homérica la historia universal
se apodera de la escena operística. Alborea el realismo, aunque
sea con vestidura clásica. Aparecen ya personajes cómicos;
esas figuras periféricas son retratadas con viveza y vigor, anticipando
la Ópera buffa. Monteverdi murió a una avanzada edad en
Venecia en 1643.
Teatro La Fenice,
Venecia
Entretanto, la condición social de la ópera estaba cambiando,
convirtiéndose en un espectáculo musical dramático
para el público en general. Hasta entonces había estado
reservada a la corte, era un asunto esotérico de las clases nobles.
Elementos cómicos se introdujeron y la Ópera comenzó
a ser más permeable hacia el pueblo. En 1637 la primera casa de
Ópera se abrió en Venecia, la cual no era regida por monarquías
sino por acaudaladas familias de comerciantes como los Grimanis y los
Mocenigos, y era una cuidad de libertad intelectual y de placeres dentro
de los cuales comenzó a contarse con la Ópera.
Ahora, en marzo de 1637, el músico y administrador Benedetto Ferrari
abría el teatro San Cassiano en Venecia, un teatro de ópera
abierto a todo el que adquiriese una entrada. Todo el mundo concurrió
a la maravilla de la ópera, el portento que había estado
reservado a las clases dominantes. Tan sólo dos años más
tarde Ferrari estaba en condiciones de abrir otros dos teatros de ópera.
Pronto hubo dieciocho en Venecia; recibían el nombre de las parroquias
en que se hallaban situados. La ópera se había convertido
en un pasatiempo popular.
Escena de las representaciones
de la época
En Roma hubo algunas quejas acerca de los "aburridos recitativos"
y el énfasis literario dominante. La nueva forma artística
se enriqueció con música en forma de arias y coros y particularmente
con elementos tomados del teatro renacentista, presentando escenas religiosas
y seculares, espectáculos varios, desfiles carnavalescos y procesiones
triunfantes (trionfi), espectáculos alegóricos o bíblicos,
interludios cómicos y commedia dell'arte. El ansia de novedades
de los italianos se hizo extensiva a la ópera; los excesos barrocos
de escenografía y tramoya estaban ya cercanos. Las costumbres piadosas
fueron secularizadas; los rituales litúrgicos quedaron reflejados
en las numerosas escenas con templos y sacerdotes, las procesiones religiosas
en desfiles, coros masivos y cabalgatas. La ópera conformó
su ser en un país católico, donde la liturgia se impregna
de teatralidad, el ceremonial se confunde con la escenografía.
La difusión más rápida tuvo lugar en los vecinos
países católicos de Francia y Austria. La ópera llegó
a las áreas de habla alemana a través de Viena, Salzburgo
y Praga. El norte protestante manifestó sus reservas. Sólo
los grandes puertos y los centros comerciales, donde soplaba un viento
de libertad, le abrieron sus puertas a la nueva diversión. Por
otra parte, la Guerra de los Treinta Años había desvastado
y empobrecido grandes zonas de Europa. No fue sino hasta 1678 cuando se
abrió el primer teatro de ópera en suelo alemán;
fue el Theater am Gänsemarkt (Teatro del Mercado de los Gansos) en
la ciudad libre hanseática de Hamburgo, una empresa privada sin
subvención. Los teatros de ópera, ya estuvieran en manos
cortesanas o privadas, pronto hicieron el descubrimiento fundamental de
que la ópera es un entretenimiento caro que siempre anda balanceándose
en la cuerda floja de la bancarrota. Los muchos teatros que competían
en Italia equilibraban sus balances combinando sus actividades operísticas
con mesas de juego, restaurantes y otros servicios. Un ejemplo reciente
de esto en nuestros días es en Montecarlo, donde casino y teatro
florecen bajo el mismo techo.
Experimentos que fueron conllevando hacia lo que hoy en día conocemos
como Ópera son el Amfiparnaso, creado por Orazio Vecchi en 1597
las cuales consisten en catorce madrigales que ilustra la comedia de las
mascaras, la cual consistía en una comedia que era actuada sin
libreto mientras se ejecutaban los madrigales. Otra manifestación
interesante fue la Rappresentazione dell' Anima e del Corpo por Emilio
de Cavalieri en Roma hacia el año 1600. Cavalieri tuvo contacto
con el circulo de la Ópera Florentino y colocó himnos que
eran cantados en los episodios en los cuales se presentaba una actuación
bailada.
Monteverdi concibió la Ópera como un arte en el cual todas
las otras artes convergieran para un propósito común.
Las Óperas Venecianas fueron extravagantes en todo sentido: Los
libretos generalmente trataban sobre héroes y heroínas del
antiguo imperio romano, luego con dioses y diosas con historias de pasiones
e intrigas, de gran aceptación en la población humilde que
asistía a las interpretaciones.
Período Barroco
La ópera barroca fue un espectáculo diseñado para
atraer tanto a la vista como al oído. Se difundió por toda
Europa pero su trayectoria triunfal fue seguida por dos siglos de abandono,
tiempo durante el cual fue denigrada por pasada de moda sin la menor esperanza,
falta de dramatismo, pomposa y vacía. El auge de la musicología
a fines del siglo XIX trajo consigo la exhumación de una obra tras
otra y pasado el recodo del siglo la escuela neobarroca, en reacción
contra el drama musical wagneriano. El nombre de Monteverdi resonó
una vez más después de muchos años; tras la primera
gran guerra, las obras de Haendel volvieron a la escena por vez primera
en Göttingen.
Había mucho que resucitar, aparentemente como vía de escape
de la emotividad del romanticismo tardío, pero un exponente del
decorativo estilo vocal barroco, en verdad la estrella de la ópera
barroca, había desaparecido sin remedio: el castrato, el varón
mutilado que fue la creación extravagante y víctima del
bel canto.
Poco antes de que se desencadenara la epidemia operística, la ópera
cómica, que ya en fecha tan temprana como 1639 había recibido
el nombre de "commedia", fue "inventada" en Roma.
La gente común plantó en el escenario musical, junto con
figuras tomadas de la commedia dell'arte, la música de Mazzochi
y Marazzoli con texto del cardenal Giulio Rospigliosi, el futuro papa
Clemente IX. La ópera se titulaba Chi soffre speri. Era de estilo
realista, pues la realidad es la piedra de toque de la comedia. Se imponía
la verosimilitud, que conducía al tratamiento psicológico
de los personajes, que dejaban de ser rígidas figuras estereotipadas.
La Ópera buffa aportó al teatro musical una mirada instrospectiva
en la naturaleza humana, con sus debilidades, frustraciones y conflictos.
La ópera barroca se organizaba de acuerdo con un esquema. La Ópera
seria (el ancestro de la "grand opéra" del siglo XIX)
derivaba sus elementos de la historia y la leyenda clásicas; prácticamente
a todos los héroes mitológicos les alcanzó un libreto
de versos pomposos y luego la música. Había escenas corales
pero pocas de conjunto. Los recitativos y las arias determinaban el curso
de la ópera. La acción en si misma era desarrollada por
un predominante recitativo "secco" -así llamado porque
sólo era acompañado por el clave y los instrumentos bajos-
en tanto que las más emotivas arias expresaban los sentimientos
de los personajes individuales, normalmente en una forma "da capo"
. En su riqueza de coloratura, en su capacidad para conmover y su belleza,
estas arias tenían un brillo artificial y una tendencia intrínseca
hacia el manierismo. La armonía estaba concebida mucho más
verticalmente que en la era polifónica del Renacimiento. La partitura
consistía fundamentalmente en la parte vocal y en la línea
del bajo; de los clavecinistas y de los tañadores de instrumentos
pulsados se esperaba que improvisaran armonías partiendo de las
indicaciones escritas sobre la línea del bajo; de aquí el
bajo continuo. La orquesta, casi invariablemente, constaba de una sección
de cuerda que en ocasiones se vería reforzada por un fagot; más
tarde se añadieron oboes, flautas y trompas; también podían
utilizarse instrumentos de metal. La ejecución era dirigida desde
el clave, a menudo por el propio compositor.
Representaciones de
la época
El culto barroco a la ópera tenía en sí mismo a su
peor enemigo. Los cantantes, especialmente los castratos se erigieron
en déspotas. A los libretistas se les quemaban las pestañas
de tanto escribir. Alessandro Scarlatti (1660-1725), fundador de la escuela
napolitana, dejó ciento quince óperas, ciento cincuenta
oratorios y alrededor de seiscientas cantatas. La autocopia, la producción
masificada y el manierismo eran inevitables. En realidad no había
un repertorio; el público quería óperas recién
salidas de la pluma. Todo dependía de la scrittura, el nombramiento
por parte de un teatro. Los escritores andaban a la rebatiña para
conseguirlo cuando eran jóvenes, y una vez establecidos lo arrastraban
como un pesado fardo.
Gradualmente, Venecia, donde los compositores habían permanecido
más o menos fieles al austero estilo de Monteverdi, cedió
la supremacía a Nápoles, que era la mayor ciudad de Italia
a principios del siglo XVIII, con 300.000 habitantes, y, consecuentemente,
la ciudad con mayor exigencia de diversiones. La escuela napolitana se
puso pronto a la cabeza del género. Las diferencias con respecto
a la veneciana eran ligeras; el recitativo accompagnato (recitativo con
acompañamiento orquestal) se puso de moda, el aria da capo se fue
haciendo más flexible, la ópera seria se despojó
de algunos de sus amaneramientos a pesar de que aún tendía
a exagerar la expresión emocional; el mérito especial del
estilo italiano meridional fue su ligazón con la commedia dell'arte,
que aportó un esfuerzo hacia el realismo y la introspección
psicológica, de modo que las figuras estereotipadas resultaron
más humanas y aportaban más encanto sensual hacia la melodía
y el color tonal. Sensualidad, ingenio y comedia hicieron de la Ópera
buffa napolitana un modelo que perduró hasta Mozart, Rossini y
Donizetti.
Por otra parte había surgido la costumbre de insertar intermezzi
cómicos, farsas, en medio del tono aceptado y marchito del estilo
heroico de la Ópera seria, tratando de dar cierta variedad a la
diversión del público, que era bastante versátil
en cuanto a sus preferencias operísticas. Uno de estos interludios
hizo historia en la ópera convirtiéndose en el prototipo
de ópera cómica, así como la causa involuntaria,
hacia 1755, de la "guerre des buffons" en París, entre
los partidarios de la ópera cómica italiana y los de la
ya pasada de moda ópera francesa. Fue La serva padrona de Giovanni
Battista Pergolesi (1710-1736). En lo que respecta a la acción,
esta pieza de cuarenta minutos de duración deriva de la commedia
dell'arte. La taimada doncella Serpina induce al anciano y gruñón
Huberto a casarse con ella y convertirla en la dueña de la casa.
No hay más que dos cantantes y un criado mudo y siete números
musicales con recitativo secco, pero los personajes están dibujados
y desarrollados con un ingenio nuevo, con sensibilidad y brevedad, mostrando
la fragilidad humana. Esta partitura napolitana de 1735 apunta ya en línea
directa hacia Mozart.
El periodo rococó se estaba iniciando, con sus formas elegantes,
delicadas, su estilo "galant" y su sentimentalismo. Su rocalla
ornamental quedó fosilizada como recurso establecido. En la música
tuvo lugar un proceso de transición gradual. El bajo continuo,
ese tirano de estilo barroco, el basso continuo acompañado de armonías
expresadas en temas por encima de la línea baja, se batía
en retirada paso a paso. Los instrumentos para continuo fueron perdiendo
importancia: sólo el clave se mantuvo como soporte de los recitativos
secco. Todo esto ocurrió de la mano de un cambio del gusto. El
contrapunto escolástico cayó en descrédito como un
corsé pasado de moda. La gente había oído ya más
que suficientes fugas, cánones y otros artificios polifónicos.
El rígido estilo de escritura se mantuvo más tiempo en la
música religiosa.
Decorados para la
Ópera Italiana barroca
La gente llevaban lunares en el rostro, vestía ropajes de pastoras
y llevaba el corazón en la mano. De este modo se acostumbraron
a las sencillas y emotivas melodías no trufadas por la coloratura.
Como en los primeros días de la ópera, se adjudicó
la mayor estimación a la monodía, al canto sencillo con
un acompañamiento vivaz, una voz que sale del corazón antes
que un virtuoso despliegue de destreza vocal. La grandeza del compositor
no reside en las estructuras contrapuntísticas espléndidamente
ingeniosas sino en líneas melódicas expresivas, subjetividad
convincente e individualidad estilística. Al estar más cercana
a la realidad, la Ópera buffa empezó a destacarse, en tanto
que la Ópera seria se fue esclerotizando gradualmente hasta convertirse
en el arte de prestigio de las cortes. La ópera heroica sobre los
temas griegos y romanos, ya en su fase final, tuvo dos figuras con autoridad
en medio de las hasta entonces poco consideradas filas de los libretistas.
Estos clasicistas extremadamente educados que escribieron los textos para
las últimas óperas barrocas eran pulidos versificadores
y maestros de las estructuras dramáticas que escribieron libretos
puestos en música repetidamente por compositores grandes y pequeños.
Ambos fueron poetas cortesanos en Viena: el veneciano Apostolo Zeno (1668-1750)
y Pietro Trapassi (1698-1782), de Roma, que se hizo llamar Metastasio.
El propósito declarado de Zeno era que la ópera debía
fomentar la virtud presentando personajes nobles abocados a desenlaces
felices después de haber superado los obstáculos. Metastasio,
cuyos libretos fueron utilizados incluso por Mozart, abordó los
mitos y la historia en forma de complicadas intrigas y escribió
versos eufónicos y llenos de vocales y símiles floridos
en italiano, por supuesto.
La Ópera se
esparció hacia Bologna, Roma y Nápoles. Un gran creador
de Óperas en Venecia como lo fue Cavalli fue invitado a París
en 1660 para la interpretación de su Ópera Serse, la cual
poseía novedades arquitectónicas en el escenario implementadas
por el arquitecto italiano Torelli, dicha Ópera genero la reacción
francesa de crear su propia Ópera que irónicamente tuvo
en Giovanni Battista Lulli (1632 - 1687) a su primer gran creador del
estilo francés de Ópera con colaboraciones geniales en los
libretos como las de Moliere y Quinault.
Lully
Hacia el final del siglo XVII Nápoles se convierte en el centro
de la Ópera Italiana. Aportes españoles a la Ópera
en el libreto como lo fue el carácter jocoso y la influencia heroica
presente en las Óperas francesas influyen en la Ópera italiana
bajo el reinado de Italia de Carlos VI. Un poeta de su corte, Apostolo
Zeno tomó y reformó muchos libretos de la antigua Ópera
Veneciana y estableció el patrón de tres actos en vez de
los cinco o más que poseían las Óperas en Venecia.
Luego de Apostolo Zeno viene Pietro Metastasio, otro gran poeta y músico
que escribió grandes libretos los cuales eran tomados por los grandes
músicos que versionaban sus libretos, pues vale decir que en esa
época no se poseía derechos de autoría sobre una
música creada para un libreto. Sus Óperas fueron de un lenguaje
más exquisito y se disminuyo la carga humorística, contando
con una gran influencia de dramas medievales como los realizados por Shakespeare.
Cabe decir que hasta este punto la Ópera no se conocía como
tal. En Italia se le llamaba Melodrama o Drama per musica, en Francia
se le conocía como Tragèdie liryque y solo se le comenzó
a llamar así hacia 1644 cuando John Evelyn lo resalto de esta manera
en un diario de Roma, pero solo se resalto con dicho nombre dentro del
mundo musical en Italia hasta antes de 1800. Se cree que el nombre de
Ópera era usado en Inglaterra desde un inicio por compositores
hacia el año de 1656 por artistas como Locke, Purcell y Handel.
Las Óperas del estilo de Metastasio prevalecieron hasta la primera
mitad del siglo XVIII porque a pesar de la locacion, en general se encontraban
presentes un noble héroe, una heroína sufrida, un villano
usurpador y dos pares de amantes subsidiarios a la trama. La Ópera
consistía casi enteramente de canciones de solos, separadas por
recitativos los cuales eran sumamente dramáticos y con una gran
fuerza expresiva y de gran belleza musical. El numero y orden de las canciones
fue estrictamente regulado. Al final de cada canción el cantante
debía dejar el escenario y en la interpretación, debido
al lenguaje refinado debía expresarse todas las emociones, elementos
que no poseían tal rigidez en la antigua Ópera veneciana.
En 1700 Alessandro Scarlatti invento el ensamblaje de la perplejidad,
donde la canción era dividida en tres o cuatro caracteres, donde
se decía todo lo que no se podía decir en una situación
terrible, pero tomo un largo tiempo en que los compositores tomaran este
recurso, se buscaba eliminar complicados finales y reducirlos a frases
cortas con la presencia de la mayoría de los personajes. La danza
fue sacada de la Ópera italiana y quedo reservada en las Óperas
francesas.
Alessandro Scarlatti
Luego de la mitad del siglo XVIII la Ópera en Nápoles tomo
un rumbo diferente. Se llevo a ser comedia en música y se incorporo
el dialecto napolitano, cantando canciones populares o de los marineros
locales, todo ello escrito y compuesto por compositores formales. Esta
fascinación por este tipo de Óperas se esparció por
Europa y ciudades del norte de Italia como Bologna y Venecia. Hasta ese
momento la Ópera italiana solo se ocupaba en cantar debido a que
los efectos eran proporcionados por la maquinaria teatral y no se dedicaron
a expresarlos musicalmente, ignoraron la declamación y el ballet,
además de la presencia de coros. La Ópera Napolitana, prohibida
en Francia, entra con gran éxito debido a que representaba un aire
fresco lejano de la majestuosidad de la Ópera francesa, la cual
la hacia lejana al publico que asistía a las representaciones.
Se sospecha que quizás la Ópera se comenzó a diferenciar
en la época de Napoleón, donde se realizaban Óperas
serias para la conmemoración de ciertos eventos donde asistían
los aristócratas e intelectuales, dejando la Ópera bufa
solo para el pueblo. Ello marcó un cambio en el lenguaje de las
Óperas en Inglaterra, Europa central y Rusia, donde las Óperas
serias seguían interpretándose en Italiano y las bufas comenzaron
a presentarse en el idioma de cada región. También es de
resaltar que la grand Ópera, a diferencia de la Ópera cómica,
trataba situaciones de la edad antigua (con los poemas épicos de
Ariosto y Tasso) y de la edad media, mientras que la Ópera cómica
se remitía a situaciones de la actualidad del siglo XVIII.
Teatro de la época
barroca
Período Clásico
Giovanni Paisiello (1740-1816). Este compositor del sur de Italia, a quien
Mozart admiraba, había escrito Il barbiere di Siviglia ovvera La
precauzione inutile en San Petesburgo en 1782, basándose en la
comedia que Beaumarchais había escrito en 1775. Este dramma giocoso
concentra el ingenio burlesco de la obra con su crítica social
pre-revolucionaria, en diecisiete breves números musicales. La
comedia de Paisiello quedó oscurecida por Il barbiere di Siviglia
de Rossini en 1816. Un ameno sucesor de Pergolesi, el italiano Domenico
Cimarosa (1749-1801), fue autor de partituras de considerable éxito
a fines del siglo XVIII, especialmente en Viena, donde sucedió
a Antonio Salieri como director de música de la corte. Su Il matrimonio
segreto (Viena,1792) fue la única Ópera comica de finales
del siglo XVIII que se hizo un lugar en el repertorio junto a las obras
escénicas de Mozart.
Mozart aunque sus primeras Óperas fueron escritas en alemán
escribe tres Óperas comicas en italiano (Le nunze di Figaro (1787),
Don Giovanni (1788) y Cosi fan Tutte (1790)) logrando un redimensionamiento
de la profundidad del libreto aunque fuese cómico, siendo escondido
ello en la reestructuración de los tres típicos actos como
se conocía la tradicional Ópera cómica italiana,
La comedia inconfundiblemente revolucionaria de Beaumarchais Le mariage
de Figaro ou la folle journée, secuela de Le barbier de Seville,
fue prohibida por los censores en Viena pero en 1786 se les permitió
a Mozart y a Lorenzo da Ponte (1749-1838), un libretista de genio, basar
una Ópera buffa en la obra teatral que opone el ingenio del hombre
de clase baja al poder arbitrario de la nobleza. Las intrigas se desenvuelven
como un mecanismo de relojería a lo largo de los cuatro actos,
pero los personajes implicados en el embrollo no son ya tipos sino seres
humanos con todas sus contradicciones. La Ópera buffa queda elevada
a comedia de género. El aria se concentra en el retrato de un personaje
o en el relato de una situación; unos animados conjuntos impulsan
la acción. Los finales del segundo y tercer acto se convierten
en amplios terrenos de conflicto en el que todos actúan contra
los restantes y todos permanecen individualmente caracterizados incluso
en la más densa escritura vocal.
En el "dramma giocoso" Don Giovanni (Praga, 1787), los puntos
focales tanto de la música como de la acción dramática
son proporcionados una vez más por las partes de conjuntos finales.
El final del primer acto, con las orquestas escénicas ejecutando
ritmos de danza contrapuestos al mismo tiempo y con sus grupos de intereses
encontrados es una obra maestra de complejidad. El tema de Don Juan, tomado
de la España renacentista, es tratado con distanciamiento irónico,
con gran complejidad de estratos. Este filibustero sensual se mueve entre
destacadas figuras de la Ópera seria (Donna Anna, Don Ottavio,
el Commendatore), tipos tragicómicos (Donna Elvira, Masetto) y
personajes de la Ópera buffa (Zerlina, Leporello). Las categorías
empiezan a resultar mixtas - la respuesta de la ópera a los grandes
cambios de alrededor de 1800. El siglo XIX manifestó su desaprobación
a Così fan tutte (1790), la última Ópera buffa que
Mozart escribió con Da Ponte, porque la encontraba lasciva y caprichosa.
Richard Strauss, en tanto que entusiasta de Mozart, fue el primero en
modificar tal punto de vista. En nuestros días, esta obra para
seis personajes, construida simétricamente a la manera de una comedia
francesa, es considerada una "comedia negra", una alegoría
mitad irónica, mitad indulgente de la mutabilidad de las emociones.
La Ópera buffa napolitana es elevada, hasta el punto en que la
música florece en sensualidad, por un proceso a la vez deliberado
y críptico, hasta el nivel de comentario de las debilidades humanas,
cosa que aprovecho Rossini posteriormente en el libreto del Barbero de
Sevilla, tomando la situación cómica del segundo acto como
una sátira política y social. Otra Ópera escrita
en italiano por Mozart fue La Clemenza di Tito (1791) con una estructura
típica de la Ópera italiana.
Don Giovanni
Hasta ese momento los italianos poseían los mejores trabajos en
las cortes europeas en la composición de músicas y libretos
para Óperas, cosa que luego de Mozart debieron compartir con escritores
y músicos de otras nacionalidades. La presencia de la revolución
francesa junto al Imperio Napoleónico y el Imperio Prusiano torno
importante las Óperas francesa y germánica respectivamente.
París desplazo a ciudades italianas como Nápoles y otras
de gran importancia musical como Viena como centros importantes de la
Ópera. La escuela italiana se dividió entre aquellos que
conservaron el estilo clásico de la Ópera italiana y los
que adaptaron los principios franceses.
Luigi Cherubini (1760-1842), que había nacido en Florencia pero
alcanzó la maestría en París; pese a que retrocedió
a la forma estilística de la Ópera seria italiana (Medée,1797),
colaboró en los avances respecto a la ópera de "números"
en obras como Les deux journées (1800) y Lodoïska (1805),
que se asemejan a las óperas de terror y liberación de la
era revolucionaria.
El italiano Gasparo Spontini (1774-1851) dio al estilo de Gluck un giro
grandioso, napoleónico. La vestale (1807), situada en el período
final del imperio romano y que trata del amor de una virgen del templo
y su negligencia, fue, junto con Ferdinando Cortez ou la coquête
de Mexique (1810), la gran ópera festiva, decorativa, de la era
napoleónica. En 1820 Spontini fue nombrado Director General de
Música en Berlín, el primer nombramiento de este género
en la historia de la ópera.
Como director, introdujo el uso de la batuta, organizó la ubicación
de los elementos de la orquesta y ensayó meticulosamente y ofreció
representaciones modélicas de sus propias óperas así
como de las de compositores como Mozart y Weber. Como Gluck y su propio
sucesor Meyerbeer, fue un hombre de teatro, sin interés por la
música fuera del escenario.
Pero en la primera mitad del siglo XIX los propios italianos comenzaron
a tomar la visión de la Ópera como un producto de exportación
italiano, liderizados por Domenico Barbaja (1788 - 1841) director de los
teatros San Carlo en Nápoles y la Scala en Milán y Gioacchino
Rossini (1792 - 1868) llamado por los italianos el Napoleón de
la música.
Teatro San Carlo,
Nápoles
Las campañas de Napoleón habían dejado a Europa agitada.
La gente estaba cansada de patrioterismo, tanto en la vida real como en
el teatro. Llegaba ahora la época de la Restauración y del
estilo Biedermeier; el ciudadano profundamente frustrado podía
darle vueltas a sesudos pensamientos entre sus cuatro paredes pero en
el teatro buscaría relajarse, ánimo alegre y placer. Había
llegado la hora de Gioacchino Rossini, nacido en 1792, hijo de un músico
de banda del puerto de Pesaro. Sus cuarenta y tantas óperas tienen
algo para todo el mundo: para los cantantes, a los que dio papeles con
bravura, para los gerentes de los teatros ávidos de éxitos
de taquilla y para el público en busca de solaz. Hablando estadísticamente,
Rossini escribió principalmente óperas serias, sucesoras
de la Ópera seria del período rococó, pero sus óperas
cómicas, descendientes de la Ópera buffa napolitana, conservaban
tal vitalidad que durante mucho tiempo se habló sólo de
Rossini en términos del "genio siempre alegre del toque ligero",
excepto cuando se le menospreciaba como un vacío tejedor de arias,
como lo fue por parte de Berlioz y algunos de los románticos alemanes.
Rossini escribió casi exclusivamente para el teatro, inicialmente
al modo tradicional, pero mostrando ya sus rasgos distintivos desde el
Tancredi (1813) en adelante, entre ellos una línea vocal vigorosamente
emotiva, conjuntos y finales modelados al estilo de Mozart, sorprendentes
pautas rítmicas que incorporan ostinatos y crescendos y un sonido
orquestal de gran complejidad, realzado por una escritura virtuosística
para los instrumentos de madera, más destacable cuanto que tenían
un papel puramente de acompañamiento.
Gioacchino Rossini
Escribiendo por encargo para un teatro tras otro, entre Italia y Viena,
ciudad que se le rindió al primer intento, compuso ópera
tras ópera a toda velocidad. Los temas orientales que se habían
hecho populares estaban verdaderamente plagados de situaciones cómicas,
como en L'italiana en Algeri (1813) e Il turco in Italia (1814), en que
el enrevesado tejido de confusión está compuesto por una
disputa para iniciados acerca de un libretista al límite de su
ingenio que busca tema para una ópera. Al principio los italianos
se tomaron a mal que en 1816 Rossini se aventurase a seguir los pasos
de Paisiello con una versión de Il barbiere di Siviglia a base
de música chispeante. El humor de las pegadizas arias y de los
conjuntos enmascararon el carácter incendiario y pre-revolucionario
de la comedia de Beaumarchais. El Barbiere ha conservado su lugar en los
programas incluso cuando las óperas de Rossini han sido consideradas
"basura extranjera". La Cenenterola ossia la bontà in
trionfo (1817) es una versión embellecida del cuento de Cenicienta
que tiene una exposición llena de alegre encanto, incluso en su
línea mecánica.
La Ópera que le hizo ser famoso fue Tancredi (1813), luego le seguiría
Le Barbieri di Seviglia (Roma, 1816) y Guillermo Tell (París, 1816).
En dicho periodo las Óperas italianas comenzaron a tener éxito
debido a la calidad de los cantantes y al espíritu militar de las
Óperas debido a la influencia del periodo Napoleónico, se
introdujo nuevos aportes técnicos a la música.
El primer hito en sus óperas serias fue Otello (1816). Hasta que
Verdi adaptó el argumento de Shakespeare en 1887 la ópera
de Rossini, que se representó en ocasiones con final feliz, fue
la versión musical de referencia de este drama de celos. En algunas
óperas de Rossini el personaje central es una mezzosoprano con
una coloratura flexible; estos papeles fueron pensados para la primera
esposa de Rossini, la cantante española Isabella Colbran.
Uno de ellos fue Elisabetta, regina d'Inghilterra (1815), que fue notable
por dos innovaciones: la coloratura estaba escrita en su totalidad, sin
dejarla al antojo de la cantante, y había un recitativo stromentato
totalmente escrito en la partitura, en lugar del recitativo secco.
Mosè in Egitto (1818) resultó ser un precursor de Nabucco
de Verdi, presentando a los israelitas en cautividad en Egipto, con Moisés
al frente de su pueblo cruzando el Mar Rojo. La idea del Risorgimento
(la unificación de Italia, una vez liberada del dominio extranjero)
emerge en una forma críptica, a través del Antiguo Testamento.
La Preghiera (escena de la oración) del último acto sigue
siendo una de las melodías más populares de Rossini. En
Maometto Secondo (1820) Rossini presentó una forma sublimada de
la ópera turca convencional. En 1826 ambas óperas serias
fueron revisadas y ampliadas para París al estilo que ya se avecinaba
en la historia de la ópera.
París resultó ser el último lugar de descanso de
Rossini. La transformación de la tragédie lirique en grand
opéra la llevaron a cabo el libretista Eugène Scribe, las
óperas serias de François Esprit Auber (1782-1871), como
La muette de Portici (1828) y finalmente por La juive (1835) de Jacques
Fromental Halévy (1799-1862); se trataba de óperas sobre
temas históricos, que presentaban decorados suntuosos y espléndidas,
sensacionales escenas de multitudes. Siempre se había pensado que
París tenía los mejores técnicos de escenografía.
Rossini se alineó con este último cambio de estilo mediante
las revisiones de sus primeras óperas, con Le comte Ory, una comedia
situada en la edad media, con la grotesca comedia de su cantata escénica
Il viaggio a Reims y con su última obra para la escena Guillaume
Tell (1829).Esta descomunal ópera en cuatro actos acerca de Guillermo
Tell da un cierto tinte suizo a la impresionante serie de arias y conjuntos
de bravura, se sirve de motivos conductores como base de la melodía
y la armonía y adelanta las escenas de conspiración de Verdi
en el juramento de Rütli. A los treinta y siete años Rossini
dejó de componer óperas, quizás porque previó
el advenimiento de una época en la que no habría lugar para
él. Dando un irónico paso atrás como hombre de mundo,
vivió de su fama como un monumento a sí mismo, compuso los
"Pecados de la Edad Provecta" y murió en Passy, cerca
de París, en 1868.
El barbero de Sevilla
Romanticismo
Entretanto, el romanticismo había cruzado la frontera de Italia.
Gaetano Donizetti (1797-1848), que había nacido en Bergamo el mismo
año que Heine y Schubert, compuso alrededor de setenta óperas;
su Don Pasquale (1843) fue la última Ópera buffa italiana
hasta el Falstaff (1893) de Verdi. Combinó la sensualidad de la
ópera napolitana con elementos del estilo francés. L'elisir
d'amore (1832), con sus arias, cavatinas y conjuntos cómicos, ofrece
una variante del filtro de amor de Tristan, domesticada por la época
Biedermeier.
Gaetano Donizetti
El estilo melódico lírico y pleno de gracia de Donizetti
adquirió una energía dramática en las óperas
serias como Maria Stuarda (1834), que descansa en dos papeles femeninos
de gran contraste y tiene una escena final (la marcha de María
hacia el patíbulo) que se convirtió en modelo para muchas
otras escenas de despedida y muerte, en tanto que Lucia di Lammermoor
(Nápoles,1835) Donizetti introdujo el final feliz en la Ópera
Lucia di Lammermor , Lucia es una adaptación de Sir Walter Scott,
construida sobre un papel de soprano con coloratura a la vez brillante
y expresivo. La ópera histórica había llegado a Italia,
si bien en un estilo menos melódico. El siciliano Vincenzo Bellini
(1801-1835), el maestro de la ópera italiana del bel canto, fue
todo lo que un melodista tenía que ser en sus bellas y sublimes
cantinelas. Los personajes femeninos ocupan los papeles centrales, una
soprano lírica de coloratura en La sonnambula (1831), que es la
conmovedora historia de una joven que camina dormida en las montañas
de Suiza, y una gran heroína dramática en Norma (1831),
la gran ópera trágica de Bellini admirada por Verdi. Cuando
los romanos se enfrentan con sus súbditos en la Galia la gran sacerdotisa
Norma resulta trágicamente desgarrada entre el amor y el deber
sacerdotal. Wagner tenía en un alto concepto a Bellini, que "se
eleva a las alturas trágicas de la antigua Grecia" y "transfigura
de forma característica todas las pasiones" en "canto
de belleza y nobleza sencillas".
L'Elisir d'Amore
Bellini toma otro
rumbo, tomando el refinamiento de la Ópera en ejemplos como La
Sonámbula (Milán, 1831) como una Ópera semi - seria
con un final feliz. Su gran obra fue la Ópera Norma (Milán,
1831) con un gran sentido nacionalista, donde la protagonista es una Driuda
de la antigua Galia durante la ocupación romana, asociada a ese
momento a la ocupación Austriaca.
Las Óperas de estilo política siguieron con Moisés
en Egipto de Rossini (1827) y el Masaniello de Auber (1828) .
La Ópera italiana cae en olvido por un tiempo, centrándose
toda la atención en la Ópera alemana liderado por Carl Maria
von Weber (1786 - 1826) y Richard Wagner (1813 - 1883) hasta que en la
misma época surge un italiano importantísimo en la música
y política italiana, Giussepe Verdi (1813 - 1901). Verdi entra
en escena cuando la Ópera italiana pasaba por su momento más
bajo de popularidad, Rossini estaba retirado, Bellini había muerto
y Donizetti fue victima de una enfermedad mental y los nuevos compositores
eren olvidados incluso dentro de la misma Italia. Comenzó escribiendo
músicas para la banda de su natal Busseto, estilo que se aprecia
en sus primeras Óperas. Además se refleja el espíritu
militar de la época con tramas trágicos pero con una gran
carga de patriotismo en sus melodías con la intención de
expulsar el imperio austriaco de los estados nación que constituían
Italia y unificarlos bajo el gobierno de la casa de los Saboya. Sus primeras
Óperas se criticaron por sus errores musicales que hoy en día
se han retomado debido a la admiración de las formas melódicas.
Guiseppe Verdi
El de 1813 fue un año marcado por el destino para Europa. La campaña
de Rusia y la batalla de Leipzig sellaron el destino de Napoleón.
Los compositores Verdi y Wagner vinieron al mundo, así como los
escritores Hebbel y Büchner y el filósofo Kierkegaard. Nacido
el 10 de octubre en Roncole, cerca de Busseto (Parma), Verdi tenía
sus ancestros en una humilde aldea; él mismo se tuvo siempre por
un campesino. La rutina de sus primeros años le obligó a
trabajar con libretos convencionales que le entregaban, como la variante
del tema de Don Juan, Oberto, conte di San Bonifacio (1839), la comedia
sobre el rey polaco Stanislas Leszczynski, Un giorno di regno (1840) y
I lombardi alla prima crocciata (1843), un relato de la época de
las cruzadas. Más allá de las reminiscencias de Rossini
y Bellini, el compositor dramático iba dejando su impronta.
Italia estaba en plena fermentación. En el movimiento político
conocido como "Risorgimento" cada una de las provincias quería
sacudirse la dominación extranjera y unirse entre sí. El
nombre de Verdi pronto estuvo en labios de todos; las cinco letras de
su nombre se tomaron como las siglas de "Vittorio Emanuele Re D'Italia",
el rey elegido y largamente esperado. La ópera era política
en una medida apenas conocida hasta entonces; con atavío bíblico
o histórico, las óperas del joven Verdi, escritas con el
Risorgimento en la cabeza, inspiraban la idea de liberación. Nabucco
(1842), cuyo argumento es el cautiverio de los israelitas en Babilonia,
se convirtió en un faro del Risorgimento. El coro de los judíos,
su himno. Las óperas tempranas de Verdi,que tienen breves indicaciones
al principio de cada escena a la manera romántica, siempre se sirven
de la voz cantante de coloratura para aportar la expresión. Verdi
ajustó las partes de soprano a la tesitura de la cantante Giuseppina
Strepponi, que se convertiría más tarde en su segunda esposa.
Verdi
Verdi siempre tuvo predilección por los temas literarios o históricos;
sus libretistas, siempre en pugna con los censores, dieron forma operística
al tema elegido, de modo que, pese a ser obras totalmente originales,
las formas tradicionales despuntaban en mayor o menor medida: el recitativo
con acompañamiento orquestal y las escenas de bel canto, conjuntos
llenos de agitación apasionada, grandes entradas corales, contrastantes
cambios de escena y un final expansivo antes del entreacto principal.
Los estereotipos persistieron en amplia medida: el héroe y la heroína
tenían voces altas, los personajes atormentados y los villanos
estaban en tesitura de barítono, las villanas, los dignatarios
y los padres eran contraltos y bajos. Verdi intensificó el realismo
de la pronunciación; hizo brotar, con su sentido pesimista, el
lado sombrío de la vida; hizo el lenguaje orquestal mucho más
perfecto expresivamente para caracterizar la acción, insistió
enérgicamente en la dicción clara, fue derivando con confianza
hacia el drama musical, pero en todo ello era siempre un italiano, y como
tal estaba atado por la supremacía de la voz y de la forma. Siguiendo
a su ídolo Shakespeare, se esforzó implacablemente por alcanzar
la verosimilitud en el lenguaje armónico expansivo y orquestal
del romanticismo pero mantuvo los pies sobre el suelo operístico,
ya fuera en obras sombrías e irreductibles como Macbeth (1847-1865)
y Simon Boccanegra (1857 y 1881), o en óperas próximas a
la grand opéra parisiense y a Meyerbeer, como I Vespri siciliani
(1855), La forza del destino (1862, 1869) y Don Carlos (1867, versión
italiana de 1884), o incluso en Aida (1871), que, compuesta para El Cairo,
se sitúa en Egipto y es casi su única ópera de tema
mitológico. Se inspiró en el poderoso sentimiento de libertad
de Schiller para I Masnadieri (1847), Luisa Miller (1849), Giovanna d'Arco
(1854) y, en particular, Don Carlos.
Le precedieron cuatro Óperas quizás un poco olvidadas hoy
en día como lo son Luisa Miller (Nápoles, 1849), Kabale
und Liebe y Stiffelio (Trieste, 1850). Verdi marca la ruptura entre una
Ópera cómica con protagonistas bufones y la Ópera
seria, llena de todo el drama y la tragedia que reviste protagonizada
por héroes y heroínas arquetipos supremos humanos. En la
Ópera de Verdi se nota la madurez de poseer obras donde los protagonistas
son personas que no revisten ninguna divinidad, con situaciones divertidas
y dramáticas, llegando a finales trágicos o felices, dependiendo
solo de la naturaleza del personaje; la obra de Verdi reviste un gran
sentido de patriotismo y critica a la sociedad.
Quedó fascinado por el espectacular drama moderno de Victor Hugo
(Ernani en 1844 y Rigoletto en 1851), al igual que por el drama romántico
español inspirado en Hugo, como el tratamiento por parte de Gutiérrez
del asunto histórico (Il trovatore, 1853; Simon Boccanegra). Reflejó
la ópera rococó, que le era totalmente ajena, en Un ballo
in maschera (1859). Su próxima obra de importancia fue Un Ballo
in Maschera (Roma, 1859), seguidas de obras musicalmente mas ricas pero
más extensas como lo son La Forza dell Destino (San Petesburgo,
1862) y Don Carlos (París, 1867) adquiriendo sus personajes cada
vez más dignidad hasta llegar a su obra Aida (Cairo, 1871) compuesta
para la apertura del Canal de Suez, es una obra magnifica y enorme en
escena con una sencillez en trama, música y calidez humana. Llevó
su propia época a la escena una sola vez, y con ciertas connotaciones
autobiográficas; compuso La Traviata en 1853, basándose
en La dame aux camélias de Dumas hijo. Ernani (Venecia, 1884) marca
el primer contacto de Verdi con Víctor Hugo y Macbeth (Florencia,
1847) su primera aproximación a la obra de Shakespeare. El genio
dramatical de Verdi se expresa totalmente en Rigoletto (Venecia, 1851)
y fue tomada de una obra de Víctor Hugo, solo que para poder ser
permitida se cambio al rey de Francia por el Duque de Mantua. Es un drama
que al igual que Figaro busca producir escándalo con fuertes criticas
dentro de una obra bufa. Rigoletto es un drama de intensas pasiones, una
obra sencilla con solo dos protagonistas, un héroe fuera de los
estereotipos que revela su belleza en el lado mas oculto de su personalidad.
A Rigoletto le siguieron dos Óperas más en 1853, Il Trovatore
en Roma y La Traviata en Venecia, siendo la primera un éxito y
la segunda un completo desastre, quizás por intentar reflejar un
drama contemporáneo a su época o por ser interpretada en
sus comienzos por cantantes incapaces de llevar la lírica de las
voces y la orquesta, como Verdi siempre lo pedía. Actualmente la
Traviata es una Ópera tan digna como el resto de las obras del
autor.
Íntima, sensible, escrita casi como una ópera de cámara,
tiene un impresionante realismo que la conecta con el verismo. Verdi forcejeó
durante años con El rey Lear de Shakespeare y acabó por
rendirse. En Macbeth ya se había aventurado por latitudes septentrionales
en las brumosas oscuridades de su ídolo y su amor por Shakespeare
se consumó en la hondura psicológica de Otello (1887) y
en la comedia lírica Falstaff (1893).
En 1865 trabaja con Arrigo Boito el cual admiraba las primeras obras de
Verdi pero que en ese momento se encontraba mas atraído a la obra
de Richard Wagner, competidor y rival de Verdi.
Boito y Verdi lograron una gran adaptación del Fausto de Göethe,
llamándose Mefistofele. Luego de romper vínculos Verdi retoma
a Shakespeare con Otello en 1887, cuatro años después de
la muerte de Wagner en Venecia, la cual impresionó profundamente
a Verdi, quien admitió ser influenciado en un comienzo por su obra,
pero luego lo consideró como un peligro para la escencia de la
Ópera italiana. Al morir Wagner, Verdi queda como el compositor
admirado de la Ópera del siglo XIX. La obra de Verdi se hizo más
continua, por ello se le acusó de Wagneriano con Otello, pero ello
solo era fruto de su proceso de maduración artística, con
una orquestación más trabajada que venía desde tiempos
de Beethoven, siempre dejando prevalecer el instrumento de la voz, a diferencia
de Wagner.
Arrigo Boito, el compositor de la ópera fáustica Mefistofele
(1889, que era también un hombre de letras, fue su mano derecha
como libretista. En su dramática intensidad, Otello presenta cierta
similitud con el drama musical, en tanto que Falstaff fue la primera Ópera
buffa italiana destacada desde Don Pasquale de Donizetti, estando compuesta
por sorprendentes recitativos declamatorios, arias fundidas en el conjunto
y resonantes finales contrapuntísticos.
Viraje radical de Verdi con su obra Falstaff, la cual es una Ópera
bufa en toda su extensión, logró un gran éxito en
toda Europa, pero señalaba la propia necesidad de Verdi de llegar
al final dde su carrera, culminada con Otello. Verdi se retira para dar
paso en la escena a compositores alemanes que venían con el empuje
de la época wagneriana.
Comedia, lirismo y poesía romántica de la naturaleza se
combinan en Falstaff. Las palabras finales, en el sentido de que todo
en este mundo es una broma y que todos hemos nacido necios transforman
el pesimismo de Verdi en serena resignación.
Cuando Verdi murió el 27 de enero de 1901 en Milán, la ciudad
que había aplaudido sus primeras y sus últimas óperas,
su obra se elevaba a la máxima cúspide en el arte operístico
italiano desde Rossini, como la mejor combinación posible de verosimilitud
implacable con la brillantez vocal y orquestal. En el proceso de búsqueda
de una expresión dramática independiente la ópera
italiana del bel canto se había transformado de la manera más
asombrosa, alcanzando el más alto vigor artístico y el aplauso
más generalizado.
Scala di Milano, lugar
de inicio y final de G. Verdi
Pietro Mascagni (1858-1945) convirtió un breve relato siciliano
en un "melodramma" vívido y conmovedor, situado entre
los campesinos del sur y titulado Cavalleria rusticana (1890), ópera
en un acto con una acción muy consensuada. Pronto se convirtió
en una costumbre el representar la ardorosa pieza de Mascagni antes de
la breve ópera de dos actos Pagliacci (1892), una tragedia situada
en una compañía de cómicos ambulantes, escrita y
compuesta por Ruggiero Leoncavallo (1858-1919). El viejo truco de una
representación dentro de una representación se muestra efectivo;
el celoso Canio es un papel excepcional para los tenores, la acción
está brutalmente concentrada y las formas del bel canto resplandecen
dentro del drama naturalista. Este nuevo estilo, rigurosamente veraz,
fue conocido en Italia como verismo. Se propagó como un incendio.
La ópera italiana encaró el nuevo siglo con cierta confianza.
Una corriente con una cierta fuerza nacería para morir brevemente
con Ruggero Leoncavallo (I Pagliacci) y de Pietro Mascagni (Cavaleria
Rusticana) el cual terminó unido a la corriente fascista de Benito
Mussolini. Con el fascismo la lírica italiana cerro un viaje fulgurante
que nace desde las profundidades cronológicas del renacimiento.
Pietro Mascagni
La tradición lírica italiana fue retomada por un compositor
genial del siglo XX, Giacomo Puccini, con una producción parca
de apenas unas doce Óperas pero de una calidad musical e interpretativa
tal que sus obras se cuentan entre las preferidas de los mejores cantantes
líricos. Puccini toma la semilla que Verdi inculcó en La
Traviata y Aida para hacer que Puccini diese paso a mostrar a la mujer
como un ser sublime el cual posee una capacidad infinita de amor y sufrimiento.
Ahora había algún estímulo para desarrollar la ópera
italiana más allá de Verdi.
Es cuestión discutida si Giacomo Puccini (1858-1924), nacido en
Lucca, escribió óperas que van más allá del
verismo; en cualquier caso, las últimas partituras, al igual que
la sucesión de obras en un acto Il trittico (1918) y el cuento
de hadas simbolista Turandot (1926) que, con carácter póstumo,
fue puesto en escena por vez primera por Toscanini, nos muestran a Puccini
explotando los avances modernos en el drama y la armonía. Había
estudiado a Verdi y a Wagner y su ingenio había sacado provecho
de ello. Manon Lescaut es una tragedia de pasión, ricamente orquestada,
de sentimiento concentrado sin dejar por ello de presentar oportunidades
al bel canto a pesar de la complejidad psicológica. Su primera
obra, Manon Lescaut, marca la vía que Puccini seguiría.
La Bohème (1896) condensa una historia agridulce del barrio de
los artistas en París en cuatro breves y contrastantes escenas;
aprovechando el estilo intimista de La Traviata, es atmosférica,
la partitura es aún más delicada, plena de sentimiento y
de bel canto y tiene unos personajes con los que la audiencia puede identificarse.
En la Boheme, donde su protagonista, Mimí, se convirtió
en el personaje mas querido por las mujeres italianas de la época,
al punto de tomar vinagre para fingir tener tuberculosis y ganar el amor
de un hombre tan apasionado como la pareja de Mimí.
Su siguiente obra, Tosca (Roma, 1900), es soberbia a nivel musical, quizás
con una trama un poco absurda, pero requiere de grandes habilidades por
parte de las sopranos que interpretan a Tosca para poder cantar registros
realmente agudos estando acostada en la actuación.
El esquema italiano de tres personajes principales (soprano, tenor, barítono)
es la base de Tosca (1900), que aporta la severidad y la fuerza del verismo
a una obra escénica de carácter histórico. Las voces
rinden homenaje al estilo de canto dramático italiano, mientras
la orquesta, modelada inteligentemente sobre la de Wagner, liga los motivos
sinfónicamente y revela los pensamientos secretos de los protagonistas.
Cartel inaugural de
Tosca
Luego surge Madame Butterfly (Milán, 1904) acude a un ingenioso
trama mezclado con el misticismo y la entrega de la mujer oriental y marca
el viraje cultural de muchos italianos de mirar hacia América con
su personaje Pinkerton, marinero norteamericano y amor de Butterfly. En
Madame Butterfly el lejano oriente, que estaba en boga en la época
de Puccini, está tratado con un gran refinamiento individual.
En 1810 puso en escena en Nueva York La fanciulla del West, una historia
de crimen enlazado con el sentimiento de los días de los buscadores
de oro y los bandidos. El Nuevo Mundo saltaba al escenario operístico
con una viva luz romántica.
En vista del creciente mercado operístico norteamericano y debido
a la fuerte influencia italiana en la nueva Norteamérica estrena
The Girl of the Golden West en New York hacia 1910, la cual no obtuvo
el mismo éxito que sus predecesoras. Esta ópera tuvo la
importancia de marcar la tendencia a darle más importancia a la
orquestación que a los cantantes, hecho que nunca había
ocurrido ni se había aceptado en Italia, entraban los colores de
las tonalidades Impresionistas de Debussy y las nuevas escalas de Shömberg
en Italia de la mano de Puccini, sin dejar de lado el sentido melódico
característico de la música italiana.
Vinieron luego La Rondine (Monte Carlo, 1917) y cuatro Óperas de
un acto de gran calidad y exploración musical en 1918: Il Trittico,
Il Tabarro, Suor Angelica y Gianni Schicchi, la ultima una Ópera
cómica catalogada como de las mejores de su producción artística.
Su cenit es alcanzado por Turandot (Milán, 1926) con una Ópera
moderna y arriesgada basada en una leyenda oriental del siglo XVIII la
cual debe ser culminada debido a su muerte por Franco Alfano.
Giacomo Puccini
Con la muerte de Puccini se cierra también otro ciclo de la Ópera
italiana, dándole paso a los compositores nacionalistas rusos que
toman la batuta en el género musical de la Ópera.
Luigi Dallapiccola
(1904-1975) fue el primer compositor italiano en utilizar la técnica
dodecafónica en una ópera, Il prigionero (Florencia, 1950)
pero de una manera que se la podía alienar con el estilo melódico
tradicional. Tanto en las obras de Dallapiccola como de Luigi Nono (1924-1990),
los temas políticos en particular, la lucha contra el fascismo,
ocupan un lugar central. En el caso de Luciano Berio (n. En 1925), uno
de los temas centrales es la naturaleza del propio teatro: Ópera
(Santa Fe, 1970, el título debe entenderse en el sentido de "Obras")
entreteje diferentes aproximaciones dramáticas al tema de la muerte,
mientras que Un re in ascolto (1984) adapta la figura del Próspero
de La tempestad de Shakespeare a la de un empresario moribundo. Dejando
aparte las obras en sí mismas, la principal contribución
de Italia a la ópera del siglo XX ha sido el trabajo de los productores
y los escenógrafos como Luchino Visconti, Franco Zefirelli, Giorgio
Strehler y Luca Ronconi.
¿Cuál es el futuro de la ópera en Italia? No hay
una respuesta satisfactoria o convincente. Quizás nos hallamos
en un estado de confusa diversidad estilística. La historia de
la ópera ha encontrado clarificaciones y soluciones una y otra
vez a lo largo del tiempo. Una cosa es cierta: el teatro musical no está
acabado; no es todavía un museo ni un arte elitista en una torre
de marfil.
Bibliografía
- Paginas consultadas de Internet:
www.excite.es.com
www.excite.it.com
www.operalia.com.it
www.aficionadosdelaopera.edu.es
www.oceano.com
- Libros consultados:
Autores varios. Enciclopedia de la música. Salvat Editores. 5ª
Edición. Madrid, España. 1995.
Autores varios. Protagonistas de La Historia. Océano Grupo Editorial,
S.A. Madrid, España. 2000.
Autores varios. Diccionario de Biografías. Océano Grupo
Editorial, S.A. Madrid, España. 2000.
Metha, Z. Opera, an ancient art. Music Editions. 3 rd edition. New York,
NY, USA. 1988.
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