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El
Imperio romano
por
Jesús Sánchez
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INTRODUCCIÓN
La civilización
Romana, la más importante civilización de la antigüedad,
tuvo su mayor hegemonía y poderío durante el período
en el cual su régimen político era dominado por la figura
del Emperador
La historia del Imperio Romano se puede dividir en dos grandes épocas
como son la formación y auge del Imperio ,y el decaimiento y caída
del Imperio, por lo que se torna importante el estudio del advenimiento
de ambas épocas.
En este trabajo se realizará un estudio y análisis del como
y porqué de la primera época antes mencionada. Dicho estudio
estará fundamentado principalmente en el aspecto socio-político
de cada uno de los gobernantes y emperadores que estuvieron al mando del
Imperio.
Al principio se estudiará el importantísimo paso de lo que
fue República a Imperio, el porque de este cambio de forma de gobierno.
Luego se pasará al estudio de la formación y evolución
del Imperio como tal, en donde tendrán suma importancia la figura
de la dinastías como órgano fundamental de las sucesiones.
Para finalizar se realizará un breve estudio de lo que fue el período
de la decadencia y la caída del gran Imperio.
DE REPUBLICA A IMPERIO
La republica de Roma
fue el período de la historia de Roma caracterizado por un régimen
republicano como forma de gobierno, el cual se extiende desde el año
510 a.C., cuando se puso fin a la monarquía romana, hasta el año
27 a.C., fecha en que tuvo inicio el Imperio, el cual duró hasta
la disolución del Imperio Romano de Occidente, año 476 d.C.
El soborno, la corrupción, los excesos y depresiones económicas,
se convirtieron en pieza esencial para hacer de la escena política
romana de los siglos segundo y primero a.C., una mezcla explosiva. En
esta situación intervinieron sucesivamente una serie de hombres
decididos a reorganizar el gobierno romano, cada uno de ellos con su teoría
propia sobre la manera de llevarlo a cabo. Todo esto, condujo durante
los últimos cien años del período a un revuelto y
confuso período de guerras civiles, que se prolongaban con intervalos
más o menos duraderos en toda la península itálica
y las demás provincias romanas.
El período de las guerras civiles fue una época de grandes
sufrimientos para casi todos los miembros del estado Romano, tanto en
Italia como en las provincias. En Italia fueron muchos los que cayeron
en los campos de batalla o murieron de enfermedades durante las campañas.
Muchos hombres preeminentes fueron asesinados en los repetidos períodos
de terrorismo político, y otros muchos, pobres y ricos, perdieron
sus bienes, cuyo producto fue a llenar las cajas exhaustas de los caudillos
o hubo de ser repartidos por ellos entre los soldados victoriosos, los
veteranos de los ejércitos revolucionarios. Las condiciones económicas
eran totalmente inestables, nadie sabía a punto fijo lo que habría
de traerle el día siguiente. Italia sufría de un absoluto
desequilibrio psicológico y la única cosa que se deseaba
era la paz.
Las guerras civiles, a su vez, debieron su origen a dos causas principales
que determinaron también su curso: por un lado, la posición
predominante de Roma e Italia en el mundo civilizado de los siglos tercero
y segundo a.C., la cual condujo a la constitución del Imperio romano,
y por otro, el desarrollo paulatino de los antagonismos sociales y de
la lucha de clases en Roma e Italia, fenómeno íntimamente
relacionado con el crecimiento del Estado mundial romano.
Todo esto llevo poco a poco al desvanecimiento y decaimiento de la república,
hecho que culminó en la batalla de Accio, en donde los romanos
al mando de Octavio (luego nombrado Augusto) derrotaron a las tropas egipcias,
junto a Antonio y Cleopatra. Con esta batalla se puso fin a la guerra
civil que había atormentado a Roma durante un siglo. También
fue el fin de la República, a pesar de que Octavio insistía
que la había restaurado. Los dominios de Roma se habían
extendido tanto que solamente podían ser regidos por una fuerte
autoridad central. Octavio iba a construir esa autoridad.
FORMACIÓN Y AUGE DEL IMPERIO DEL IMPERIO
AUGUSTO Y LA DINASTÍA JULIA-CLAUDIA
Gobierno de Augusto (27 a.C-14 d.C)
Bajo Augusto se produjo el cambio del sistema de gobierno de la República
a otro nuevo, conocido como Imperio. En paralelo con el lenguaje aplicado
para subdividir otras etapas históricas (así, Alta y Baja
Edad Media), se habla de Alto Imperio para referirse al período
que va de Augusto a Diocleciano y de Bajo Imperio para aludir a los años
que median entre Diocleciano y la caída del Imperio Romano en Occidente.
El régimen inaugurado por Augusto presenta algunos rasgos que tienen
precedentes en épocas anteriores de fines de la República.
Más aún, Augusto procuró presentarse como un continuador
de la tradición republicana por más que la realidad de su
nuevo régimen distara mucho de aquélla. Por ello, la historia
inicial del Imperio va unida a la ambigüedad política de Augusto.
El senado conservó el control de Roma, la península itálica
y las provincias más romanizadas y pacíficas. Las provincias
fronterizas, estaban gobernadas por legados, nombrados y controlados directamente
por Augusto. La corrupción y la extorsión que habían
caracterizado a la administración provincial romana durante el
último siglo de la República no fue tolerada. Augusto introdujo
numerosas reformas y embelleció Roma con templos, basílicas
y pórticos por lo que parecía el nacimiento de una era de
paz y prosperidad.
Tras la muerte de Augusto su poder pasó a su hijastro Tiberio,
al que había adoptado en los últimos años de su reinado.
Tiberio fue sucedido por Calígula, hijo de su sobrino Germánico;
Calígula por su tío Claudio; Claudio por Nerón, hijo
de su segunda mujer, Agripina , hermana de Calígula. De este modo
el poder permaneció en manos de la familia de Augusto cerca de
una siglo, los Julios. Sin embargo, no puede decirse que el principado
de este período fuera una monarquía hereditaria. En realidad,
la transmisión del poder de un miembro a otro de la familia de
Augusto de debió por completo a la popularidad de Augusto entre
los soldados del ejercito romano. Legal y constitucionalmente, los emperadores
recibían el poder de manos del senado y el pueblo de Roma. Pero,
en realidad, el principado de los sucesores de Augusto se basaba tan solo
en la voluntad del ejército.
La sucesión dinástica se verá interrumpida por la
guerra civil que se librará en el año 68 entre los tres
emperadores que gobernaron ese año: Galba, Vitelio y Otón.
Los Flavios serán los que acaben con este primer período
de crisis que vive el Imperio. A lo largo de esta etapa se aprecia una
evolución social y la aparición de nuevas tendencias ideológicas,
al mismo tiempo que Italia y las provincias viven momentos de esplendor.
El gobierno de Tiberio
(14-37)
El estado del Imperio que recibió Tiberio no era tan saludable
como Augusto pretendió presentar en el memorial triunfalista escrito
al final de su vida y que conocemos como "Res Gestae". Prueba
de ello son hechos tan significativos como éstos: revueltas de
las legiones de Panonia y de la frontera renana, inicio de revueltas en
África y otros muchos desajustes en las provincias, ninguno de
ellos atribuibles a la obra de Tiberio. Todo indica que los últimos
años del gobierno de Augusto estuvieron marcados por una fuerte
dosis de inoperancia en la administración del Estado y una ausencia
de medidas políticas destinadas a enderezar la economía.
Además Tiberio fue objeto del descontento y la sospecha general;
apoyándose en el poder militar, mantuvo en Roma a su Guardia Pretoriana
(las únicas tropas permitidas en la capital), siempre prestas a
su llamadas.
La tiranía
de Calígula (37-41)
El emperador Tiberio no tomó las previsiones de Augusto para preparar
una transmisión anunciada de su poder. Lo cierto es que Macro,
el prefecto del pretorio, depositó su confianza en Calígula
y consiguió, con el apoyo de sus tropas, que el Senado reconociera
al punto al nuevo emperador concediéndole el imperium maius y la
potestas tribunicia, además del título de Pontifex Maximus.
Con la forma de su elección se había sentado un precedente
que se repetiría en ocasiones posteriores comenzando por su propia
sucesión: la guardia pretoriana apoyaría al emperador dispuesto
a concederle mayor autoridad y mejores compensaciones económicas.
En este caso, se inclinaron por un joven de poco más de veinte
años sin experiencia de gobierno. Calígula ha pasado a la
posteridad como ejemplo de tirano que se sirve del poder caprichosamente
y como el autor de los mayores delitos y locuras imaginables: mantenimiento
de relaciones incestuosas con su hermana, autor de todo tipo de depravaciones,
loco al pretender que lo consideraran divino, etc.
Gobierno de Claudio
(41-54)
A pesar de su edad cuando accedió al gobierno, 51 años,
y de sus relaciones familiares (hijo de Druso, hermano de Germánico,
sobrino de Tiberio y tío de Calígula), Claudio había
tenido una escasa participación en la política. Algunos
defectos físicos (tartamudez y cojera) debieron contribuir a que
orientara la mayor parte de su actividad al estudio, con preferencia al
conocimiento del pasado de Roma, de Cartago y de Etruria; conocía
bien la lengua etrusca y escribió obras sobre la historia de Cartago
y de Etruria.
Se ha resaltado que el modelo político de Claudio fue Augusto.
Como sucede siempre en estos casos de atribución de modelos a jefes
de gobierno, las equivalencias nunca son completas siempre que un gobernante
pretenda incidir, como lo hizo Claudio, sobre la situación de una
época que nunca fue igual a la anterior. El modelo augusteo de
su gobierno se hace presente en muchas de sus intervenciones políticas.
Significativo fueron los rasgos de su política religiosa: hizo
desaparecer los restos del druidismo en las Galias, expulsó de
Roma a los judíos, persiguió a los astrólogos y protegió
decididamente la tradición religiosa romana. Tampoco admitió
que le concedieran honores divinos en vida. Y Augusto fue el modelo de
su política militar, de su labor municipalizadora y de su política
exterior, salvo la campaña destinada a la anexión de Britania,
que recuerda ciertamente al proyecto de César. Además continuó
las obras públicas y las reformas administrativas iniciadas por
César y Augusto.
Gobierno de Neron
(54-68)
A la muerte de Claudio, Nerón tenía 17 anos, por lo que
no podía aportar experiencia política ni administrativa
alguna. Su elección como emperador hay que atribuirla a las gestiones
de su madre y del grupo de senadores, caballeros y libertos que contaron
con el apoyo de la guardia pretoriana, cada uno de cuyos efectivos recibía
15.000 sestercios como paga extraordinaria, donativum, por apoyar al nuevo
emperador. El Senado no dudó en conceder a Nerón los títulos
imperiales al encontrarse ante la coacción de la guardia pretoriana,
pero también por considerar que su juventud sería un factor
positivo que permitiría al Senado recuperar la perdida posición
hegemónica en la administración central.
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De
izq. a derecha:
Panteón
de Agripa
Cabeza de Nerón
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El sólido y
eficaz aparato burocrático organizado por Claudio exigía
del Senado y del emperador pocos más esfuerzos que los necesarios
para ir resolviendo la continuidad en el nombramiento de sucesores para
los altos cargos administrativos. Aunque Nerón inició su
gobierno bajo el sabio consejo y asesoramiento del filósofo Lucio
Anneo Séneca, sus posteriores excesos de poder a su derrocamiento
y suicidio en el año 68.
Año de los cuatro emperadores (68-69)
Los últimos años del gobierno de Nerón presentaron
síntomas más claros de su deseo de organizar un régimen
equiparable a las monarquías helenísticas. El fin de Nerón
inaugura así una nueva época en los métodos de transmisión
del poder. En la primavera del 68 d.C., uno de los legados imperiales
de las Galias, C. Julio Vindex, se rebela contra Nerón proponiendo
como sucesor al gobernador de la Citerior, C. Sulpicio Galba. Este que
era ya de edad avanzada, pues había nacido el año 3, contaba
con una larga experiencia de gobierno: había sido gobernador en
Aquitania y en África, cónsul ordinario, jefe de las legiones
de Germania y, por su conducta en Africa y en Germania, había recibido
un triple sacerdocio (en los colegios de los quindecinviros, de los Titios
y de los Augustales) y llevaba siendo gobernador de la Hispania Citerior
desde el 61 d.C.
Galba contaba con el apoyo de Salvio Otón, el gobernador de Lusitania,
con las tropas de Hispania, además de una nueva legión reclutada
ahora (la posterior VII Gemina) así como con una alianza sólida
de un amplio grupo de senadores. Así, el Senado a pesar de las
condenas formales contra Galba, declarado enemigo público, consiguió
el apoyo de uno de los dos prefectos del pretorio, Ninfidio Sabino, con
el procedimiento ya tradicional de prometer una recompensa a los pretorianos
(ahora de 30.000 sestercios a cada uno). El otro prefecto, Tigelino, huyó
dejando al emperador desprotegido y aislado: a comienzos de junio, Nerón
se suicidó. Una vez que Galba hubo tomado posesión de los
poderes imperiales, no concedió el donativum prometido a los pretorianos.
Algunas de sus intervenciones políticas fueron poco afortunadas:
marginó a Ninfidio Sabino, se rodeó de consejeros y nombró
cargos de gran responsabilidad atendiendo sólo a criterios de amistad
personal. En pocos meses, Galba consiguió ser odiado por los pretorianos,
por el pueblo de Roma y por un amplio sector de los senadores.
Al comenzar el 69 d.C., las legiones de Germania se negaron a renovar
el juramento de fidelidad a Galba proponiendo para emperador a su gobernador
Vitelio. Galba, incapaz de comprender la situación, escogió
a Pisón Frugi Liciniano como heredero de su fortuna y de su nombre,
lo que equivalía a una sugerencia de su proyecto sucesorio. Los
pretorianos dieron muerte a Galba y ofrecieron el imperio a Otón,
el antiguo gobernador de Lusitania. Durante los primeros meses del 69
d.C., Roma tuvo dos emperadores: Otón, reconocido por el Senado,
y Vitelio nombrado por las tropas del Rin. La situación se resolvió
en abril del mismo año cuando las tropas de Vitelio resultaron
vencedoras en Bedriacum frente a las de Otón.
El Senado reconoció como emperador a Vitelio, a pesar de su dudoso
talante humano, era tan adulador como su padre y consiguió ser
amigo de Calígula, después de Claudio e igualmente de Nerón.
Los ocho meses de su gobierno no dejaron gran huella: siguió en
todo los consejos del liberto Asiático y se atrevió a licenciar
a las tropas pretorianas.
Pero, una vez abierto el juego de la participación de los gobernadores
provinciales en la sucesión imperial, sin reglas definidas, otro
importante grupo de legiones, el de Oriente, proclamó emperador
a Tito Flavio Vespasiano, quien estaba llevando a cabo el sometimiento
sistemático de los judíos. El prestigio de Vespasiano entre
los gobernadores de las provincias orientales no ofrecía fisuras:
las legiones de Egipto, de Mesia, de Panonia y de Siria se pusieron a
sus órdenes. A fines del 69 d.C., las tropas de Vitelio eran vencidas
junto a Cremona por el ejército más numeroso, compacto y
curtido de Antonio Primo, el lugarteniente de las tropas de Vespasiano.
Este fue proclamado emperador por el Senado en diciembre de aquel año,
sin encontrarse en Roma. Vespasiano no mantenía vínculo
familiar alguno con los Julio-Claudios.
LA DINASTÍA
DE LOS FLAVIOS Y LOS ANTONINOS
Hablar de una época
de los Flavios (69-96 d.C.) encuentra su justificación en la pertenencia
de los tres emperadores a la misma familia y también en la nueva
forma de mantenimiento y de transmisión del poder así como
en la analogía las medidas administrativas y de los apoyos sociales
que buscaron. Frente a los despropósitos y oscilaciones de algunos
emperadores Julio-Claudios, el principado de los Flavios se caracteriza
por la coherencia, el buen sentido y el apego a la realidad.
La época de los Flavios equivale a los años de gobierno
de un padre, Tito Flavio Vespasiano, conocido simplemente como Vespasiano
(69-79 d.C.), de su hijo mayor del mismo nombre, comúnmente Tito
(69-81 d.C.) y del hijo menor, Tito Flavio Domiciano o sin más
Domiciano (81-96 d.C.). La asociación en el gobierno del sucesor
y la participación contemporánea de los tres en diversas
magistraturas hace difícil separar, en todos los casos, las aportaciones
particulares de cada uno. Con Vespasiano se rompe la línea familiar
de los Julio-Claudios así como la tradicional vinculación
de los emperadores con grupos sociales de rancio abolengo y grandes riquezas.
El ascenso de Vespasiano refleja así el lento pero inexorable proceso
de promoción de las oligarquías municipales itálicas.
La propia carrera de Vespasiano (tribuno militar, cuestor en Creta y Cirenaica,
candidato a la edilidad y la pretura sin resultar elegido hasta que al
fin fue edil y pretor) representa igualmente un caso muy común
de promoción en atención a su profesionalidad y buena gestión.
A la muerte de Nerón, se encontraba llevando a cabo de modo sistemático
y eficaz el sometimiento de los judíos; tras su proclamación
como emperador, su hijo Tito completó esta tarea.
La época de los Antoninos se desarrolla entre el 96 d.C. y el 193
d.C. Por más que el nombre incluya propiamente a los últimos
emperadores (Antonino Pío, Marco Aurelio y Cómodo), el uso
tradicional del mismo también para los primeros Antoninos (Nerva,
Trajano y Adriano) aconseja mantenerlo para referir a todo ese siglo.
Hay suficientes rasgos comunes en la política de estos emperadores,
doblemente al compararla con las épocas precedente y posterior,
como para justificar un tratamiento unitario de ellos.
Dinastía de
Los Flavios (69-96)
Los comienzos de esta nueva fase, el reinado de Vespasiano y el de su
hijo Tito, se desarrollaron bajo el signo de la restauración de
la paz. Intentaron restaurar la autoridad del Senado y promover el bienestar
del pueblo. Condición esencial de la paz era la tranquilidad y
la obediencia del ejército, lo que no fue una fácil.
El comportamiento inicial de Vespasiano es ilustrativo de las nuevas bases
sobre las que pretendió sustentar su poder. Proclamado emperador
por las legiones de Oriente en julio del 69, no llegó a Roma hasta
octubre del 70. Durante ese largo año, Vespasiano permaneció
en Oriente para consolidar la sumisión de los judíos, reorganizar
Egipto y eliminar de una vez por todas el peligro parto. Vespasiano computó
el tiempo de su gobierno a partir del día de la proclamación
como emperador por las legiones y no desde el 21 de diciembre del mismo
año, cuando el Senado le concedió los poderes imperiales.
El gobierno de Vespasiano se mantuvo con la asociación al poder
de su hijo Tito, quien fue cónsul junto a su padre y tuvo el título
de César desde el 69; el 63 Tito compartió también
con su padre el cargo de censor. Ambos hijos recibieron el título
de Príncipes de la juventud, princeps iuventutis. Estos mecanismos
políticos no eran plenamente novedosos ya que habían sido
empleados por Augusto, pero habían sido olvidados por los Julio-Claudios
y, además, ahora tenían una significación nada dudosa
de su valor como garantía para la continuidad del régimen.
Si el modelo de Vespasiano fue Augusto, con quien coincidía también
en llegar al gobierno después de una guerra civil, desde Vespasiano
desaparecen las ambigüedades augusteas de recubrir de formas republicanas
realidades políticas nuevas.
Las condiciones estaban maduras como para que Vespasiano y sus hijos se
presentaran como auténticos gobernantes dotados del poder supremo
por más que no llevaran el título de rex. El régimen
era el de una monarquía en el sentido etimológico del término
con viejas herencias de formas republicanas.
El carácter del gobierno se comprende mejor al tener en cuenta
que el emperador nombra a su propio consejo de asesores y al analizar
la posición del Senado. En los años 73-74, Vespasiano y
Tito ejercieron la censura, magistratura desde la cual pudieron elegir
un nuevo Senado, eliminando del mismo a disidentes e incorporando a muchos
hombres nuevos reclutados entre las oligarquías itálicas
y provinciales.
Si las relaciones entre el emperador y el Senado fueron buenas durante
los primeros Flavios, los autores antiguos insisten en la represión
de senadores bajo Domiciano. Se cree que la relación entre el Senado
y Domiciano, nos presenta a un emperador con tintes semejantes a los referidos
por Calígula o los malos años de Nerón. Esos hechos
fueron agriando las relaciones del Senado con Domiciano y condujeron finalmente
al asesinato de Domiciano en el 96, hecho en el que colaboraron algunos
senadores, y a que el Senado decretara la damnatio memoriae del emperador.
En virtud de esa damnatio, se hicieron desaparecer todas las estatuas
de Domiciano así como fue borrado su nombre de todos los monumentos
públicos.
Dinastía de
los Antoninos (96-192)
Los acontecimientos de la crisis del 68-69 y el modelo de transmisión
del poder imperial, inaugurado por Vespasiano contando con miembros de
la propia familia, sirvieron de experiencia para aplicar ahora una fórmula
de sucesión estable.
Cortada la línea flavia con el asesinato de Domiciano, quien había
cometido el error de no asociar a nadie a su gobierno, se crea pronto
un nuevo modelo basado en la adopción. Nerva (96-98) adopta a Trajano
(98-117) el año 97 y Adriano (117-138), adoptado a su vez por Trajano,
tomó igualmente la previsión de adoptar, poco antes de morir,
al emperador siguiente, Antonino Pío (138-161), a quien obligaba
a tomar en adopción a Marco Aurelio (161-180) y a su hijo Cómodo
(180-192).
La adopción producía análogos efectos a la asociación
al poder empleada por los Flavios en cuanto que equivalía a un
anuncio público del sucesor, frecuentemente consensuado en el consejo
privado de cada emperador. Indica igualmente la autoridad del poder imperial.
Pero permitía hacer una aplicación más correcta del
principio de elegir a los mejores aunque no pertenecieran a la misma familia.
El sistema tuvo validez durante un siglo y contribuyó a evitar
crisis sucesorias.
Los primeros cinco emperadores de esta dinastía han sido considerados
como los "cinco buenos emperadores", cuyos períodos de
gobierno se caracterizan por la paz y la prosperidad. Se logra estabilizar
las fronteras por lo que el Imperio alcanza su mayor extensión
territorial.
Gobierno de Nerva
(96-98)
El emperador Nerva, N. Coceyo Nerva, pertenecía a una vieja familia
senatorial de Italia. Tenía mas de 50 años cuando Domiciano
fue asesinado y había desempeñado con honradez diversos
cargos senatoriales desde fines del gobierno de Nerón: pretor (66)
y cónsul (71 y 90).
La función más significativa de Nerva fue la de servir de
puente para la nueva forma de transmisión del poder y para reafirmar
que la aceptación del régimen imperial no podía implicar
nunca la plena marginación de los senadores. Es posible que los
conspiradores que terminaron con la vida de Domiciano hubieran elegido
a Nerva desde esta perspectiva de transición, como realmente resultó
su régimen.
Como seguía habiendo manifestaciones de descontento en las legiones,
Nerva adoptó en el año 97 a un prestigioso general, M. Ulpio
Trajano, adopción que fue seguida de una asociación al gobierno
al recibir Trajano el imperium maius y la potestas tribunicia.
Con el asesinato de Domiciano no se había pretendido la desaparición
de un régimen y mucho menos la vuelta al sistema republicano; el
propio Nerva tomó sin escándalo de nadie los títulos
de Imperator Caesar Augustus. Se pretendió simplemente eliminar
una forma de ejercicio del poder imperial. Los senadores recuperaron su
prestigio y volvieron del destierro los exilados; se hizo propaganda del
retorno de la libertad, libertas publica.
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Muro
y columnata del Foro de Nerva |
Los problemas derivados
de la necesidad de tierras para incrementar la producción y para
repartir fundos a ciudadanos encontraron en Nerva soluciones antiguas
de época republicana: su lex agraria contemplaba la compra de tierra
por el Estado para su posterior distribución. El corto tiempo de
su mandato sólo permitió una aplicación parcial de
esta medida tomada en los inicios de su gobierno. Y bajo Nerva se comienza
a poner en práctica el programa de los alimenta que será
ampliado y perfeccionado por Trajano: el Estado concedía préstamos
de dinero a particulares a cambio de la hipoteca de una parte de sus tierras;
los intereses anuales obtenidos de esos créditos se destinaban
a la manutención de niños y niñas de condición
libre. Estas medidas económicas iban destinadas prioritariamente
a sacar de la crisis a los agricultores de Italia, aunque conllevaran
también una cierta carga humanitaria debida a la fuerte influencia
de la ideología estoica.
Nerva murió en enero del 98, pasando Trajano a ser el sucesor indiscutible,
lo que explica la fuerza del clan de senadores hispanos, el más
numeroso y compacto.
Gobierno de Trajano
(98-117)
M. Ulpio Trajano no había cambiado su nombre por el de su padre
adoptivo, Nerva, lo que puede ser interpretado como un indicio del carácter
formal de la adopción. Aun perteneciendo a una familia procedente
de Italica (Santiponce, prov. Sevilla), su actividad política no
lleva marcas puramente hispanas. El que en sus monedas se hiciera propaganda
religiosa de Hércules refleja su intención de servirse de
la ideología de la victoria asociada a este dios más que
una referencia al origen familiar. El Hércules venerado en Foro
Boario de Roma, Hércules Invictus, y el Hércules, también
Victor, patrono de la ciudad de Tibur (Tívoli), residencia preferida
de los senadores hispanos pueden ayudar a justificar las preferencias
religiosas de Trajano.
Trajano continúa la línea fijada por Nerva de sostener buenas
relaciones con el Senado. Pero ello no indica ni cesión de prerrogativas
políticas ni, por lo mismo, retorno al Senado de capacidades antiguas
en la toma de decisiones. Se trata más bien de un reconocimiento
de esta cámara como máximo órgano consultivo así
como de gestos políticos tendentes a dar una mayor apariencia participativa.
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De
izq. a derecha:
Foro de Trajano
Columna de Trajano
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Trajano no dudó
en condenar a senadores acusados de malversación de fondos. Pero
reconoció que se podía conceder mayor libertad de expresión
y de toma de decisiones en asuntos menores a una cámara que no
contaba ya con componentes deseosos de restablecer la República.
Como gestos de este reconocimiento se suelen citar las escasas ocasiones
en que Trajano ocupó el consulado, sólo seis veces, y la
negativa a desempeñar el cargo de censor. Durante su gobierno permitió
que el Imperio alcanzara su mayor extensión territorial.
Gobierno de Adriano (117-138)
P. Aelio Adriano, también originario de Italica, fue el segundo
emperador promovido por el clan de senadores hispanos. Casado con Sabina,
sobrina de Trajano, hizo una brillante carrera política durante
el gobierno de éste: fue tribuno de la plebe (105), pretor (106),
legado de la legión I Minervia en la guerra dácica (106),
legado provincial en Panonia inferior (107), cónsul sufecto (108)
y legado de Siria (117). La historiografía antigua atribuye a la
mujer de Trajano, Plotina, el conseguir del emperador, que no tenía
hijos, la adopción de Adriano.
Todas las noticias de los autores antiguos reflejan cierta hostilidad
de un sector de los senadores hacia Adriano. El cuerpo senatorial se encontró
con muchas novedades introducidas por este emperador, unas incomprendidas
y otras negativas a los intereses de algunos senadores.
Desde Augusto había existido un consejo privado del emperador,
inicialmente compuesto por senadores. Con los Flavios se advierte la participación
en el mismo también de caballeros. Adriano da un carácter
institucional a este consilium Principis al asignar a sus componentes
un sueldo regular, obligarles a reuniones periódicas y atribuirles
amplias competencias en la preparación y toma de decisiones con
valor de leyes, constituciones. Desde este momento las decisiones del
emperador y las de su consejo se confunden. El Senado sigue siendo formalmente
consultado, pero la profesionalidad y preparación técnica
de los componentes del consejo privado imperial no encuentran condiciones
equivalentes entre el conjunto de los senadores, pues los mejores de éstos
forman parte del consejo imperial.
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De
izq. a derecha:
Busto
de Adriano
Coliseo(vista ext.)
Circo Máximo
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Gobierno de Antonio
Pio (138-161)
En virtud de la adopción, T. Aurelio Fulvo Boionio Arrio Antonino
cambió su nombre por el de T. Aelio Adriano Antonino. La decisión
de Antonino de atribuir los máximos honores a su padre adoptivo,
de ratificar sus actos y de presentarse como un continuador de su obra,
le hicieron merecedor del epíteto Pío, el respetuoso con
los padres y antepasados.
Antonino procedía de una rica familia de la Galia Narbonense, de
Nemausus (Nimes), y esa riqueza particular le permitió hacer donaciones
de dinero a la plebe de Roma y al ejército de sus propios fondos,
sin necesidad de acudir al Fisco. Con motivo de la muerte de su mujer,
Faustina (año 140), hizo una ampliación de ayudas del Fisco
bajo la forma de alimenta, cuyos intereses eran destinados al mantenimiento
de niñas, las puellae Faustinianae. Tal decisión aporta
además la novedad de privilegiar a las niñas, que salían
discriminadas en las ayudas de alimenta concedidas por Trajano.
Los recelos de algunos senadores ante Adriano se habían disipado
bajo el nuevo emperador. Más de la mitad de los senadores provinciales
procedía ahora de Oriente y todos habían terminado por aceptar
la necesidad de tal representación ante la superior riqueza y nivel
cultural de la parte oriental del Imperio. Esa nueva realidad dio como
resultado que el continuismo político de Antonino fuera ahora bien
visto por el Senado.
Y en el marco de esa concordia tomó decisiones, como la de desempeñar
el consulado sólo cuatro veces y la de suprimir la división
de Italia en cuatro distritos administrativos, que fueron del agrado de
los senadores.
Así, hizo un reconocimiento público a nuevos cultos orientales,
como el minorasiático de Cibeles y Attis. No es obra de Antonino
sino un signo ideológico de todo el siglo II d.C., que se comienza
a manifestar con fuerza bajo su gobierno, la expansión de los cultos
de la salud: Esculapio, Apolo bajo la advocación de Médico
y las Ninfas veneradas en los balnearios de aguas salutíferas son
los más abundantemente testimoniados.
Gobierno de Marco
Aurelio (161-180)
Marco Annio Vero, conocido como Marco Aurelio, después de la adopción
por Antonino Pio, tenían 40 años al quedar vacante el gobierno
de Roma. Marco Aurelio, descendiente de una familia hispana de Ucubi (Espejo,
provincia de Córdoba), parecía llamado a ser el continuador
en atención a su experiencia política (había desempeñado
brillantemente todos los cargos de la carrera senatorial] y a sus dotes
personales.
La educación de Marco Aurelio había sido esmerada y es bien
sabido que demostró una gran capacidad para la filosofía;
su obra "Pensamientos" es un hito en el estoicismo romano. La
filosofía de Marco Aurelio, presenta marcados rasgos romanos: defensa
de los valores éticos, desprecio de las actitudes insensatas tendentes
a buscar la fama y la gloria, valoración del bien sólo en
el marco de la virtud, etc.
Una vez que recibió los títulos imperiales, Marco Aurelio
consiguió la aprobación del Senado para asociar a su hermano
al gobierno. Así, desde el año 161 a enero del 169, en que
murió L. Aelio Aurelio, hubo dos emperadores con las mismas responsabilidades
y títulos. El modelo de corregencia se vuelve a repetir unos años
más tarde.
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De
izq. a derecha:
Estatua ecuestre de Marco Aurelio
Columna de Marco Aurelio
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A raíz de la
celebración del triunfo sobre los partos (año 167), fueron
nombrados Césares los dos hijos, aún niños, de Marco
Aurelio, Cómodo y Annio Vero. Este último murió poco
después. Con ocasión de la celebración del triunfo
obtenido sobre los germanos (año 177), Marco Aurelio consiguió
también del Senado la concesión de los títulos imperiales
para su hijo Cómodo (Imperator, Augustus, Pater Patriae, tribunicia
potestas; ya antes había recibido el titulo de Caesar).
Así, a la muerte de Marco Aurelio, le sucede otro emperador que
ya lo era desde el 177; a pesar de ello, las fuentes antiguas no permiten
diferenciar decisiones o líneas políticas distintas a las
tomadas por Marco Aurelio entre el 161-180.
La realidad de la corregencia se testimonia en múltiples textos
-inscripciones y monedas- con la referencia a un plural AUGG, Augusti.
El interés de este modelo político reside también
en su valor de precedente; se repetirá bajo los Severos y, con
la reforma de Diocleciano, adquiere un nuevo carácter institucional
que marcará la vida política durante la Antigüedad
Tardía.
Gobierno de Cómodo
(180-192)
La historiografía antigua presenta una imagen deformada de Cómodo
en la que se resaltan, entre otros elementos negativos, sus amistades
con los gladiadores, su freno a la política fronteriza de Marco
Aurelio y sus extravagancias religiosas. Ahora bien, cada día contamos
con más datos que confirman la falsedad o deformación intencionada
de la imagen del emperador en este tipo de relatos antiguos.
Ciertamente, Cómodo solo tenía 19 años cuando se
hizo cargo del poder imperial y fue asesinado al alcanzar la edad de 31
años. Pero no puede valorarse la obra de Cómodo como un
simple resultado de su juventud, inexperiencia e inmadurez política.
Hacía tiempo que el consejo privado imperial tenía un peso
decisivo en toda la actividad política y administrativa. Y ese
mismo consejo fue responsable en la elección de los prefectos del
pretorio, brazo ejecutor principal de las decisiones colegiadas.
El Senado de la época de Cómodo, compuesto mayoritariamente
por orientales, debía mantener intereses encontrados con los de
los caballeros. La elección de Perenne como prefecto del pretorio
contribuyó a reforzar la posición de los caballeros en el
gobierno. El incidente de la conjura para asesinar al emperador, en la
que se encontraba implicada su propia hermana Lucilla, parece reflejar
la decidida oposición senatorial a la política de apoyo
a los caballeros. Descubierta la conjura (año 182), muchos senadores
fueron condenados a muerte, hecho que determinó el odio irreconciliable
entre el emperador y un amplio sector del Senado.
Hasta el año 185, Perenne fue el auténtico hombre fuerte
del gobierno. Su proyecto de encargar el mando de las legiones a caballeros
provocó descontentos entre varios jefes militares y la acusación
-probablemente falsa- de que pretendía hacerse con el gobierno.
M. Aurelio Cleandro, el acusador de Perenne, fue su sucesor al frente
del pretorio hasta el año 85 y el auténtico dirigente del
Imperio.
En ese marco de hegemonía de los caballeros, hay que entender la
línea pacifista con la que se inicia y continúa el régimen
de Cómodo. La guerra resultaba muy costosa y los beneficios de
una hipotética victoria no muy grandes. Cómodo firmó
la paz con los bárbaros danubianos, abriendo una nueva era de tranquilidad
en las fronteras.
Para las tradiciones orientales, no resultaba extraña la consideración
del emperador como personaje divino y/o protegido especialmente por los
dioses. Y el mundo occidental se estaba progresivamente orientalizando.
El propio emperador se había hecho iniciar en los misterios del
dios iranio Mithra, que contaba con muchas comunidades de seguidores en
el Imperio, sobre todo en los medios militares del Danubio.
Un paso más fue la vinculación del emperador con Hércules;
muchos autores definen esta identificación de modo que el emperador
resultaba ser también un dios. Pero en tales decisiones, hay muchas
ambigüedades, Hércules era tanto un héroe como un dios,
uno de los primeros del panteón. El Hércules del siglo II
d.C. estaba asumiendo la mística de los dioses orientales; era
un modelo de vida para el creyente: pecó, purgó su culpa
con los Trabajos y se redimió. Esas y otras circunstancias permiten
ofrecer una interpretación más matizada.
Cómodo sin duda bajo la inspiración de su consejo privado
se presentaba como si fuese Hércules, dios capaz de neutralizar
la rápida expansión de los cultos orientales a la vez que
de recibir una interpretación orientalizada. Ciertamente, las fuentes
nos dicen que Cómodo fue llamado Heracles Romanus y que se creó
en Roma un flamen Herculaneus Commodianus.
Pero todo ello se explica dentro de la ideología orientalizante
que se pretende dar como justificación del poder imperial y no
es un reflejo de locuras o caprichos del emperador, como la historiografía
antigua quiere hacer creer. La tensas relaciones mantenidas entre el emperador
y el Senado le valieron una damnatio memoriae.
Su sucesor, Septimio Severo, rehabilito la figura de Cómodo.
DECADENCIA Y CAIDA
DEL IMPERIO
Como había
sucedido al final de los Julio-Claudios, la desaparición del último
emperador antonino fue seguida de una profunda crisis política
en la que el Senado, los pretorianos y el ejército provincial disputaron
sobre la fórmula de repuesto para transmitir el poder. Por más
que la liberación de tales fuerzas sea explicable en el contexto
de las relaciones concretas de poder de la época, los comportamientos
no dejaban de ser antiguos; la superación de la crisis con la imposición
de la hegemonía del ejército provincial iba a traer repercusiones
decisivas en la modificación tanto del Senado como de la merma
de funciones políticas de los pretorianos.
La época de los Antoninos coincide con el apogeo del imperio. Los
límites de éste habían llegado a su máxima
expansión; las tradiciones, la educación, el modo de vida
romano, se iban haciendo tan uniformes que marcaban una distancia aparentemente
insondable entre la romanidad y los bárbaros. El costo que había
exigido ese "veranillo de los Antoninos" y las contradicciones
que esa política habían generado se habían hecho
patentes durante la época de los Severos.
A partir del 235, el vasto Imperio tendría que enfrentarse a la
ascensión del redivivo Imperio persa, bajo la eficiente y agresiva
dinastía sasánida, a la confederación de pueblos
godos de la cuenca del Danubio y a las bandas de pueblos germanos a todo
lo largo del Rin. En síntesis, debía sostener guerras en
casi todos sus frentes.
El modo en que los emperadores encararon la crisis, entre los años
235-300 marcó el desarrollo del futuro durante el bajo Imperio.
Estos emperadores, a veces mal pertrechados para afrontar la defensa del
Imperio e incomprendidos por los aristócratas de su tiempo, llevaron
a cabo una lucha tenaz que, en medio de la anarquía, logró
salvar al Imperio romano para otros dos siglos, aunque ese Imperio rescatado
fuera muy diferente al anterior. La crisis condujo a que el ejército
arrebatara definitivamente el control de los mecanismos del poder a la
aristocracia senatorial.
Durante estos cincuenta años de anarquía, los ejércitos
proclamaron más de 25 emperadores y sólo uno de ellos logró
morir en cama. Los soldados no dudaron en elegir y sacrificar a estos
emperadores-soldados en pro de la eficacia en la defensa del Imperio.
Cuando en el 284 el ejército sublevado en Calcedonia proclamó
emperador a un oficial dálmata que asumió el nombre de Diocleciano,
se abrió un período durante el cual se logró tanto
la superación de la larga crisis política anterior como
la elaboración de una serie de medidas que afectarían directamente
a la evolución del mundo romano bajo-imperial.
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De
izq. a derecha:
Busto de Séptimo Severo
Cabeza de Constantino
Diocleciano
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La abdicación
de Diocleciano en el año 305 demostrará la falta de eficacia
del sistema tetrárquico sin una figura de peso que lo dirigiera.
Esta fecha marca el inicio del Bajo Imperio momento que en el Roma que
vive etapas de esplendor -como en tiempos de Constantino o Valentiniano
I- y épocas de crisis -como la división decretada por Teodosio
y las continuas invasiones de pueblos bárbaros que llegaron a saquear
Roma.
En el año 476 Odoacro pone fin al Imperio Occidental al destronar
a Rómulo Augústulo. El Imperio Oriental o Bizantino resistirá
hasta la toma de Constantinopla por los turcos en el siglo XV. El papel
de la Iglesia crisitiana es estos siglos será fundamental al igual
que el desarrollo de los grandes dominios como causas de la caída
del Imperio.
CONCLUSIONES
Como podemos observar
el estudio de toda la evolución del Imperio Romano no solo involucra
los aspectos socio-políticos, es importante destacar todos aquellos
aspectos que de una manera u otra influyeron en el desarrollo del Imperio,
ya sea de una manera positiva o negativa. Lo más importante destacar
durante todo el desarrollo del Imperio, son las épocas de crisis
por las que pasaron lo romanos, las cuales fueron piezas fundamentales
para el desarrollo y paso de un período a otro. Estas trajeron
consigo un sin numero de reformas, las cuales fueron la base del desarrollo
del Imperio.
Después del período de transición, iniciado por las
reformas de Augusto, en el que la lucha contra el antiguo orden senatorial
condujo a una nueva estructura homogénea del Estado, consolidada
y aceptada poco a poco por la población, el Imperio constitucional
de Roma fundado en las ciudades y en la burguesía urbana disfrutó
de un período de calma y pacífico desarrollo. Permaneció
intacta la institución más importante del mundo antiguo.
Mientras el Imperio no tuvo que afrontar graves peligros externos, la
organización romana y la cultura antigua inspiraron temeroso respeto
a los pueblos limítrofes . Pero en cuanto este sentimiento de respetuoso
temor fue desapareciendo poco a poco y los vecinos de Roma renovaron sus
ataques, la estructura del Estado comenzó a dar señales
de debilidad. De aquí las repetidas guerras civiles que ardieron
por todo el Imperio y lo condujeron a las grandes crisis
La población, incluida en ella gran parte de los soldados mismos,
se encontraba disgustada y agotada, por lo que anhelaban el orden y la
paz, la combatividad de que habían dado muestras varios sectores
del pueblo habían desaparecidos. Todos se hallaban dispuestos a
aceptar condiciones cualesquiera con tal de que garantizasen, por lo menos,
la seguridad de la vida y la posibilidad de consagrarse al trabajo cotidiano
sin el continuo temor a nuevas convulsiones de una nueva ola de guerras
y guerras civiles que trajeran consigo una destrucción total del
Imperio.
BIBLIOGRAFÍA
- La Roma Imperial,
Moses Hadas, Time-Life internacional, 1967.
- Historia social
y económica del Imperio Romano vol I, Rostovtzeff, M.
Espasa-Calpe, S.A., Madrid. 1972
- Historia social
y económica del Imperio Romano vol II, Rostovtzeff, M.
Espasa-Calpe, S.A., Madrid. 1972
- Enciclopedia Microsoft
Encarta 2000, Microsoft Corporation, 1998.
Bibliografía
electrónica:
- http://www.imperioromano.com
- http://www.geocities.com/iordorika/
- http:/www.artehistoria.com/historia
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