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Los Acueductos Romanos |
por Pablo Reina |
Acueducto Cualquier asentamiento humano, por pequeño que sea, necesita disponer de un sistema de aprovisionamiento de agua que satisfaga sus necesidades vitales. La solución más elemental consiste en establecer el poblado en las proximidades de un río o manantial, desde donde se acarrea el agua a los puntos de consumo. Una solución más avanzada consiste en excavar pozos dentro o fuera del área de habitación o construir sistemas para almacenaje de aguas pluviales. Pero cuando el poblado alcanza la categoría de auténtica ciudad, se hacen necesarios sistemas de conducción que obtengan el agua en los puntos más adecuados del entorno y la aproximen al lugar donde está establecida la comunidad humana. Incluso cuando las poblaciones estaban establecidas en las orillas de un río, la construcción de conducciones era la mejor forma de garantizar el suministro, en vez de extraer el agua del río. El río, aunque estuviera muy cerca, generalmente tenía un nivel más bajo que el poblado. En otras ocasiones se hacían porque el agua era de mejor calidad que la del río. Para cubrir tal finalidad se emprenden obras de gran envergadura que puedan asegurar un suministro de agua suficiente para la población. Significado Historia Aunque existían precedentes en las civilizaciones antiguas del Próximo Oriente y los ingenieros griegos habían construido conducciones eficientes, los arquitectos romanos, gracias fundamentalmente a su uso del hormigón, fueron los que pusieron a punto técnicas que se pudieron generalizar por todas las ciudades del Mediterráneo. No fueron, con todo, los factores técnicos los únicos que contribuyeron a difundir este tipo de obras. Hizo falta también la unidad política del Imperio y la existencia de un sistema económico fuerte que creara las condiciones para el desarrollo urbanístico.
Mientras Roma no fue más que un pequeño estado dentro del Lacio, su fuente fue el río Tíber, pero a finales del siglo IV a.C., cuando los romanos luchaban en la Segunda Guerra Samnita, se encontraron con que necesitaban urgentemente un suministro alternativo. Quizá esto se debiera a que el agua del Tíber ya no era suficiente para una población cada vez más grande, o quizá a que existía el peligro de que el enemigo envenenara su única fuente, pero lo cierto es que a consecuencia de ello, en el año 312 a.C., los romanos empezaron a construir su primer acueducto, el Aqua Appia. Como la higiene depende de un adecuado suministro de agua, ya a principios del año 312 a.C. el primer acueducto romano llevaba agua pura a la ciudad. A comienzos de la era cristiana existían seis acueductos; cien años después sumaban diez, que proveían cerca de mil millones de litros de agua por día. Los baños públicos requerían la mitad de ese enorme suministro, por lo que sobraban 225 litros por cabeza para dos millones de habitantes; la misma cantidad que se consume en la actualidad en Londres y Nueva York. En 1954, cuatro de esos acueductos fueron renovados y bastaron para satisfacer las necesidades de la Roma moderna. Forma
de vida Esta abundancia de agua permitía satisfacer la afición al baño caliente, tan generalizada (a partir del S. III a. De C.) entre los romanos, que no se negaba ni a los esclavos. Los ricos tenían instalaciones de baño (balneum) en sus casas; los pobres disponían de los baños públicos que en tiempos de Agripa eran 170 y en los de Plinio el viejo, incontables. Símbolo Los
romanos construyeron los acueductos más importantes en tamaño,
así como en mayor cantidad, en todos sus territorios. Por otro lado se presentaba el problema de como realizar la captación. Para ello decidían desviar parte del curso del río, a través de un canal impermeabilizado con opus sininum, y aprovechar la pendiente del terreno para conseguir la inclinación necesaria para la conducción del agua hacia una represa o lago artificial. De esta manera se mantenía una reserva de agua para el verano. Además, estas represas ayudaban a decantar el agua por sedimentación y normalizaban la distribución. El
trabajo empezaba simultáneamente en distintos puntos del acueducto.
Se instalaban campamentos, donde los obreros y operarios vivían
mientras durase la obra, cada campamento tenía su propia organización,
según las funciones que los hombres debían realizar. A lo
largo de toda la ruta varias cuadrillas de hombres se dedicaban a construir
calzadas provisionales por las que transportarían las carretas
y los animales de carga la piedra a lo largo del camino trazado entre
la fuente del río y la ciudad, a retirar la capa superior del suelo,
a nivelar los salientes y rellenar los hoyos, y al mismo tiempo, y para
ahorrar tiempo y trabajo, se abrieron varias canteras. La piedra empleada
en la construcción no se transportaba más allá de
lo estrictamente necesario. Organización Disposición
de los canales Pero
no es menos cierto que en los dos acueductos mencionados se suman los
principales sistemas de conducción usados en todas las épocas:
conducción subterránea, en túnel, sobre muro y sobre
arquería. El
instrumento de nivelación de los topógrafos romanos, la
dioptra, no podía medir grandes distancias, por lo que, para poder
llevar a cabo sus cálculos, el topógrafo tenía que
detenerse a medir varios cientos de veces a lo largo de la distancia total,
marcando cada diferencia de nivel en su tablilla de cera, para luego sumarlas
todas, obteniendo así la diferencia total de altitud entre la fuente
y la ciudad. Entonces, una vez medida la longitud total aproximada del
acueducto, y la diferencia de altitud, podía calcular la caída
total, y empezar a trabajar para trazar la ruta definitiva. Cuando por fin, después de semanas de trabajo agotador, se había establecido el trazado correcto, se colocaban grandes estacas de madera a intervalos regulares a ambos lados del camino del acueducto, que reemplazaban a las que habían puesto para marcar la ruta provisional. Precauciones
con el ambiente y el enemigo Los
tejados se dividían en tres tipos principales: uno formado por
una piedra plana o dintel plano, otro compuesto por dos piedras iguales
apoyadas una contra otra, formando un arco apuntado, y el tercero que
era el arco de medio punto. Pero
si por las circunstancias que fuesen esto no era posible o viable, surgía
como muchas más veces, el ingenio romano encontraba una solución.
Dicha solución consistía en la construcción de los
llamados sifones. Algunos
acueductos romanos conocidos
La falta de inscripción, que estaba situada en el ático del acueducto, hace que no se pueda saber con certeza la época exacta en que fue construido. Los investigadores lo sitúan entre la segunda mitad del siglo I y principios del II, en tiempo de los emperadores Vespasiano o Nerva. No se conoce el origen de la ciudad. Sí se sabe que la zona estaba poblada por los vacceos antes de su conquista y que quizá hubiese asentamientos de tropas para su control y vigilancia. En cualquier caso, la zona perteneció al convento jurídico de Clunia. El acueducto de Segovia conduce las aguas del manantial de la Fuenfría situado en la sierra cercana a 17 kilómetros de la ciudad, en un paraje denominado La Acebeda. Recorre más 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad. El agua se recoge primeramente en una cisterna conocida como el nombre de El Caserón, para ser conducida a continuación por un canal de sillares hasta una segunda torre (llamada Casa de Aguas), donde se decanta y desarena, para continuar su camino. Después recorre 728 metros (con una pendiente de un 1%) hasta lo alto del Postigo (el espolón rocoso sobre el que se asentaba la ciudad en torno al Alcázar). Antes, en la plaza de Díaz Sanz, hace un brusco giro y se dirige hacia la plaza del Azoguejo, donde el monumento presenta todo su esplendor. En la parte más profunda mide 28,5 metros (con cerca de 6 metros de cimientos) y tiene dos órdenes de arcos que se sostienen con pilares. En total tiene 167 arcos. Desde su llegada a la ciudad hasta la plaza de Díaz Sanz hay 75 arcos sencillos y a continuación 44 arcadas de orden doble (esto es, 88 arcos), siguiendo después otros cuatro arcos sencillos. En el primer sector del acueducto aparecen 36 arcos apuntados, reconstruidos en el siglo XV para restaurar la parte destruida por los musulmanes el año 1072. En el piso superior, los arcos tienen una luz de 5,10 metros, con los pilares de menor altura y grosor que los del piso inferior. El remate es un ático por donde discurre el canal conductor de agua (con una sección en forma de U de 180 x 150 cm.), adaptándose el piso inferior a los desniveles del terreno. En el piso inferior, los arcos tienen una luz que oscila alrededor de los 4,50 metros y los pilares disminuyen su grosor de manera escalonada, de arriba abajo: en la coronación tiene una sección de 1,80 x 2,50 metros, mientras que en la base llegan a alcanzar 2,40 x 3 metros. Está construido con sillares de granito colocados sin argamasa entre ellos. Sobre los tres arcos de mayor altura había en la época romana una cartela con letras de bronce donde constaba la fecha y el constructor. También en lo alto pueden verse dos nichos, uno a cada lado del acueducto. Se sabe que en uno de ellos estuvo la imagen de Hércules Egipcio, que según la leyenda, fue el fundador de la ciudad. Ahora pueden verse en esos dos nichos la imagen de la Virgen de la Fuencisla (patrona de la ciudad) y San Esteban. El día 4 de diciembre, onomástica de Santa Bárbara, patrona del cuerpo de Artillería, cuya academia está en Segovia, los cadetes arropan la imagen de la virgen con una bandera. La línea de arcos se levanta organizada en dos pisos, con una decoración sencilla en la que predominan unas sencillas molduras que enmarcan y estructuran el edificio. El acueducto es el hito arquitectónico más importante de la ciudad. Se ha mantenido en activo a través de los siglos y quizás por eso haya llegado al tiempo presente en perfecto estado. Hasta casi nuestros días proveía de agua a la ciudad de Segovia, y más concretamente a su Alcázar. En los últimos años ha sufrido un patente deterioro debido a la contaminación (calefacciones y tráfico rodado, que hasta hace poco pasaba entre los arcos) y a los propios procesos de erosión del granito. Las vibraciones originados por el tráfico, contra lo que se pudiera pensar, no le afectan debido a su gran masa e inercia. Para garantizar su supervivencia, se ha procedido a un minucioso proceso de restauración que ha durado casi 8 años, bajo la dirección del arquitecto Francisco Jurado, al tiempo que se ha desviado el tráfico rodado de las inmediaciones del monumento (la plaza del Azoguejo se ha transformado en zona peatonal).
Su estructura, de unos 800 metros de longitud, estaba compuesta por triple arcada sobre pilares de cantería y ladrillo de 25 metros de altura, que supera el valle del río o arroyo Albarregas y finalizar en el depósito de distribución de aguas, asentado en el Cerro del Calvario ya en el interior de la ciudad.
Por el puente del río Albarregas, situado al norte de la ciudad junto al acueducto de los Milagros, pasaba la calzada Vía de la Plata. Tiene una longitud de 125 metros y una altura de 6, 75 metros. Cuenta con cuatro arcos grandes y otro más pequeño. Data del siglo I. Esta construido con sillares de piedra local, unidos en seco. Presenta dos pisos de arcadas superpuestas en seco, con 11 arcos en el piso inferior y 25 en el superior, con una altura máxima de 27 m y un largo de 217 m. Se ha conservado parcialmente el revestimiento original del canal (specus) por donde circulaba el agua. Fue construido en el siglo l d.C. y en el año 1905 fue declarado monumento histórico-artístico. Acueductos
modernos Los acueductos modernos se construyen generalmente bajo tierra, como extensas redes de conductos de hierro, acero o cemento. El acueducto Delaware, que transporta agua desde los Montes Catskill hasta Nueva York tiene una longitud de 137 Km. y es el acueducto de transporte continuo, para abastecimiento de poblaciones, más largo del mundo. Bibliografía
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