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Eugenio Montale, antología>

Breve noticia sobre Eugenio Montale

 

Eugenio Montale nació en Génova el 12 de octubre de 1896. El padre era un rico comerciante. Un pésimo estado de salud le hace interrumpir los estudios a corta edad y sólo la ayuda de su hermana Mariana, una especie de “ángel guardián” que lo acompañará parte de su vida, lo logra reinsertar en la vida normal. Eugenio quiere ser cantante lírico y así, paralelamente a sus estudios normales, recibe clases de canto. Esta afición a la música la encontraremos como una no despreciable influencia en sus primeros poemas. Prácticamente solo aprende inglés, español y francés.

Es un lector empedernido, devora a Rousseau, Constant, Baudelaire, Mallarmé, Valéry, Cervantes, Manzoni y filósofos como Croce y Bergson. Llega a su primer libro, Ossi di seppia, de mano de la lectura de sus contemporáneos de la década precedente, Pascoli, Gozzano, Saba, Palazzeschi, Marinetti, Ungaretti, Campana. Aparece, pues, el primer libro de quien será llamado por Pietro Pancrazi ( “Scrittori d’oggi”. Laterza, 1946) “un poeta físico y metafísico”. Un ensayo publicado por el mismo Montale en estos años nos da la clave.

Dice que el estilo, el famoso estilo total creado por los poetas de la ilustre última triada (se refiere a los tres más populares del momento) está enfermo de furores jacobinos, de superhombrismo, mesianismo y otras enfermedades. En tiempos que parecen contraseñados por la inmediata utilización de la cultura, de la polémica y de la diatriba, Montale piensa que el estilo no puede venir de otra parte sino de los buenos hábitos. Veinte años después, hablando del primer libro, agregará que su propósito era que su palabra fuese más adherente que la de los otros poetas. Pero, ¿más adherente a qué ?

Montale confiesa que le parecía vivir dentro de una campana de vidrio, aunque, al mismo tiempo, se sentía vecino a cualquier cosa de esencial; un velo sutil era todo lo que le separaba de ello. La expresión absoluta buscada sería, entonces, la ruptura de ese velo, una explosión que pusiera fin al engaño del mundo como representación. Aún así, veía este objetivo como inalcanzable, al tiempo que sentía esta voluntad de adhesión como musical y no pragmática. En suma, Montale lo que quería era tomar por el cuello la elocuencia de la vieja lengua áulica, tal vez con el riesgo de una contraelocuencia. No hay duda que lo mejor de Ossi di seppia está en la sequedad lapidaria de algunas sentencias y en una subjetividad que rompe todo esquema realista. Con Le occasioni desarrollará una sugestión cósmica, una objetivación profunda mediante la aproximación a un tiempo histórico amenazante y, claro está, una búsqueda desesperada de la salvación. La figura emblemática, aquel “tú”, los animales que aparecen en abundancia, serán capaces de salvarlo.

Finisterre es publicado en Suiza, no podía serlo en Italia dada la antipatía de Montale por el fascismo. Este folleto se convertirá después en la primera parte de La bufera e altro. La tensión poética adquiere aquí niveles altísimos. La desesperación de la guerra se combate en nombre de la criatura amada que lo salva. De la oscuridad emergen figuras que vuelan teniendo como fondo el conflicto. Montale recoge sus ensayos publicados por años en “Il Corriere della Sera” en dos libros, Farfalla di Dinard y Auto da fe. Allí podemos encontrar sus escritos políticos, su tormentosa relación con el fascismo, con la literatura, su inmensa soledad y una muy interesante reflexión sobre la cultura en la sociedad tecnológica: sobretodo, se nos presenta a plenitud el escritor en absoluta armonía con su propio tiempo y con el mundo en general, el Montale que no entiende la oferta de crédito de la mayor parte de sus compatriotas al régimen y, en fin, que hace de esta “desarmonía” una propia condición existencial.

Los numerosos viajes los recoge en Fuori di casa. Ya en la fama el Presidente Saragat lo designa Senador Vitalicio, lo que pone freno a sus permanentes angustias económicas, le permite dedicarse más a la poesía y reducir sus colaboraciones periodísticas. En 1963 muere Mosca, su inseparable compañera. Cinco meses después Montale escribe el poema Xenia, después convertida en una serie en memoria de la mujer muerta. Los primeros 14 son recogidos en un libro, otros 14 vendrán después bajo el título Altri Xenia, poemas todos que van a parar a Satura, un Montale nuevo y diverso, como coincide toda la crítica. Textos cortos en un diálogo de ultratumba, corrosivos, donde pulveriza los objetos simbólicos tan apreciados en sus libros anteriores. Diario del ‘71 e del ‘72, que bien puede definirse como la última estación montaliana, es un hurgar en un universo en continua modificación.

En 1975 le otorgan el premio Nobel. Salen de las prensas Quaderno di traduzioni y en revistas algunos poemas inéditos. Montale contó en vida, y no se diga desde el momento de su desaparición física, con un gran éxito en el exterior. Sus poemas han sido traducidos al francés, alemán, español, sueco, griego, inglés, rumano, húngaro, serbocroata, turco y otros. La crítica se ha ocupado, igualmente, de su obra en manera abundante. Entre los italianos cabe mencionar a Sergio Antonielli, Giorgio Barberi, Piero Bigongiani, Roberto Canturi, Carlos Bo, Arnaldo Bocelli, Pietro Bonfiglioli, Umberto Carpi, Gianfranco Contini, Giuseppe De Robertis, Giansiro Ferrata, Marco Furti, Claudio Marabini, Mario Forti, Pier Paolo Pasolini, Edoardo Sanguineti, Elio Vittorini y Giacomo Zazzarella, entre muchos otros. Fuera de su patria merece ser destacado el crítico hindú R.S. Ahluwalia. Montale tradujo a Steimbeck, Cervantes, Melville, Dorothy Parker, Fitzgerald, O’Neill, Hawthorne, Shakespeare, Pound, Nicolás Guillén, Eliot y otros. Al entrar al análisis de sus libros es imprescindible referirse al discurso que pronunció con motivo de la entrega del premio Nobel. Allí resalta la vinculación de la poesía con la música y al sonido como la verdadera materia de la poesía. La poesía se hace lentamente visual, explica, porque pinta imágenes, pero aún así sigue siendo musical, reúne dos artes en una sola. Reflexiona sobre la tecnología y revela la existencia de dos poesías, una de consumo inmediato que se muere apenas se expresa y otra que dormirá sus años tranquila para despertar un día, si es que tiene la fuerza para hacerlo. El arte es siempre para todos y para ninguno. La poesía sobrevivirá - afirma - al mundo tecnológico.

En nuestra antología hemos escogido poemas de cada uno de sus libros. En Ossi di seppia vemos como una árida desolación camina los poemas y la naturaleza toma colores encendidos y encantados. Una cansada sensualidad se internaliza en el ánimo. El poema se torna escabroso, triste, produciendo la sensación de que el poeta ha demolido la materia. Hay una profunda reflexión que se mueve como una ola que se empina en las palabras escabrosas y se distiende después en una pincelada.

La bufera e altro nos ofrece un mundo instantáneo de esperanza, una ambigüedad que algunos críticos han llamado “realismo existencial”. En un mundo sin futuro, los hombres no son más autónomos que las sombras; los muertos, depositarios del pasado, representan la plenitud de la vida. Satura está caracterizado por un cambio de trasfondo y objetos, por lo tanto de lenguaje. Hay un cambio en relación con las cosas vivientes, seres humanos y animales (no olvidemos la pasión del poeta por estos últimos). Se trata casi de un “diario poético”, aunque la expresión sea polémica. No olvidemos que en Satura están incluidos los poemas de Xenia, dedicados a la esposa muerta y escritos entre 1964 y 1967.

Un cambio se veía claro, surgía una tendencia a “narrar”, tal vez a la manera de Farfalla di Dinard. La crítica italiana, no obstante, ha preferido siempre hablar de “diario” para referirse a estos textos montalianos. El propio poeta hizo notar que entre los tres primeros libros y éste habían pasado algunos años dedicados al periodismo. Montale aseguró, al momento de la aparición del libro, que esta poesía tendía a la prosa al mismo tiempo que la rechazaba. Xenia está escrita en un permanente “tú”, en un “yo” hacia un “tú”, perdidos ambos en el vacío universal. Satura tiene una estructura musical; los motivos entran en diversas claves, se desarrollan y se abrazan. Por momentos, es cierto, aflora el periodista, pero uno que participa también de la música. Los antiguos temas asoman la cara en algún recoveco del poema. En este libro hay menos uniformidad temática, o como lo dijo el propio Montale, “una dimensión musical diversa”. En Diario del 71 y del 72 Montale da la impresión inicial de desorganización, de un simple ordenamiento cronológico, pero poco a poco se descubre que la organización subyace a la manera montaliana. Estos poemas están plagados de expresiones de la conversación común. Está aquí el lenguaje contemporáneo, anónimo, presente con todas sus banalidades familiares pero también con floraciones cultas. Muchas veces el lenguaje de Montale es un metalenguaje, un discurso sobre la lengua.

En Quaderno di quattro anni la aproximación a la prosa es más fuerte, tampoco la poesía de Montale había alcanzado antes tal grado de libertad frente a los juegos fónicos o a las exquisiteces estilísticas. Alfredo Guilcani (En “Autunno del Novecento”, Feltrinelli, 1984) encuentra un “violento elogio de la locura y un cortejar a la crueldad”. Cree, al mismo tiempo, que hay en este libro extrañas vibraciones que apuntan a lo oscuro. Si Ossi di seppia es un viaje a través de los modelos más válidos de la tradición poética italiana (Carducci, Pascoli, D’Annunzio), Le occasioni es el perfeccionamiento de los instrumentos técnicos; La bufera e altro marca la irrupción violenta de la realidad histórica; ese mal de vivir que la crítica ha señalado en Montale desde sus primeros poemas, toma cuerpo en la historia, realizándose. Los últimos libros, como hemos dicho, se caracterizan por la tendencia al “diario”. En lo poemas aquí seleccionados aparecerán temas como el papel salvador del fantasma femenino, como en “Le nuove stanze”.

En “I limoni” se canta a los limones por contraste con los poetas que sólo hablan de plantas de nombres raros; un evidente rechazo a la poesía académica, pero el poema sigue cargado de matafísica. En un elemento común se deposita una gran ansia de descubrir una respuesta al deseo de vivir. La tendencia a la narración está ya en el primer poema del primer libro. Al mismo tiempo que manifiesta rechazo, Montale recupera elementos estilísticos de la tradición; ese “escúchame” con que se abre, dirigido a un mudo interlocutor, será recurrente en toda su poesía. Del mismo Ossi di seppia hemos incluido “Non chiederci la parola”, una auténtica definición existencial de toda una generación, como lo observa Marchese. En la negatividad, “hoy sólo podemos decirte/aquello que no somos/aquello que no queremos”, se resume la tesis montaliana de que no se pueden dar más mensajes, fórmulas, seguridad o certezas, sino sílabas que expresan una convicción, la de la caída de toda posibilidad de consuelo. El mensaje está en versos que declaran la imposibilidad de mensaje. Ossi di seppia es el principio ético de toda una generación, el refutar todo optimismo consolatorio, el revelar la conciencia del “mal de vivir” que en muchos se traducirá en un antifascismo militante.

Algunos poemas de Le occasioni muestran nuevas sobreimpresiones en la memoria; el poeta se pregunta si en realidad los sucesos fueron como los relata y se declara imposibilitado de recuperar el pasado. Letra a letra, poema a poema, se constata la erosión del tiempo sobre los sentimientos y sobre la memoria. No hay manera efectiva de defender los recuerdos, una especie de neblina oculta los rostros y los hechos del pasado. En “Dora Markus” se funden en un retrato de mujer todas las tendencias montalianas, el silencio, la indiferencia, la inquietud. En la segunda parte del poema hay una referencia histórica: la vecindad de las tinieblas sobre Europa. Dora es, prácticamente, inevitabilidad e impotencia, “...pero es tarde, siempre más tarde”. En los poemas de La bufera e altro hay una evidente referencia histórico-política, pero vinculada a la trágica condición existencial del hombre y el mal histórico es presentado como una epifanía. Los poemas son casi un balance de la conducta del poeta, una verificación de los principios que lo han guiado, ahora dirigiéndose a una mujer a la que ratifica el sentido desencantado del vivir.

En Satura reflexiona sobre el sentido de la historia y sobre el lenguaje. Está allí “Xenia” (palabra griega que significa mujeres ofrecidas a los amigos y a los huéspedes), poemas discursivos y coloquiales que “leen” la realidad y nos dejan un sabor de sabiduría. El último Montale es reflexivo, el poeta que pide a los amigos hacer una gran hoguera con todos sus libros, el que pide olvido proclamando que la tranquilidad de los poetas sólo es perturbada por el recuerdo.

Para finalizar es necesario hacer referencia al Montale prosista. Dos libros famosos, Farfalla di Dinard (artículos en Il Corriere della Sera) y Corriere d’informazione. En ambos libros hay numerosos elementos autobiográficos donde se puede seguir a Montale desde la infancia, su estudios de canto y su fructífera y dramática pasantía por Florencia. El poeta no es muy dado a las confidencias, pero, aún así, podemos ver en la tela de la nostalgia algunos duros juicios sobre los pueblos de la infancia y la adolescencia, las mujeres aparecen agresivas y soportadas con estoicismo, casi como si la idealización en la poesía fuese un contrapeso al fastidio por la feminidad terrenal. El poeta hace auténticos estudios de la tipología humana, camina el sendero del hedonismo y hasta nos muestra sus aficiones gastronómicas. Cesare Segre ha hecho un estudio comparativo entre la poesía y la prosa, remarcando cada lugar y cada motivación. Otro texto destacable es Fuori di casa , un libro de viajes lleno de juicios literarios y artísticos. También hay que mencionar Auto da fe, Nel nostro tempo, Sulla poesia y su intercambio de cartas con Italo Svevo y Salvatore Quasimodo.
Finalmente, Diario postumo, los textos entregados amorosamente en sobres cerrados a la poeta Annalisa Cima y editados en su totalidad en 1996.

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