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Giuseppe Ungaretti, antología> Breve Noticia Sobre G. Ungaretti
Giuseppe
Ungaretti nace el 10 de febrero de 1888 en Alejandría, Egipto.
Sus padres habían emigrado de Lucca; en la ciudad sin forma definitiva
sobrevivirán de los ingresos provenientes de una panadería.
Era apenas un niño nuestro poeta cuando el padre muere durante
la construcción del canal de Suez.
Alejandría está en el desierto, donde no hay permanencia en el tiempo, donde no se alza un monumento y donde todo cambia incesantemente. Permanecerá allí hasta los 24 años asistiendo al espectáculo que su amigo Pea permite en la Baracca Rossa, punto de confluencia de jóvenes anarquistas y socialistas del mundo entero. Siente nostalgia por la lejana Italia, tema de sobremesa de la madre viuda, y por un eventual país adoptivo, Francia. Estudia en los mejores colegios y descubre los mejores escritores, Leopardi, Baudelaire, Mallarmé, Racine y Nietzsche; Mallarmé lo marcará y Nietzsche lo hará descubrir insólitas perspectivas. En 1912 viaja a París. Lleva la ventaja de no tener referencia alguna de aquello que podría influir sobre algún joven poeta italiano que por aquella época estuviese radicado en Italia. En
la mente lleva, eso sí, los sonidos de la noche, los cantos árabes,
los gritos de los animales del desierto y todos reaparecerán
en su poesía. Durante este viaje ve por vez primera a Italia
y se pone en contacto con los grandes artistas de la época. En
1915 es alistado y va a la guerra como simple soldado; resulta aplazado
en un curso de formación de oficiales por evidente incapacidad
para el comando; terminará escribiendo poemas en las trincheras.
Cuando en 1921 va a Roma ya ha publicado sus primeros versos.
Asiste a un Congreso del PEN Club en Buenos Aires y recibe una invitación para hacerse cargo de la Cátedra de Lengua y Literatura Italiana en la Universidad de Sâo Paulo. En Brasil estará hasta 1942. Aquella larga permanencia lo marcará, también por razones ajenas a la literatura: allí entierra a su joven hijo. Traduce al italiano a numerosos poetas brasileños. En 1942 regresa a Italia donde, por chiara fama, le es conferida la Cátedra de Literatura Italiana Contemporánea en la Universidad de Roma. Muere en Milán en 1970. El nacimiento de Ungaretti en Egipto le permite, ya lo hemos dicho, carecer de las referencias de cualquier otro poeta joven italiano; está, pues, libre de monstruos como D´Annunzio o Pascoli. Si bien no escribe poemas hasta los 26 años bien puede decirse que su poesía nace en el desierto. A pesar de ser Mallarmé una influencia determinante en sus inicios no puede decirse que Ungaretti sea un poeta de formación francesa. En realidad su mérito es haber propuesto una lengua poética del siglo XX que procurara no parecerse a ninguna otra, popular lo suficiente como para resistir el tiempo y oscura, como música del desierto. En este poeta se entremezclan esa música, las lecturas, el delirio barroco del Brasil, el paisaje al fin conquistado. Escribe como si de un diario se tratara, marcando de manera tajante la relación entre recuerdo y poesía. Durante su permanencia en París había escuchado a Bergson impartiendo lecciones en La Sorbona y había quedado marcado, admitiendo posteriormente que el filósofo, a quien catalogó como el más grande del siglo, había tenido una influencia determinante en su poesía. Quizás esta influencia donde se note mejor sea en la tendencia de Ungaretti a la ausencia, es decir, a basarse en las implicaciones anagramáticas que cada palabra tiene. De Leopardi admira la agudeza con que aquel ve la relación entre forma e inspiración. Los términos inseparables de la poesía de Leopardi son memoria e inocencia. Es obvio que Ungaretti no es un poeta romántico -en cualquier caso le molestaban las etiquetas- pero tiene algunas cosas del romanticismo, como ese entremezclarse del conocimiento y la religiosidad. Para Leopardi la memoria es sufrimiento corporal. La concepción que Ungaretti tiene de memoria es bastante parecida, con el aditivo de Bergson. No olvidemos, finalmente, que Leopardi ambicionaba el tono íntimo de Petrarca. Cada
vez que Ungaretti escribe prosa encontramos el análisis de Petrarca,
a Leopardi, a Pascal, en fin, una búsqueda permanente de la relación
memoria-sueño. En L´Allegria están recogidos los poemas
del frente y los recuerdos del desierto. Está formado por publicaciones
de diferentes épocas, como Il Porto Sepolto (1919), propiamente
las experiencias de las trincheras, folleto editado en 80 ejemplares y
que provocó un artículo de Papini, el primero que jamás
se escribiera sobre Ungaretti. También incluye, por ejemplo, Naufragi
(1919) donde aparecen algunos textos de la época milanesa. El título
mismo es irónico, aunque puede también implicar el reconocimiento
y aceptación del camino humano, el camino común a todos
los hombres. Pueden
encontrarse numerosos versículos quebrados al máximo. Los
primeros poemas de este volumen están influenciados por Laforgue
y Mallarmé. La expresión es dictada por la guerra, realidad
que acaba todo con su presencia trágica. La naturaleza es representada
cruelmente y el lenguaje es lacónico. Il sentimento del tempo es un canto a la edad apenas madura, al amor y al paisaje y muestra ya una inquietud religiosa que no se opone, sin embargo, a la explosión de los sentimientos. Es el aclimatamiento a la vida en un nuevo paisaje, en una nueva edad y experiencia. El paisaje es el del Lazio -sustituto de aquel egipcio- el mito que vive alrededor de Roma. Con L´Allegria Ungaretti dice que buscaba una perfecta coincidencia entre la tensión rítmica del vocablo y su calidad expresiva..., lo que lo portaría hacia posteriores y más complejos intentos de unidad verbal. Quería que el verso reconquistara el ritmo tal como había sido marcado en el oído italiano por la naturaleza fónica de la lengua y por la tradición sintáctica y armónica que a través de los siglos había sido trasmitida a las formas. Señalaba como suprema aspiración de la poesía la de cumplir el milagro, en palabras, de un mundo resucitado en su pureza originaria. El objetivo perseguido no era otro que reaccionar contra la hinchazón florida del dannunzianismo, contra la palabrería futurista y el empequeñecimiento de la supuesta poesía de vanguardia. Volver a llevar la palabra, ese austero signo de la dignidad humana, a su esencialidad, es decir, a su escabrosa importancia y autoridad. Il sentimento del tempo está marcado por el arribo a Roma, ciudad barroca. Ungaretti siempre insistirá en que fue Miguel Angel quien le reveló el misterio del barroco. ùExplica
que no es ésta la afirmación que pueda definirse con proposiciones
lógicas, siendo más bien un asunto de vida interior. Il
sentimento se escribe observando a Roma bajo los cambios de las estaciones.
Quien alguna vez haya visto la campiña romana podrá ayudarse
a entender al poeta nacido en Alejandría. La primera
parte de este poemario describe precisamente paisajes del verano, estación
del barroco. Al otoño pertenece, con mayor propiedad, La terra
promessa. En todo caso hay que destacar que en este momento del diario
ungarettiano Petrarca y Leopardi siguen firmes en el cielo. De Leopardi
destaca el sentimiento de la decadencia, del fin de la civilización
a la cual estuvo ligado. De manera que este libro tiene dos momentos:
la toma de posesión de Roma, de una ciudad que estaba impelido
a hacer suya ya que había nacido en una extranjera, y del Lazio,
ya que podemos encontrar numerosas referencias a la mitología de
esta región, y un segundo, que todavía conserva a Roma en
el centro, que es el de la experiencia religiosa. Roma transpiraba el
sentimiento de lo eterno. Libro
de sol, de verano, estación de violencia. El hombre está
inmerso en su fragilidad. Y, como siempre, el sueño de inocencia
preadánica, aquella del Universo antes del hombre. Aquí
a la naturaleza se le da un valor histórico, aunque, al mismo tiempo,
un valor mítico. También aparece el deseo, el regreso del
estado edénico, la aurora, no de perfecta felicidad y en cualquier
modo contaminada por la historia; además, la muerte, la nada. En La
terra promessa, especialmente en Le Canzoni, que abre el poemario, surge
el conocerse, pascalianamente, ser de la nada. Puede decirse que este
poema pasa de una inspiración en la realidad de los sentidos a
una en la realidad intelectual. La terra promessa es escrito con mucha
lentitud, había una tragedia en el mundo y una tragedia personal
en el poeta. Aquí la naturaleza, conservando un carácter
mítico, intenta transformarse en un motivo de reflexión
metafísica sobre las condiciones del hombre en el universo. Aquí
está la poesía del hombre que deja la juventud y entra en
la madurez. Ungaretti había concebido este libro como la tercera
estación de su canto, pero suceden hechos dramáticos en
su vida que dan origen a Il dolore. El viaje a Brasil y la muerte de su
hijo de nueve años lo marcarán, produciendo, fundamentalmente,
los poemas que hemos seleccionado del último libro mencionado.
En Un
grido e Paesaggi recoge textos que dejó fuera de Il dolore por
considerar entonces que debían permanecer privados. En Il Taccuino
del vecchio aparece, entre otros, un recuerdo para su esposa recientemente
fallecida. Apocalissi, Proverbi, Dialogo, sus poemas en francés
(Derniers jours), todos, incluyendo los anteriormente mencionados, aparecerán
en Vita d´un uomo, la antología total de su obra poética.
Cuando apareció el volumen, Ungaretti dijo que aquello era simplemente
un diario, el desarrollo de su vida. Tenía razón. Todo en
esta obra suya es una relación entre poesía y experiencia
biográfica, un recíproco condicionarse entre empeño
humano y experimentación formal. El primero
en escribir sobre Ungaretti fue Giovanni Papini, en 1917. Dejó
dicho: Hay aquí una calidad de visión que es toda
italiana, y un dejarse andar a la deriva de la propia imaginación
que es casi oriental y una movible electricidad de recuerdos y disonancias
que es francesa moderna... Carlo Bo, en 1938, se manifestó
de acuerdo con Ungaretti en llamar diarios a sus libros de poesía
y destacó como una necesidad entender que son el período
esencial de las formas esenciales de la poesía. Críticas
sobre Ungaretti que merecen destacarse son las de Giuseppe de Robertis
(1945) y el ensayo de Carlos Ossola, de 1974. Inclusive existe una Antología
de la crítica, la recopilada por Giuseppe Taso bajo el título
La crítica a Ungaretti (Cappeli, 1977). Así mismo son recomendables
Materiale per uno studio su Giuseppe Ungaretti (Academie e Biblioteche
d´Italia, 1977), de Renzo Frattarolo y Atti del Convegno Internazionale
su Giuseppe Ungaretti (Edizioni Avanti, 1981) de Carlos Bo, M.Petrucciani
y otros. En materia de biografías destaca la de Leone Piccioni,
Vita di un poeta (Rizzoli, 1970). Una frase
muy apropiada es pronunciada por Pietro Citati, en 1970, ante la muerte
del poeta: Todos aquellos en estos años lo encontraban y
lo frecuentaban, todos aquellos que hablaban con este hombre agudo, preciso
e inteligente por detrás de apariencias embriagadas, cavernosas
y ligeramente demoníacas, habían aprendido de él
que cosa eran la adolescencia, la juventud, la madurez y la vejez de la
poesía... Habían conocido y amado en sus versos, como en
los de Apolinaire, y en los cuadros cubistas, la adolescencia de nuestro
siglo. Como traductor Ungaretti dejó excelentes versiones
de Saint John Perse, Willian Blake, Góngora, Mallarmé, Homero,
Pound, Racine y Shakespeare. Igualmente de los poetas brasileños
Drumond De Andrade, Bandeira y Vinicius de Moraes, entre otros. El mismo
ha sido traducido a numerosos idiomas. Como prosista, Ungaretti dejó numerosos ensayos, por ejemplo, sobre Virgilio, sobre La Divina Comedia y sobre Leopardi. Tiene un discurso sobre Don Quijote, análisis de los sonetos de Shakespeare, sobre Góngora y sobre varios poetas brasileños. También se ocupó de Ginsberg. Por supuesto hay que mencionar las reflexiones sobre sus obras recogidas en Razones de una poesía, texto reelaborado en numerosas ocasiones. Ungaretti, uno de los primeros poetas herméticos, se inicia en una revuelta contra las formas poéticas tradicionales y termina reconquistando, renovando, el endecasílabo, forma de siempre de la poesía italiana. Ungaretti constata la soledad y el dolor del hombre y termina con la fe y el convencimiento de haber recorrido simplemente el camino humano. Dentro de los módulos tradicionales introduce el rescate del valor de la palabra. Constatado lo humano, comprueba que el acto poético es un acto de liberación... no se tiene la noción de libertad sino por el acto poético que nos da la noción de Dios. Buenas respuestas a sí mismo. |